Por Kyzza Terrazas

La cosa se cuece pero no está lista porque sucede que hay varias aristas de este tema que nos quema. hablo de un ritmo de víscera que quiere y aspira a mantenerse en un estado de cierta pureza, un beat sobre el cual se rima con fiereza o al menos sin que se escatime el esfuerzo, la fortaleza del reino de la palabra sobre el compás de cuatro barras —en esto no hay abracadabra sino disciplina, pura geometría de lengua fina que se cocina en una tina de vocablos, de frases que se construyen como establos para contener al caballo raro de la mente, las letras y un beat de corazones enfrente, discos que se rompen, retazos de canciones. conversemos con quienes practican el rap, aquí no hay sermones ni nos vestimos de frac, solo intuimos el cine, la posibilidad del cine, para que después no digan que vine al mundo a quedarme con los brazos cruzados, esto es puro engolosine, savia de vida, discurso sobre el fracaso de este mundo y estas calles donde brilla saturno, el dios de la melancolía, la pura mierda fría de esta historia de filias, de personas que amamos las palabras, que totemizamos las sílabas, las barras. queremos mostrar que esto es vía de reflexión, medicina contra la depresión, forma de vida, mierda fina. no tenemos más guía que la intuición de cierta bondad edificante, de una práctica llena de contradicciones pero brillante como esa estrella de la mañana llamada honestidad porque en esto se habla de todo, incluso con crueldad, con la violencia a flor de piel, con rabia y con hígado flotando sobre hiel, y también sobre la bilis negra que es alimento para el arte y los pocos momentos de fe, needle in the motherfucking hay, es decir que vamos casi a ciegas, sudando y en pinche friega con nuestras cámaras, nuestras máquinas tan raras que captan las imágenes, los sonidos y, sí, las benditas palabras. 

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