¿Por qué temerle a un granjero sonriente?

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Por Samantha Michelle Guzmán

Largo de aquí

Un joven avanza hacia el aula abandonada de la escuela secundaria local en una pequeña región suburbana en el oeste de Oklahoma. Oscurece y los pasillos ya están desiertos. Su paso se vuelve inseguro conforme se acerca. Al llegar, nota que la roída puerta de madera está abierta. Un poco más decidido, se interna en la penumbra del viejo salón de clases y hace un esfuerzo con la vista para verificar que todo está en orden, si es que se le puede llamar así. Exclama: “Sal, me mandaron a buscarte”. No recibe respuesta. Repite sus palabras sin moverse de sitio, pero esta vez escucha un par de sonidos detrás de un escritorio. “Eres tú, Ned. No estoy de humor. No hay ningún estudiante, eres tú”, dice antes de asomarse al rincón de donde provenía el ruido, pero en lugar de encontrarse con Ned, es golpeado en la cara por un hombre ensangrentado. Totalmente fuera de sí, el hombre intenta estrangularlo, sin conseguirlo debido al forcejeo, pero con uno de sus puños rompe una de las ventanas y rápidamente encaja un enorme vidrio roto en el cuello del joven. El hombre se queda totalmente inmóvil, mira sus manos como si tratara de comprender lo que sucede. Histérico, el joven se levanta y saca una navaja de su bolsillo, y con todas sus fuerzas la entierra en el ojo de su agresor, matándolo casi al instante. El joven cae una vez más al suelo, quedándose más y más quieto.

Al otro extremo del aula, en las sombras, alguien más los observa. Un hombre de rostro muy blanco, con una media sonrisa.

Este es el mejor día de todos

Al fondo de un salón de clases lleno, David lee con interés un cómic sobre vampiros hasta que escucha la llamada de atención de la profesora. Ella le retira el ejemplar de las manos y continúa con su clase. A él no le queda más remedio que observar. Voltea a ver a Jeffrey, su mejor amigo, quien está dibujando una especie de cementerio a la mitad de la noche en una hoja de su libreta.

Terminadas las clases, David y Jeffrey salen de la escuela secundaria local para emprender el camino de regreso a casa. Platican con más ánimos que cualquier otro día. Hoy es Halloween, el día favorito de ambos en todo el año. David tiene un plan para divertirse como nunca esa noche: visitar los lugares que tienen fama de embrujados en la comunidad e invocar a las entidades que habitan ahí. A Jeffrey no le agrada la idea, pues resulta que ese es el plan cada año, y cada año se vuelve más aburrido que el anterior. David trata de explicarle por qué su propuesta tiene sentido: la noche de Todos los Santos no sólo se celebra en Estados Unidos, sino en varios países, entre ellos México. El padre de David era mexicano, por lo que él conoce sus celebraciones, y sabe que si bien el origen de dichas celebraciones es muy distinto al de su país natal, ambas tienen algo en común. Se cree que es la única noche del año en la cual se rompe la barrera entre el mundo de los vivos y el de los muertos. David y Jeffrey suelen pasar los días leyendo sobre historias paranormales, deseando vivir algo así, sentir la adrenalina que eso produce. Pero nada sucede. Entonces, ¿qué mejor ocasión para buscar toda esa experiencia? Tal vez no han ido a los sitios correctos, pero eso no quiere decir que no pueda suceder, y cuando suceda, Jeff se lo agradecerá a David.

Jeffrey acepta, no muy convencido. Los dos acuerdan verse apenas oscurezca.

Esquizofrenia

Lena, la madre de David, ayuda a éste con su disfraz. En el televisor, la cara de Freddy Krueger atraviesa una pared en A Nightmare on Elm Street. Mientras maquilla los ojos de su hijo, Lena le pregunta cómo es que aún le gusta salir así. A él le sorprende, pues no encuentra motivos para sentirse avergonzado por eso; es la única noche en la que puede convertirse en todo aquello que le asusta e intriga. David se mira en el espejo: ahora sus ojos verdes resaltan con el rubor esparcido en los párpados y el maquillaje blanco en el rostro, dándole un aspecto mortecino. Como un auténtico cadáver.

