Por Eugenio Caballero Montes

Quisiera tener la certeza de decirles que todo estará bien”.

Como preámbulo, aludo a la frase anterior, en apariencia simple, pero con gran significado, pues descifra la rabia y el dolor de los más vulnerables y desprotegidos, como lo define Azuela en su novela Los de abajo. Pero parece ser que esta guerra no sólo ha tocado a los de abajo, sino a todos en general, a las diversas clases sociales. Ahora se puede palpar: todos han sido bombardeados por la atrocidad de una tragedia mexicana causada por el trafico de drogas, y subsecuentemente nos ha dejado masacres, corrupción y dolor. Y no distingue clases sociales, pero es obvio que se encuentra en los sectores más vulnerables. Tal es el caso de muchos  indígenas mexicanos que han tenido que pagar condenas injustas por no contar con la protección de políticos,  jueces y abogados.

En estas  crónicas desamparadas escritas por Diego Osorno se percibe todo el dolor de cada una de las victimas a causa  del narcotráfico. Tal vez podrán realizarse múltiples protestas, caravanas y marchas, pero el dolor y la rabia que impera en cada uno de los atrapados y caídos en una guerra sin fin y sin fronteras sólo podrán sentirlo los que lo han vivido. Y digo “podrán” no porque la Caravana por la Paz, organizada por Javier Sicilia, no haya tenido sentido. Al contrario: la considero una acción importante para el momento que se está viviendo, aunque el sentir de las victimas es tan inmenso que las protestas permanecen impotentes ante el sentimiento que aflora.

Pero hay que reconocer a quienes decidieron no quedarse con los brazos cruzados y tuvieron las agallas para organizar la Caravana por la Paz. La Caravana ha cumplido la importante función de dar a conocer al mundo entero los estragos que ha causado esta guerra, además de causar la admiración de quienes se unieron en el trayecto, que aun sin ser víctimas se han preocupado por mejorar la situación de nuestro país; que se han desvivido y unido por el dolor ajeno sin necesitar la pérdida de un hijo, hermano, padre o  esposo para reclamar a nuestro país vecino por su perseverante política antidrogas  que finalmente aterriza en nuestro país. 

No es necesario ser víctima para sentir, reflexionar y ver nuestro alrededor. Tal parece que cuando estamos fuera, nos sentimos ajenos, y una caravana pasa desapercibida, como sucedió en varios de poblados recorridos de Estados Unidos: nadie salió a recibirlos, nadie aplaudió el esfuerzo. ¿Por qué? Tal vez  no interesa el dolor ajeno, o se dice “A mí no me puede pasar”, y cuando pasa, se levanta la voz solicitando justicia, porque se cree que son los únicos que lo viven. ¿Te has preguntado cuántos han caído? Sin razón alguna, aún no se sabe porque no existe una cifra verdadera. Las autoridades ocultan todo y aparentan que todo está o estará bien. Se escudan en discursos que lejos de hacerte sentir bien te llenan de impotencia, dolor y lágrimas.

Aludo a la frase “Quisiera tener la certeza que todo estará bien”, pero no, nada está bien, porque no se puede estar bien cuando existen estudiantes desaparecidos, cuando hay fosas clandestinas con restos humanos, cuando políticos mantienen lazos  solidarios con  importantes cárteles de la droga, sólo por mencionar algunos acontecimientos actuales que llenan de vergüenza, porque tal parece que no se puede confiar ni creer en nadie.

¿Entonces qué nos queda por hacer? Que nuestra voz se escuche en una sola, sin tener que esperar nuestra propia destrucción e intranquilidad; no sentirse ajeno a lo palpable  y el sentirse satisfecho por haber cumplido, como lo dice Diego Osorno; el poder hacer  a pesar de la batalla perdida. Lo demás depende de que cada uno haga lo que tiene que  hacer.

La lucha por un mundo diferente es posible, y la podemos hacer todos. Que no baste con salir a las calles; tenemos un espacio imprescindible que no debemos de descuidar, que son muestras aulas, y a partir de ahí, sembrar una semilla para que en un futuro tengamos ciudadanos más conscientes, libres y participativos. Después no nos estemos quejando de un próximo Peña Nieto en nuestro querido México.

*Este ensayo fue elaborado como parte del Programa de Lectura y Redacción Crítica de la Sección 22 de la SNTE.

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