Por Luis Antonio Malpica Gutiérrez

El consumo de drogas y la enorme cantidad de traficantes han rebasado por mucho a las autoridades en todos los niveles, y lo peor habría de venir hace algunos días en la ciudad guerrerense de Iguala, en donde nuestras autoridades admiten que fue la delincuencia organizada quien con toda impunidad asesinó a más de cuarenta personas, simple y sencillamente porque estaban invadiendo su territorio, como quien dice que hay zonas de exclusividad en las que solamente ellos pueden cometer todo tipo de fechorías.

Diego Osorno nos comparte en este libro una serie de testimonios recopilados durante la marcha del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, encabezada en su momento por el poeta Javier Sicilia. Este autor nos narra en una forma sencilla y comprensible diversos episodios llenos de maldad, en donde las víctimas no solamente fueron los desaparecidos, los asesinados, los secuestrados y los mutilados, sino también todos los integrantes de cada una de tantas familias. Ha sido y sigue siendo afectada toda la sociedad, a fin de cuenta todos hemos resultado heridos. Ya no somos libres de deambular por nuestra comunidad sin pensamientos temerosos, sin pánico a sufrir esta violencia que se respira por donde quiera. Hoy sabemos que los códigos de estos salvajes no tienen límites y lo que empezó como la compra-venta de sustancias prohibidas ha tomados diversas rutas, como, por ejemplo, el robo a mano armada, el robo de autos, el secuestro, la trata de blancas, el cobro de piso, los asesinatos más crueles y la mutilación a secuestrados, secuestros diversos sin importar si se trata de niños o de adultos.

Pero lo más triste en todo esto es la existencia de la complicidad de los gobiernos. En México los narcotraficantes gozan de todas las garantías, y por su parte los gobernantes de la unión americana se hacen los desentendidos del enorme tráfico de armas que se fluye hacia nuestro país para que los traficantes de drogas impongan la ley del asesinato a quienes no se sujetan a sus condiciones. Por eso gobernadores, presidentes municipales, diputados, senadores, altos mandos del ejército y jerarcas de las diferentes iglesias se acogen a su voluntad. Sicilia, en su desesperación e impotencia, realizó el intento de llamar a la conciencias de gobernantes y ciudadanía en general a terminar con la famosa guerra contra las drogas, pero en lugar de aminorarla, tal parece que sólo le echó gasolina al fuego, pues les dio mayor importancia a los carteles y favoreció a los norteamericanos para tener más cuidado al realizar los operativos de introducción de armas a nuestro país.

Desafortunadamente este problema va a prevalecer durante mucho tiempo, o hasta que se extermine nuestra sociedad, porque mientras no haya empleos bien remunerados para los ciudadanos de los países pobres, éstos se seguirán integrando a los diversos carteles de la droga con la idea de alcanzar salarios suficientes para cubrir sus necesidades. López Obrador apostó a una mejor educación dejando abierta la matricula en las universidades y a la construcción de nuevas refinerías que permitieran al país abatir costos de producción y transporte entre algunas de sus medidas económicas, pero desafortunadamente el gobierno en el poder no muestra la menor intención de tocar estas propuestas que nos permitan una mejor calidad de vida a todos los mexicanos.

Osorno trata de mostrarnos más de cerca el horror que vemos diariamente en los periódicos, pero la sociedad ha llegado a un perverso grado de deshumanización en el que todos esas atrocidades las observa como pan de todos los días. Sin embargo, su esfuerzo y valor es algo loable, aunque de alguna forma demerita su trabajo al irse a los extremos y colocar al protagonista principal casi como un héroe.

Sin embargo, sabemos que existe la necesidad de transformar nuestro entorno, y lo que haga un pequeño grupo de afectados directamente no será suficiente, porque solos podrán hacer muy poco. Es necesario que todos aportemos nuestras ideas y acciones con el fin de poner fin al exterminio que estamos viviendo.

 *Este ensayo fue elaborado como parte del Programa de Lectura y Redacción Crítica de la Sección 22 de la SNTE

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