Antes de que llegue Jeffrey, madre e hijo preparan la ofrenda de Día de Muertos. Acomodando un par de veladoras y posteriormente las frutas que compró para la ocasión, Lena le dedica unas palabras a Jaime, su difunto esposo. David aprovecha para decir cuánto extraña poner la ofrenda en compañía de su padre, quien le enseñó la antigua tradición como alguna vez lo hizo con Lena. También extraña las historias que su padre compartía con él, las únicas que realmente le ponían los pelos de punta, porque eran sinceras. Lena lo interrumpe porque lo que está diciendo no tiene sentido; esas no eran historias, sino alucinaciones. El padre de David era esquizofrénico.

La discusión termina porque Jeffrey ha llegado y está esperando en la puerta.

La peor de las ideas

Ya casi oscurece y todos los niños han salido con sus disfraces, entre los que figuran un cadáver y un vampiro. El clima frío, combinado con las miles de hojas caídas, el ruido y los cientos de máscaras, brinda una atmósfera alegre e inquietante a la vez. Siendo el momento adecuado, David le habla a Jeff acerca de la sorpresa que tiene preparada. Este año no será como los demás. Todos saben que en la escuela hay un aula embrujada; es el aula más alejada, oculta y a medio derrumbar. El enorme parque protegido que se encuentra detrás de la escuela y el terreno de la misma solían ser una granja. El dueño se llamaba Peter Bolton, y era un asesino. Todos sabían eso, pero hace un par de semanas, el viejo conserje de la escuela, Ned, le reveló a David la existencia de un diario escrito por Peter Bolton. El diario, junto con algunas sus pertenencias, estaban escondidos en un viejo árbol del parque. Ned le había mostrado el diario justo antes de volverlo a ocultar en el árbol.

David planeaba sacar el diario e invocar al espíritu de Peter. Esa era la sorpresa, y por eso todo sería diferente aquella noche. Jeffrey, alterado, se rehúsa a hacerlo. David le pide que se calme y le dice que por fin conocerán la diferencia entre atestiguar una historia de miedo y vivirla. Jeff acepta ir, pero le advierte a David que seguramente nada de eso es cierto; el viejo Ned siempre ha estado demente y le encanta contar historias de miedo para asustar a los niños. David sabe que Ned no está muy cuerdo, pero ha vivido muchas cosas. Ned confió en él porque es el único que no sólo ama esas historias, sino que cree en ellas.

Mientras avanzan por la avenida que conduce hasta la escuela, son testigos de la pelea entre dos pandilleros. Uno de ellos es lanzado cerca de ellos. Levanta su cara ensangrentada y mirándolos amenazadoramente les dice: “Largo de aquí”. Para Jeffrey, ese es un pésimo augurio.

Nice Peter

David encuentra el viejo diario escondido debajo del árbol. Jeff lo mira nervioso. “Ahora vamos al salón abandonado”, anuncia David. En una de las rejas que delimitan el terreno de la escuela hay un agujero suficientemente grande para que pasen los dos amigos. Al entrar al salón, David le pregunta a Jeff si conoce la historia de Nice Peter. “Largo de aquí, o lo último que verás será a Nice Peter sonriéndote. Eso dicen sobre él. Era un asesino”, dice Jeffrey con cierto fastidio. David se dispone a contarle la historia completa, lo que Ned le confió semanas atrás.

