¿Han visto a esta huerca? Deben haberla visto en los periódicos. O si no cuando trabajaba en el Father & Son’s Taco Palace No. 2, en Nogalitos. Patricia Bernadette Benavídez, mi tocaya; cinco pies, 115 libras, 13 años de edad.

No que fuera mi amiga ni nada de eso. Bueno, sí hablábamos. Pero eso era antes de que se muriera y luego regresara de entre los muertos. Te apuesto que lo leyeron o la miraron en la tele. Salió en los noticieros de todos los canales. Entrevistaron a cualquiera que la conociera. Hasta a la maestra de educación física, que tuvo que decir cosas buenas —“Estaba llena de vida, una buena chica, muy dulce” —. Tan dulce, considerando que era una zafada. Bueno, ¿y por qué nadie me preguntó a mí?

Patricia Benavídez. Ella era el “Son” del Father & Son’s Taco Palace No. 2, aun antes de que el hijo quiteara. Así fue como esta Trish heredó el gorrito de papel y el mandil blanco para después de la escuela y todos los fines de semana, aburrida, un poco triste, detrás de los mostradores altos donde los clientes masticaban parados como caballos.

Fíjate nomás, que ni eso me servía pa0que me diera lástima, sabes, aunque su padre sí era un bruto con ella. Pero, ¿qué culpa tenía él? Una huerca que usaba aretes de fantasía y tacones con diamantes para ir a la escuela estaba condenada a tener broncas que nadie —ni Dios ni los reformatorios— podían componer.

Creo que la subieron dos grados y así es como llegó al high school sin que tuviera nada que ver con nosotras. Sabes, ese tipo de escuinclas siempre caen pesadas. Por ejemplo, esta tocaya: se llama igual que yo, ¿verdá? Pero, ¿tú crees que ella misma se nombraría la Pati o Patty o algo normal? No, tiene que ser diferente. Dice que se llama “Tri-ish”. También se inventó un acentito inglés muy muy, todo sexy y resbaloso como si fuera una Marilyn Monroe de allá de Inglaterra. Bien payasa. Te digo, ¿quién ha oído de una mexicana con un pinche acento de esos? ¿Me entiendes? Me caía sura la girl.

Pero si la agarrabas a solas y le decías Pa-tri-cia —siempre me fijaba de decirlo en español—, Pa-tri-cia, ya párale con todo este pedo. Si la agarrabas así sin público, bueno, pues entonces estaba más o menos OK.

Miren, así es como la aguanté cuando la conocí, justo antes de que se largara. Se escapó de condenarse de por vida en esa taquería. Se cansó de llegar a casa con ese hedor a crispy tacos. Pues con razón se largó. A mí tampoco me gustaría apestar a crispy tacos.

Quién sabe qué tanto tuvo que aguantarse la huerca. Tal vez su papá la agarraba a golpes. Le daba sus buenas palizas al hermano, eso sí lo sé. O por lo menos era cosa de los dos, y seguido se agarraban a chingazos. Fue uno de esos pleitos a trancazos que finalmente hizo que el muchacho se largara para siempre, aunque lo más seguro es que él también estaba fastidiado de apestar a crispy tacos. Eso es lo que creo yo.

Luego, unas semanas después de que el hermano se largara, esta tocaya mía tiene su foto en todos los periódicos, como las de los niños perdidos en los cartones de leche: ¿HA VISTO A ESTA NIÑA?

Patricia Bernadette Benavídez, 13 años de edad, desapareció desde el martes 11 de noviembre y su familia está muy preocupada por ella. Se cree que la niña, que es una alumna de la Our Lady of Sorrows High School, se escapó de su casa y la última vez que la vieron caminaba a la escuela en el área de Dolorosa y Soledad. Patricia mide 5 pies, pesa 115 libras y vestía una chamarra de mezclilla, falda de uniforme azul a cuadros, blusa blanca y tacones altos (probablemente con diamantes) cuando desapareció. Su madre, Delfina Benavídez, le envía este mensaje: “Honey, llama a mami y te quiero mucho”.

Qué gentes.

¿Y a mí qué diablos me importaba que la Benavídez se hubiera largado? No me hubiera agüitado. Si no fuera por Max Lucas Luna Luna, un estudiante que estaba por graduarse de la Holy Cross para varones, la escuela hermana de la nuestra. A veces hacían intercambios con nosotras. Provocaciones es lo que eran. Pinches Pláticas de Sexo es lo que nosotros las llamábamos, pero las hermanas las llamaban diferente: youth exchanges, intercambios Juveniles. Como cuando invitaban a algunos de los muchachos de Holy Cross para que vinieran a Teología y algunas de nosotras de la Sorrows íbamos a su escuela. Y hacíamos como que estábamos bien interesadas en el tema: “La Santísima Virgen: Modelo a seguir para la mujer joven de hoy”, “El besuqueo: Demasiado lejos, demasiado pronto, demasiado tarde”, “El heavy metal y el diablo”. Mierdas de ésas.

No todos los días. Sólo de vez en cuando, como una especie de experimento. La escuela católica tenía miedo de mezclarnos demasiado, por aquello de las hormonas alborotadas. Eso dijo la hermana Virginella. Si no se pueden comportar como señoritas decentes cuando lleguen nuestros invitados, tendremos que suspender indefinidamente los Intercambios Juveniles. Se prohíbe chiflar, manosear o patear de aquí en adelante, ¡¡¡¿está claro?!!!

