Por Elvira Pérez López

Los avances científicos y tecnológicos demuestran que los seres humanos hemos progresado enormemente, sin embargo, nuestro planeta, y sobre todo nuestro país, se ha convertido en una selva sanguinaria donde las alimañas se han multiplicado, imponiendo sus reglas, apoderándose del espacio y decidiendo por el resto, que si bien son mayoría, aún no ha aprendido a organizarse para defenderse y luchar por mejores horizontes.

El libro de Diego Osorno nos invita a conocer el viacrucis de las víctimas, junto con las atrocidades que han sufrido miles de personas a partir de una guerra contra el narcotráfico implementada por los gobiernos de México y Estados Unidos desde hace algunos años.

En todas las guerras se obtiene riqueza a costa de la miseria y la sangre de otros. Me refiero a los grandes negocios que hacen los proveedores de las municiones necesarias para ambos bandos. Así que estas razones económicamente poderosas justifican la creación de nuevas guerras. La guerra contra el narcotráfico en México se ha convertido en una mafia de compradores y vendedores, enemigos que se han aliado para desencadenar mercados de productos y servicios tan variados según las necesidades y deseos de las más degeneradas de las mentes humanas.

Y en medio de tantos rigores hay quienes sueñan y luchan por que sus voces de justicia se escuchen, por que una semilla de amor se reproduzca, porque disminuya la violencia y explotación de los inocentes.

En nuestro paso por la vida nos corresponde el deber de aportar nuestro grano de arena para dignificar a la humanidad. Creer en la utopía y luchar por ella nos llevará a pensar que la naturaleza no se equivocó a crearnos.

*Este ensayo fue elaborado como parte del Programa de Lectura y Redacción Crítica de la Sección 22 de la SNTE.

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