Por Víctor Hugo Mayoral Cervantes

El libro se titula Contra Estados Unidos. Crónicas desamparadas porque el autor, Diego Osorno, establece minuciosamente el vínculo de la llamada “guerra contra las drogas”, decretada durante la administración de Richard Nixon, con la violencia que desangra a miles de familias mexicanas —la gente de abajo, la gente sencilla, la gente trabajadora quien la ha sufrido, en palabras del autor— y el desamparo en su exigencia de justicia en que se encuentran las víctimas sobrevivientes, los desaparecidos y los muertos debido a la negligencia, a la omisión o a la complicidad del gobierno federal para hacer invisible los mercados del narcotráfico y la guerra.

Paradójicamente, la guerra contra las drogas no se lleva a cabo en territorio estadounidense, sino en el mexicano. Los arquitectos de la guerra la diseñaron para que la población mexicana fuera la víctima —“daños colaterales” las denominó el gobierno de Calderón durante su gobierno—; el envío de armas —que significa muerte— va en aumento hacia México, tanto para el bando del gobierno como al de los cárteles, por lo que el negocio de armamento tiene un nuevo mercado que le deja jugosas ganancias, sin reparar en la pérdida de decenas de miles de vidas humanas.

Bajo el gobierno de Calderón, cerca de 90 mil personas perdieron la vida en la guerra contra las drogas, mientras que 13 mil 775 muertes se documentaron por la misma causa en los primeros ocho meses del gobierno de Peña Nieto. Sin embargo, fue hasta el génesis de la Caravana por la Paz, promovida por el poeta Javier Sicilia —padre del joven Juan Francisco— que se empezó a vislumbrar una esperanza para los sobrevivientes y los familiares de los desaparecidos. Esto también permitió aclarar a la sociedad que no todos los muertos, sobrevivientes o desaparecidos eran delincuentes que se habían enfrentado a las fuerzas de seguridad, como lo manejaban en la televisión y prensa escrita los funcionarios, sino que en muchos de los casos eran víctimas inocentes de una guerra que los arrancó de tajo de sus hogares.

La búsqueda de la paz, el dolor ante el crimen y la esperanza que ofrece el contacto con quienes también desean detener la violencia en otros sitios llevó, del 12 de agosto al 12 de septiembre de 2012, a un centenar de víctimas de la guerra contra el narcotráfico a recorrer poco más de 11 mil kilómetros del territorio estadunidense en la llamada Caravana por la Paz. Osorno recoge cuidadosamente todas las vicisitudes de los participantes —él mismo acompañó a la caravana en su recorrido— y ofrece al público estas crónicas para mantener viva la llama de la memoria.

Oaxaca, ciudad de la resistencia, noviembre 17 de 2014

* Este ensayo fue elaborado como parte del Programa de Lectura y Redacción Crítica de la Sección 22 de la SNTE.

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