Por Cristina Magdalena Méndez Hernández

Nuevo León nos dio en 1980 a un gran reportero y escritor que ha escrito diversos libros sobre el México del siglo XXI: Oaxaca sitiada, El Cártel de Sinaloa, Nosotros somos los culpables, País de muertos, Un vaquero cruza la frontera en silencio, La guerra de los Zetas y Contra Estados Unidos. Crónicas desamparadas.


Consejero editorial de la revista Tierra Adentro, Diego Enrique Osorno publica la columna semanal “Con ojos vaqueros” en el diario Máspormás, de la Ciudad de México, y dirige El Barrio Antiguo, un semanario de crónicas que busca impulsar el renacimiento de Monterrey desde una visión ciudadana a través del periodismo narrativo. Ha publicado en Vice, Reforma, Etiqueta Negra, Internazionale, Proceso, Letras Libres, O Estado de Sao Paulo, Chilango, Courrier International, El Universal, The Huffington Post, Newsweek, Milenio, Zyzzyva, Nexos, Il Fato Quotidiano, Indymedia, entre otros.


De acuerdo con la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), Osorno es uno de los Nuevos Cronistas de Indias, y en 2014 fue nominado al Premio Gabriel García Márquez. Ha recibido diversos reconocimientos nacionales e internacionales, entre ellos el Premio Latinoamericano de Periodismo sobre Drogas y el Premio Internacional de Periodismo de la revista Proceso. Organizaciones de defensa de los derechos humanos y grupos de la sociedad civil también han reconocido su trabajo periodístico. En 2014 recibió el Premio Nacional de Periodismo, el cual decidió donar al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).


Es director del corto documental Entrevista con un zeta (Bengala, 2013) y co-director y guionista de El Alcalde, que ganó, entre otras cosas, el Premio José Rovirosa, otorgado por la UNAM al mejor documental del año; también fue nominado al Ariel de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas.


En su último libro, Contra Estados Unidos. Crónicas desamparadas, narra el recorrido de familiares de las víctimas de la guerra contra el narcotráfico en México en el año 2012. Los viajeros recorrieron 11mil kilómetros de territorio estadunidense con la finalidad de difundir lo que pasa en nuestro país, crear lazos con otras organizaciones de sobrevivientes y otros familiares de personas asesinadas o desaparecidas por la misma causa, gritar su dolor, externar la falta de justicia en México, la arbitrariedad de las autoridades públicas, el cinismo de los políticos y la impunidad que vivimos diariamente, además de los asesinatos del crimen organizado y de los delincuentes de cuello blanco que ostentan el poder actualmente. El poeta Javier Sicilia participa en el recorrido, ya que ha sido una víctima de esta guerra contra el narcotráfico, y los demás miembros lo reconocen como el líder de este movimiento.


Es indignante conocer tantos casos de desapariciones, de asesinatos, de violaciones a los derechos humanos, de indiferencia por parte de las instituciones gubernamentales; pero a su vez es muy gratificante que las desgracias logren unir a un centenar de personas para manifestar sus denuncias ante la sociedad estadounidense y así presionar al gobierno mexicano para que haga algo por solucionar estos problemas en nuestro país. Intención quizá utópica, pues el gobierno de México lo único que pretende es enriquecerse a costa del sufrimiento de millones de personas, que para él no tienen valor.


El tema de la paz es inmenso, y para que rinda frutos, es importante empezar por nosotros mismos, luego seguir con los más cercanos y poco a poco fomentar e ir creando conciencia y una cultura de paz en nuestro país mediante la práctica de la solidaridad, la justicia, la democracia, la igualdad y sobre todo la libertad. Pero para esto hacen falta la organización, la concientización y sensibilización de la población para que protesten por la serie de atropellamientos en contra del ser humano.


Estamos desprotegidos como sociedad civil, pues en todas las bandas de delincuentes existen, directa o indirectamente, las mismas identidades: empresarios, fuerzas gubernamentales de todos los niveles y parte de la sociedad civil.


Existe una gran crisis de valores humanos, y tiene que ver con la desaparición, con el exterminio, con el genocidio, la falta de representatividad política. Por eso hace falta organizarse como sociedad, incluyendo a figuras de los medios de comunicación congruentes con la realidad, a intelectuales, a escritores y artistas que confronten a las autoridades, que denuncien la impunidad y violencia del Estado.


No podemos seguir quedándonos callados ante hechos como el de los estudiantes de Ayotzinapa. Tenemos que romper los cercos informativos y difundir, denunciar, tratar de crear conciencia en la sociedad para esto no sea visto como algo normal, para que sean empáticos con el dolor ajeno.

* Este ensayo fue elaborado como parte del Programa de Lectura y Redacción Crítica de la Sección 22 de la SNTE.

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