Hace más de un siglo, Peter Bolton era un granjero muy apreciado por su comunidad. Tenía fama de ayudar a todo aquel que lo necesitara y siempre tenía una sonrisa para sus amigos. Una media sonrisa. Muy amable y platicador, nadie tenía idea del secreto que él ocultaba: odiaba a los forasteros y amaba asesinar. Siempre que un forastero se hospedaba cerca, Nice Peter, como era apodado, lo invitaba a su hogar. Lo conducía hasta un granero lo suficientemente alejado y, cuando menos se lo esperaba, lo golpeaba hasta asesinarlo con los mismos artefactos que utilizaba para matar a los cerdos. Era muy cuidadoso; procuraba no matar demasiado rápido a su víctima, porque le gustaba verlos sufrir. Cuando terminaba, para deshacerse del cadáver, se lo daba a los cerdos o simplemente lo enterraba. También disfrutaba escribir en su diario todo lo que hacía; era grato revivirlo. Pero un día algo salió mal en su querido granero: la mitad del techo se derrumbó mientras Peter estaba ahí. Un enorme pedazo de madera cayó sobre sus piernas, rompiéndole los huesos. Otros fragmentos lo golpearon en la cabeza y el cuerpo, hiriéndolo de gravedad. No pudo escapar y nadie escuchó sus gritos, por lo que murió ahí al cabo de unos días, envuelto en una terrible furia. Después de un tiempo, se encontró su cadáver y el testimonio de sus actos. Cientos de huesos se desenterraron en la granja. Todo se derrumbó y el terreno se volvió propiedad del gobierno local. Casi un siglo después se construyó ahí mismo la escuela secundaria. Curiosamente, también fue construido un salón justo donde se encontraba el granero de los homicidios. No pasó mucho tiempo antes de que entre la comunidad escolar se hablara de un fantasma con ropas de granjero que amenazaba a todo desconocido que se acercara a su terreno, por lo que aquel salón fue prácticamente abandonado. Nadie volvió a ver el diario de Peter, pero una leyenda se extendió: Nice Peter sabe a lo que más le temes, y acabará contigo si entras a su hogar.

El viejo Ned estaba loco, sin duda. Aun así, David abre el viejo diario y comienza a leer un fragmento en voz alta, ignorando las súplicas de Jeff. “Ayer me deshice de otro maldito forastero. Tuve la sensación más dulce”, y el césped suena casi como si alguien caminara hacia ellos. “Alguien tiene que limpiar la escoria de este lugar”, y una fuerte brisa cierra la puerta de golpe. “Más vale que ni uno de ellos se atreva a permanecer aquí, o yo me encargaré”, y un par de inexpresivos ojos apare frente a ellos en el otro extremo del aula.

Ambos niños gritan y corren con todas sus fuerzas. Una vez afuera de la escuela, aún corriendo camino a casa, Jeff se suelta a llorar. David no sabe qué decir.

No estaba listo para esto

Casi 24 horas después de aquel momento, ambos amigos están listos para hablarlo con calma. Jeff no quiere volver a saber nada al respecto. David está intrigado. Si eso había esperado por tanto tiempo, ¿cómo pudo sentirse tan aterrado? Recuerda ese inexplicable frío que llegaba hasta sus huesos, la incertidumbre ante lo que no podía comprender, y vuelve a sentir náuseas. Tal vez había sido imprevisto. No entiende por qué, pero al igual que su mejor amigo, desea olvidar eso y volver a su vida de cómics y películas de terror.

Solo en su habitación, David prende el televisor para ver su serie favorita. Se distrae con las apariciones fantasmales en una típica casa norteamericana, y de pronto escucha pisadas en las escaleras. Imaginar eso hubiera sido divertidísimo, pero en ese momento fue perturbador. Sale de su cuarto para averiguar qué es. Al bajar las escaleras, se escucha una voz muy tranquila proveniente de su cuarto que dice su nombre. A pesar de sus obsesiones, a lo que más le teme David es a las voces fantasmales. Le recuerdan las historias de su padre. Comienza a subir las escaleras de nuevo, pero esta vez una figura sale lentamente de su habitación. Ropa antigua de granjero, rostro blanco, una media sonrisa. Nice Peter. David corre.

Seguro fue una alucinación

Lena está abrazando a David. Él tiembla, con su rostro pálido y el sudor frío resbalando. Le cuenta a su madre lo que sucedió. Ella escucha pacientemente, pero cuando la anécdota termina, su expresión es de horror.