Miren, lo único que sé es que él tiene estas caderitas del mismo tamaño desde que tenía como doce años yo creo. Cinturita y nalguitas bien exquisitas y dulces como unas barritas de chocolate Hershey. ¡Chinelas! Eso es lo que me acuerdo.

Siempre sale que Max Lucas Luna Luna vive al lado de la mocosa. Te digo, antes ni siquiera me había tomado la molestia de hablar con Patricia Benavídez, aunque estábamos en la misma sección de Introducción al Comercio. Pero un día llega a la cafetería cuando estaba esperando mis papas fritas y me dice:

—Hey, tocaya, ¿sabes qué? Conozco a alguien que cree que eres sexy.

—Ay tú —le digo, tratando de no hacerle caso; no quiero que nadie me vea hablando con la mosca.

—¿Conoces a un chamaco de la Holy Cross que se llama Luna, el que vino al intercambio de Teología? ¿El chulo de cola de caballo?

—¿Y qué?

—Bueno, pues él y mi hermano Ralphie son camaradas, y él le dijo a Ralphie que no le dijera a nadie pero que cree que Patricia Chávez está bruta.

—Mentirosa.

—De verdá, por Diosito Santo. Si no me crees, nomás pregúntale a mi hermano Ralphie.

—¡N’hombre!

Esa chingadera bastó para que me volviera la mejor amiga de Trish Benavídez pa’toda la vida, te lo juro. Después de eso, siempre me fijaba de llegar temprano a la clase de Comercio. Casi siempre tenía algo que decirme y, si no, me fijaba de darle algo para que se lo diera a Max Lucas Luna Luna. Pero todo iba tan despacito despacito porque la pobre niña trabajaba de sol a sol y no tenía tampoco gran vida social que digamos.

Así fue como esta Patricia Bernadette llegó a ser nuestra mensajera de ammmor por un rato, aunque yo y Max Lucas Luna Luna no habíamos pasado de la etapa de “me gustas/¿te gusto?”. En realidad, ni siquiera nos habíamos visto desde la última Pinche Plática de Sexo, pero yo ya mero me iba a aventar.

Sabía que vivían ahí por el barrio de Montevista. Así que andaba en mi bicicleta pa arriba y pa abajo por las calles —Magnolia, Mulberry, Huisache, Mistietoe— preguntándome si iba caliente o fría. Sólo saber que Max Lucas Luna Luna podría aparecerse bastaba para que la sangre me burbujeara de contenta.

La semana en que empiezo a dar vueltas por el Father & Son’s Taco Palace No. 2 es cuando ella decide largarse. Primero escuchamos un anuncio de la Hermana Virginella por los altavoces: “Siento tener que anunciarles que una de nuestras alumnas más jóvenes y queridas se ha extraviado de su casa. Mantengámosla en nuestro corazón y en nuestras oraciones hasta que regrese sana y salva”. Aquélla fue la primera vez que salió su foto en el periódico con el recado llorón de su ‘amá.

A mí qué, ¿verdá?; me daba igual que se hubiera escapado. Pero la mera es que me quedó debiendo. Ya me había amolado antes pero ‘ora sí que me jodió. Por lo menos antes tenía yo la esperanza de que me hiciera buena la promesa de arreglarme el ligue con Max Lucas Luna Luna. Pero justo cuando yo ya podía volver a pronunciar su nombre sin escupir, se le mete en la cabeza morirse. Unos niños estaban jugando en la cuneta del desagüe y que encuentran un cuerpo y sí, es ella. Cuando las cámaras de televisión llegan a nuestra escuela, allá van todas las dramáticas que se creen la gran caca chillando lágrimas de verdad, hasta las que ni la conocían. Pa’qué te cuento.

Bueno, después de todo este borlote me dio lástima la cabrona ya que estaba muerta, ¿verdá? Digo, ya que se me había pasado el berrinche, sabes. Hasta que se levantó de entre los muertos tres días después.

Ya que habían enseñado a su ‘amá en la tele llorando con un pañuelo arrugado y a su ‘apá diciendo “Era mi princesita”, y después de que las alumnas nos tuvimos que gastar el dinero que juntamos pa’l viaje a Padre Island pa’que se comprara un ramo de gladiolas blancas con un banderín que decía “VIRGENCITA, CUÍDALA” y que toda la pinche escuela se tuvo que recetar una misa solemne en su honor, mi tocaya se avienta. Aparece en la delegación de policía del centro y dice: “Que no estoy difunta”.

¿Tú crees? Y eso que sus papas habían identificado el cuerpo en la morgue y todo. “Creo que estábamos demasiado afligidos para examinar el cuerpo como es debido”. ¡Ja!

A fin de cuentas nunca llegué a conocer a Max Lucas Luna Luna, ¿y qué, verdá? Lo único que estoy diciendo es que ni siquiera podía morirse bien la hocicona. Pero, ¿de quién es la carota famosa que está en la primera plana del San Antonio Light, del San Antonio Express News y del Southside Reporter? Ni te cuento, girl.

Por Sandra Cisneros

*Texto de El arroyo de la Llorona (1981).

Comments

comments