¿Cuánta rebeldía cabe sobre una silla de peluquero?

Por José Ignacio Hipólito y Mariana Treviño

Foto de Libélula multicolor

¿Qué significa un corte de cabello? En una sociedad tan conservadora como la regiomontana, la imagen lo representa todo; la apariencia, la superficie es lo que importa sobre lo demás. Tener ropa de marca o un celular caro automáticamente te da cierto estatus superior al de los otros, mucho más que ser una buena persona o tener buenos modales.

En Monterrey se admira el trabajo, pero lo que se admira no es el reflejo de las experiencias que le deja a una persona, sino en el de las cosas materiales que ésta puede comprar; el patrimonio tangible que construyen las jornadas laborales de una ciudad totalmente industrializada. Lo superficial es lo que cuenta, la imagen es lo que le dice a los demás quién eres, de dónde vienes. Qué tanto te importa tu imagen refleja tu grado de madurez o la subcultura a la que perteneces. Es por ello que las peluquerías son esenciales en cualquier ciudad. Los lugares que moldean tu imagen a petición son imperantes en una ciudad en la que se te califica por como te ves.

De la misma forma, aquellos que no se conforman moldean su imagen para distanciarse lo más posible de la superficialidad. Las subculturas tienen ese principio implícito: el disgusto por ciertas normas y costumbres. Los mohawks, los skinheads, los pompadours, las rastas, todos los cortes de cabello que no caen dentro del molde estandarizado significan una alternativa al modelo de la normalidad.

La Libélula Multicolor es una peluquería diferente, un lugar en el que se hacen todo tipo de cortes de cabello, no sólo aquellos que vienen en Tv y Novelas, Tv Notas o, peor tantito, en una revista de política. En sus sillas se han hecho una incontable cantidad de experimentos con colores, cortes, máquinas y gel que sería imposible catalogar. Por sus puertas han salido personas con el cabello totalmente rosa, con rastas que llegan hasta las rodillas, con figuras en el pelo a rapa, mohwaks que alcanzan los 30 centímetros, entre muchos otros cortes.

Curiosamente, no hay ningún hombre que corte el cabello. Todas son peluqueras, y todas tienen un corte único. Si no es la mitad de la cabeza rapada con un patrón de leopardo, es un mohawk rojo o un peinado corto al estilo flapper de los 30. Todas las peluqueras son la viva imagen del color en una ciudad palidecida por el smog y la industria.

Ubicada en Cuauhtémoc #734, entre Padre Mier y Matamoros, la Libélula Multicolor ha sido el lugar al que muchas subculturas acuden para moldear su imagen; desde los cholos hasta los rastafari, de los punks a los emo, de los pocos rockabilly que hay en Monterrey hasta los eternamente peleados mods y skinheads. La Libélula sirve de punto de reunión entre las diferentes tribus urbanas alrededor del área metropolitana de Monterrey. Los skatos están en Fundidora, los otaku en Plaza Garibaldi, los metaleros en el Moctezuma Rock Center, los activistas en el Café Nuevo Brasil, pero todos alguna vez se encuentran en las sala de espera de la Libélula, con esperanzas de que su imagen sea la correcta para encajar en su respectiva tribu.

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