La madre de David recuerda cosas de su pasado. Lo recuerda casi todo. Cómo comenzaron las alucinaciones, las voces. Cómo Jaime dejó de ser la pareja perfecta y se convirtió en alguien fuera de control, alguien que ya no vivía en su realidad. Así lo perdió. A lo que más le teme Lena, es a perder a su hijo de la misma forma.

Ratas

Varios días después, la profesora Martell limpia el pizarrón después de clases. Es uno de los últimos salones, en la planta baja, donde se imparten los cursos de séptimo grado. Escucha ruidos al otro lado de la puerta, pero decide ignorarlos. Son pequeñas pisadas, decenas, tal vez cientos. La profesora hace una pausa antes de continuar limpiando meticulosamente el pizarrón. Al terminar, sigue con absolutamente cada objeto presente en el aula, hasta que todo quede en orden y limpio.

Aún hay pisadas afuera. Pisadas muy pequeñas, y ahora sonidos muy agudos. Ella se dirige a la puerta, pero justo antes de abrirla, se detiene y regresa a donde estaba. No es posible, no hay nadie. Si fuera el conserje, un profesor o un estudiante, el ruido sería mucho más fuerte. Pero las pequeñas pisadas no cesan. Ahora son más y más. Son tantas que no lo puede soportar y corre a abrir la puerta. Su expresión cambia dramáticamente ante lo que ve: decenas, tal vez cientos de ratas entran al aula con gran velocidad. Derriban a la profesora. En el suelo, queda paralizada por el miedo, incapaz de gritar. Los chillidos, el horrendo pelaje grisáceo, las pisadas sobre ella. Ahora la muerden. La habitación está llena, pero alguien más se hace presente: un hombre de expresión amable, sonriéndole. Ella lanza el grito más potente que haya emitido en toda su vida, justo antes de morir de un infarto fulminante. A lo que más le temía la profesora Martell era a la suciedad y a las ratas.

Ya no era la misma persona

Sábado. Son las 7:00AM, y David ya está despierto. Se levanta sobresaltado, seguramente por una de sus nuevas pesadillas recurrentes que ya no recuerda. Lena sigue durmiendo, por lo que él baja a servirse el desayuno. Está llenando su plato de cereal cuando, repentinamente, unas manos invisibles lo estrangulan. Tira el plato y cae al suelo él también. Una alacena se mueve hacia delante, a punto de caer sobre él. David logra girar antes de que el enorme mueble lo aplaste, y en ese momento baja corriendo su madre. Lena lo observa atónita.

Unos minutos después, Lena revisa el cuello de David. Él todavía está muy nervioso, pero ella le exige una explicación, porque no es el primer acontecimiento extraño que ocurre en los últimos días. David ya no aguanta más y le cuenta absolutamente todo, desde la noche de Halloween. Sin embargo, la reacción de su madre es muy distinta a la que él esperaba. Lena se altera notablemente, al grado de empujarlo lejos de ella, y se queda en silencio, tratando de entender lo que acaba de escuchar. David le pide que se calme, le dice que necesita su ayuda. Lena le contesta, gritando, que su historia es falsa y todo lo imaginó. Todo tuvo que ser una alucinación. Definitivamente necesita ver a un doctor. Esta vez David es el que pierde el control, diciéndole que es cierto y que ella tiene que creerle; no está loco.

Al no encontrar otra salida, Lena le cuenta la verdad sobre su padre a David. Según ella, Jaime había sucumbido ante la esquizofrenia, sin embargo, David siempre le cuestionó eso. Y tenía razón: nadie muere de esquizofrenia paranoide. Antes de que David naciera, Jaime fue diagnosticado. La enfermedad había sido controlada, pero cuando David todavía era muy pequeño, su padre tuvo una recaída. Simplemente dejó de tomar los medicamentos, creyéndose curado. Durante semanas alucinaba, perdía el sentido de todo. Salía a la calle a hacer y decir cosas absurdas, sin rumbo. Un día fue a parar a la escuela secundaria y se escondió durante varias horas en el salón más alejado. Se dieron cuenta de que había alguien en aquel salón y mandaron a un joven conserje a ver quién era. Pensaron que se trataba de algún estudiante, pero no. Cuando el joven entró al salón, Jaime le saltó encima y comenzó a golpearlo, asesinándolo posteriormente con un vidrio roto. Pero antes de morir, el joven logró matar a Jaime con una navaja.

