Por María de Lourdes Ríos Cruz

La primera guerra antinarcótica fue llevada a cabo de manera oficial por el presidente Nixon, de Estados Unidos, en 1971, haciendo creer que las drogas habían sido problema de la comunidad afroamericana y cuidando no evidenciar la lógica tras el diseño de sus acciones (globalizar y oprimir). Entonces no hubo mejor camino más que el de evidenciar al país vecino. ¿Quién? México.

Retomando el concepto de “la guerra contra el narco”, o “guerra contra las drogas”, el presidente de la República Mexicana, Felipe Calderón Hinojosa del Sagrado Corazón de Jesús, marca la historia y llena de sangre su sexenio (2006-2012) haciendo creer que traería al país una gran paz.

Pero no ha sido México quien ha pagado caras las consecuencias. De hecho, a los comandantes y generales les ha ido a veces vergonzosamente bien. Quienes han pagado la mayoría de las veces son la gente de abajo; gente trabajadora, común y corriente que ha sufrido este embate gracias a la ambición del imperialismo transnacional del gobierno estadounidense conjuntamente con alianza con el gobierno mexicano. Guerra que hasta hoy ha cobrado miles de vidas humana, contando entre ellas a los desaparecidos, los masacrados, cercenados, mutilados etc.

El libro de Diego Osorno, Contra Estados Unidos. Cronicas desamparadas, muestra con crueldad pero a la vez esperanza la historia de muchas víctimas que han pagado cara esta famosa guerra.

Javier Sicilia, poeta y escritor, hace un recorrido de un mes por Estados Unidos tras la pérdida de su querido hijo Juanelo. Sicilia organiza la tan famosa Caravana por la paz en compañía de tantas víctimas que han sufrido la embestida de la guerra contra el narco. Los ha unido el dolor por la pérdida de un ser querido, y en algunos casos de la familia entera. El dolor los ha hecho iguales, y se aventuraron por esa tierra lejana para demostrarle a los ciudadanos estadounidenses que no les queda más que la esperanza de encontrar a sus desaparecidos, y en el caso de los que fueron masacrados, que se haga justicia y se castigue a los culpables.

Las crónicas desamparadas que presenta el escritor periodista Diego Osorno describen la experiencia vivida y sufrida por cada integrante de la caravana. No les queda más que abrirse a la comunidad estadounidense para que conozcan sus experiencias, su versión de la historia; para que analicen que no pagan siempre los consumidores de droga, los coludidos o militantes del narcotráfico, sino los inocentes, los menores de edad, estudiantes, mujeres, gente que trabaja, gente de bien. Parar la guerra contra el narco, según Diego Osorno y Javier Sicilia, depende de Estados Unido. Solamente queremos paz.

Este libro es una pequeña mirada a la cruda realidad de inseguridad que enfrentamos en el México actual. Es lamentable y doloroso oír, ver y sentir que día a día miles de muertos y desaparecidos se encuentran en las listas de decesos de los noticieros (veraces). Tal es el caso de los normalistas de Ayotzinapa, donde los policías, que deberían otorgar seguridad, los desaparecieron como por arte de magia. Ha pasado más de un mes, y de los 43 estudiantes no se sabe nada. Nos enteramos también de cuerpos acribillados que llenan las calles de sangre en distintas ciudades de nuestro país, miles de fosas clandestinas, personas mutiladas y cercenadas; personas con una historia, un nombre, con una familia que tiene la esperanza de que lleguen a casa para seguir viviendo día a día en nuestro hermoso país de las maravillas y donde nunca pasa nada.

*Este ensayo fue elaborado como parte del Programa de Lectura y Redacción Crítica de la Sección 22 de la SNTE.  

Comments

comments