¿En qué puede convertirse un puesto de fruta?

Por Mariana Treviño y José Ignacio Hipólito

Ilustración por Haydeé Villarreal

El Mercado Juárez está lleno de cosas escondidas. Hay secretos detrás de todas las hierberias, de todos los puestos en donde leen el Tarot, a espaldas de las estatuas de la Muerte y San Judas. Tras bambalinas, donde se encuentra el inventario de las tiendas, tienen las cosas prohibidas, los artefactos que son tabú, como las estatuas de Luzbel para hacer los amarres, los ídolos de la muerte con gusanos muertos para ahuyentar los malos deseos o imágenes del Baphomet de Eliphas Levi.

Uno de los secretos del Mercado es la Revistaría Galindo, que en su selección de libros tiene desde la biblia satánica de Anton LaVey y copias de libros católicos que datan de principios del siglo XIX, hasta cómics de Batman y libros vaqueros. Si se sabe buscar, pueden encontrarse joyas que ni las librerías de la calle Donceles, en el centro de la Ciudad de México, tiene.

El joven que atiende ha ayudado a foráneos que vienen a la revistaría a encontrar rarezas. “Un profesor vino buscando libros antiguos y encontramos una biblia que databa de 1800; ese ha sido el libro más viejo que he vendido”. Pero eso no es todo, muchas personas vienen con bolsas negras llenas de libros vaqueros para intercambiar. Hay una mesa con centenas de títulos. El solitario, Erótikos y Descárgalo son sólo algunas de las editoriales que han desaparecido pero que siguen teniendo un gran mercado en la revistiera.

Por más de 30 años, el puesto ha sido referente de la literatura de cualquier tipo y género. Muchos estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL lo reconocen como lugar para conseguir libros clásicos mexicanos: Octavio Paz, Revueltas, Salvador Novo, Juan Rulfo, todos se encuentran en la selección infinita del establecimiento.

Se compra, se cambia y se vende, ya sean revistas de hace más de 20 años o libros de más de 100, Carlos Monsiváis o Elena Poniatowska o el número de la revista de Club Nintendo que tenía la guía para pasar las versiones roja y azul de Pokémon. Todo es cultura, y no hay mejor lugar para demostrarlo que en la Revistería Galindo. Sus clientes pueden ser profesores universitarios o trabajadores de la construcción cercana, desde la señora que quiere tips de maquillaje de una revista de Vanidades de hace 10 años, hasta el niño que acompaña a su madre a hacer el mandado y la convence de que le compre un cómic. La cultura escrita también se encuentra en los pasillos del Mercado Juárez.

Según cuenta el joven que atiende, muchas personas también venían en busca de cómics mexicanos, que ahora ya son toda una rareza. El que más buscaban era el de Kalimán, el súper héroe más icónico de las historietas mexicanas. Sus aventuras fueron muy codiciadas por los coleccionistas que buscaban sus batallas contra del Hombre Increíble, Mr. X o la Araña Negra. Pero ya son muy difíciles de encontrar en cualquier lugar. Ahora la telequinesis y la daga de Kalimán sólo se ven como un adorno más o una curiosidad de la cultura popular del México de antaño.

El puesto empezó como una frutería, una de tantas del Mercado, pero mutó a una tienda de libros y revistas con el paso de los años. Su fundadora, que prefiere mantener su identidad escondida entre los títulos de revistas y libros, vio que le iba mejor vendiendo sus revistas usadas que la fruta, por lo que el local cambió de giro y ha tenido negocio suficiente como para mantener la renta dentro del Mercado y obtener ganancia. Es un negocio humilde, pero productivo.

Debajo de las escaleras que dan al segundo piso, a unos pasos de donde se encuentra el elevador, un montón de revistas y libros revelan uno de los secretos del Mercado Juárez: cultura escrita a precios ridículos. 

Comments

comments