Llamaron inmediatamente a Lena al descubrir que era Jaime quien estaba escondido en la escuela. Y no sólo eso, sino que había asesinado brutalmente a un conserje que acababa de entrar a trabajar ahí. Lena nunca logró entender qué pasó, cómo es que su esposo se transformó en un homicida. Él estaba enfermo, pero nunca había lastimado a nadie en toda su vida. Era como si fuera otra persona; él repudiaba la violencia. Fue esa enfermedad, esas alucinaciones, lo que provocó su muerte.

David llora incontrolablemente. Nunca imaginó que su padre había tenido ese final. Antes de saber eso, David percibía a la esquizofrenia como algo perfectamente normal en su padre, algo que era parte de él, como las historias que le contaba sobre voces que le hablaban y personas que los seguían todos los días. A pesar de la confesión de su madre, David sabe de alguna forma que su padre no había sido capaz de asesinar, no había querido hacer eso. Aunque Lena le manifestó sus temores acerca de él, David sabe que no está enfermo. Y hay un testigo: Jeffrey.

Culpable

David toca la puerta de la casa de Jeffrey. Su amigo le abre y está irreconocible: pálido, visiblemente más delgado. David siente como si no lo hubiera visto en semanas. Ambos pasan a la sala. Antes de escuchar lo que David quiere contarle, Jeff decide hablarle de lo que le ha pasado en los últimos días.

Desde la noche de Halloween, a Jeff no lo han dejado en paz. El primer día salió sangre de la regadera cuando iba a bañarse. El segundo día su sopa se transformó en sangre en cuestión de segundos. Jeff comenzaba a tener pesadillas: su casa inundada en sangre, él mismo desangrándose, sangre brotando a borbotones de los ojos de sus familiares. Eso sin mencionar al hombre que lo perseguía. Era Nice Peter, estaba seguro. Lo seguía a todos lados, siempre unos pasos detrás, mirándolo, sonriéndole tranquilamente. Sus padres estaban preocupados por él y ya no sabían cómo ayudarlo. Él quería calmarse, ser el de antes, pero no podía olvidar la imagen de esos ojos amenazándolo. Además, ya no soportaba el miedo después de lo que ocurrió con la profesora Martell.

Justo cuando David pensaba comenzar a desahogarse, Jeff le cuenta todo sobre la muerte de la profesora. Nadie entiende qué pasó. Joven, sin problemas cardiacos, pero murió de un infarto. Sólo escucharon un grito y otro profesor encontró su cadáver.

Una vez que David por fin le cuenta a Jeffrey todo lo que pasó, ambos amigos se dan cuenta de que todo es culpa de ellos. Especialmente de David. Todas las historias que aman leer y ver a través de una pantalla comienzan por accidente, por un descuido. Pero esta no. Ellos fabricaron su propio horror. David por fin comprende el sentido de aquellas narraciones. Provocan curiosidad porque tal vez nunca podamos entenderlas, pero creamos hipótesis e inventamos nuevos relatos con la certeza de que nada malo nos va a pasar. Por eso las alucinaciones lo asustan. Eran su mayor conexión con todo aquello que no podía entender, pero en la voz de Jaime eran tan reales que el terror se transmitía de padre a hijo. Aun cuando sus visiones eran parte de una enfermedad, algo que definitivamente no existía.

Es demasiado tarde para darse cuenta de todo eso. David y Jeff saben que deben hacer algo para detener lo que han provocado.

La otra cara de la historia

Tal vez la única persona capaz de ayudarlos es aquella en quien nadie cree. El viejo Ned. Van a buscarlo con la esperanza de que tenga la respuesta.

Ned se encuentra en la escuela, podando el césped. Al verlos, se alegra un poco; cuando eres senil y tus palabras son puestas en duda, pocos se acercan a conversar. Pero al mismo tiempo está angustiado, porque sabe la razón por la cual lo buscan. Escucha con atención a los dos niños, sin ocultar el temor en su rostro. Para él es hora de contarle algo a David, algo que debió decirle desde hace mucho tiempo.

El padre de David no es ningún homicida, al menos no voluntariamente. Nice Peter siempre ha estado ahí, su espectro se aparece ante prácticamente cualquier persona. Sin embargo, sólo puede tener efecto en aquellos que son vulnerables a él. Jaime era vulnerable debido a su enfermedad, y cuando llegó a ese salón, fue atacado por las visiones de Nice Peter, mostrándole aquello a lo que más temía. Lamentablemente, el padre de David no era capaz de distinguir una alucinación de otra; para él todas eran igualmente reales. Aquella vez no se trataba de sus visiones inofensivas, sino del ataque de un ser maligno. Harto de ser atormentado por lo que veía, Jaime decidió poner fin a eso: atacó a su propio agresor hasta terminar con él. Justo antes de matarlo le gritó: “¡Largo de aquí!”. Por desgracia, ese no era Nice Peter. Era el nuevo conserje. Jaime murió sin saber qué había ocurrido realmente. Sin merecerlo.

Ned sabía esto porque fue testigo de ello. Vio todo a través de una ventana. Nadie le creyó porque todos saben que a Ned le encanta asustar a la gente con sus historias. Él sabe que nadie le cree y que tal vez sí ha perdido un poco el juicio por todos esos años de ver cosas que para el resto de la gente no estaban ahí. Pero, ¿cómo sabe alguien que está loco? Todos creen estar cuerdos, incluso los locos.

Ahora Ned le explica a David por qué Nice Peter lo persigue. Por una simple razón: David creyó en él lo suficiente. Estaba tan involucrado, tan interesado, que en la única noche del año en la que los muertos son capaces cruzar al mundo de los vivos, Nice Peter fue invitado a quedarse en él. No se detendrá, y la única forma de deshacerse de él es enfrentándolo y sobrevivir a ello.

Sin miedo

David busca desesperadamente entre sus libros y revistas, pues tiene la esperanza de poder descubrir ahí cómo acabar con la presencia de Nice Peter. No encuentra nada, pero recuerda algo que había leído en varias de sus historias: destruir todo lo que se relacione con el origen del horror. No está muy seguro de eso, mas es todo lo que tiene. Debe apurarse, pues Lena no le ha dirigido la palabra desde aquella larga conversación, y justo en este momento, una sombra camina de un lado a otro afuera de su habitación. Si no se apura, su madre terminará por internarlo en un psiquiátrico, o esas apariciones continuarán y Lena ahora sí que tendrá una buena razón para mandarlo a encerrar.

Sale corriendo en busca de Jeffrey. Lo encuentra en el jardín de su casa; Jeff está afuera porque ya no soporta ver tanta sangre por todos lados. Lo llena de terror la idea de acompañar a David, pero sabe que no tiene otra opción. Sólo queda esperar a que llegue la noche para ir a buscar a Nice Peter.

Temor a las alturas

Horas después de hablar con los niños, el viejo Ned todavía está trabajando. No importa que sea fin de semana. Aprovecha para limpiar en la azotea de la escuela. Barre un poco, y de pronto la puerta de acceso a la azotea se cierra de golpe. Ned se acerca a abrirla, pero se da cuenta de que no trae las llaves. Sabe que no hay nadie más en la escuela, nadie puede ayudarlo, no tiene sentido gritar. Busca otra forma de bajar, pero está demasiado alto, no hay escaleras de emergencia, y por alguna razón siente que el terreno donde está parado se hace más pequeño. Es el vértigo, piensa. Se acerca una vez más a la orilla para intentar bajar, pero no se atreve a hacer nada. De la nada, siente una pesada respiración en la nuca. Se da la vuelta rápidamente, pero ya no hay tiempo: alguien lo lanza desde las alturas. El viejo Ned, el demente, muere instantáneamente al caer y golpear el pavimento. A lo que más le temía Ned era a las alturas.

Héroe y villano

Ya es de noche. David y Jeff llegan a la escuela y se sorprenden al notar que todo está a oscuras, pues a esa hora normalmente todas las luces están encendidas. Antes de entrar, encienden las luces. A punto de entrar al edificio, algo llama la atención de ambos: es el cadáver de Ned. El miedo y la tristeza son evidentes en ambos, pero está más claro que nunca: hay que seguir.

Ya en el viejo salón, encuentran todo lo que dejaron la última vez que estuvieron ahí. El diario, algunas prendas de vestir y un par de herramientas pertenecientes a Peter Bolton. Un terrible escalofrío recorre a ambos.

Por fin, frente a ellos, aparece Nice Peter, con su ropa vieja de granjero, su rostro imperturbable y su sonrisa amable. Los mira sin hacer nada, sin atacarlos, lo que lo vuelve aun más temible. Es hora. Justo cuando David tira al suelo las pertenencias, listo para destruirlas, Nice Peter vuelve a desaparecer. David también desaparece, dejando a Jeff solo en el aula.

Los muebles roídos, los restos de madera en el suelo y las paredes descuidadas siguen ahí. Todo está como antes. O casi todo. En una especie de broma cruel, Nice Peter reaparece, ahora detrás de Jeff. Él intenta correr, pero el espectro lo jala del suéter. Desesperado, Jeff forcejea para zafarse y escapar. Logra hacerlo después de varios segundos. Fuera de sí, estrella su cuerpo contra una de las ventanas para salir del salón cuanto antes. No alcanza a hacerlo: el vidrio sí se rompe, pero uno de los fragmentos se entierra en su cuello. La sangre brota sin parar.

Nice Peter reaparece ante David, pero lo único que él ve es a su padre. Nada importa en ese momento, las lágrimas brotan de sus ojos y lo único que quiere es correr a abrazarlo. Pero cuando lo hace, resulta que es un engaño. Una risa cruel retumba en sus oídos, y Nice Peter lo empuja. David cae al suelo, desconcertado. Ya es suficiente. De su bolsillo saca un encendedor y prende fuego a las viejas pertenencias de Peter Bolton. Le grita: “¡Largo de aquí!” mientras el espectro intenta estrangularlo como antes lo había hecho. Ya no le interesa; lo que realmente importa es detener eso. Le falta el aire y todo se vuelve borroso.

La misma historia

David despierta en medio del aula abandonada. Han pasado sólo unos segundos desde que sintió las manos del fantasma apretando su garganta. El aula está en llamas; el humo ha llegado hasta las alarmas y el sonido del camión de bomberos se aproxima. David voltea hacia una de las ventanas y ve el cadáver ensangrentado de Jeff. No sabe cómo pasó, pero la última víctima de aquel infierno fue su mejor amigo. Todavía tiene oportunidad de salir; será mejor que lo haga, porque en poco tiempo el fuego alcanzará todo. Da igual, los bomberos han llegado.

Los bomberos están entrando al edificio. David sale del aula y camina por el pasillo. Por fin se da cuenta de que venció al espectro. Nice Peter se ha ido, esta vez para siempre. Y por alguna razón, él despertó a tiempo y logró salir antes de morir a causa del incendio. ¿Y su padre? Quién sabe.

Será difícil que su madre entienda lo que ocurrió. Ella va en camino; ya está sólo a un par de calles de la escuela. Temerosa, se imagina lo que a continuación verá, aunque todavía no sabe. Encontrará a su hijo visiblemente perturbado, un edificio en llamas, un cadáver afuera de la escuela y otro adentro, éste último con un vidrio enterrado en el cuello; la imagen es demasiado familiar. David dirá que Jeffrey murió mientras él vencía al espectro que los acosaba. Él no se dio cuenta de cuándo murió Jeff. A lo que más le temía Lena era a perder a su hijo de la misma forma que a su esposo.

*Este texto fue finalista del Premio Bengala-UANL 2014 cuyo jurado estuvo conformado por Jorge Miche Grau, Guillermo Quijas, Andrés Clariond y Carol.

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