Por Miguel Ángel García Tomas

Recuerdo que hace tiempo, cuando cursé la escuela secundaria en el estado de Baja California Sur, no ocurrían cosas emocionantes. Lo más impresionante que viví fue cuando un helicóptero surcaba los cielos sobre la escuela: todos nos asomamos con asombro a ver aquel suceso, movidos por la curiosidad y el deseo de que aconteciera algo diferente, porque realmente en Ciudad Constitución se enarbolaban la paz y quietud; no se escuchaban rumores de asaltos, asesinatos, ni secuestros, y mucho menos matanzas y desapariciones forzadas.

Me remoto a los años 90, cuando lo que despojaba del sueño a muchos, y que inclusive originaba pánico en aquel lejano estado del noreste, era que ocurriera un temblor de gran magnitud. O en el caso de algunos románticos, ese temor infundado nacía de las noticias de cierta televisora, donde se retrataba una rebelión de indígenas “locos” del estado de Chiapas que comenzaban un movimiento de emancipación; se sembraba el temor de que éstos extenderían su masacre y sus ideas insurgentes por un país en el que reinaban la paz y la calma, y se suplicaba con gran temor que no se desatara la violencia. Cuan alejados estábamos de nuestra actual realidad.

“En México mueren miles de personas, y les pido a los manifestantes que se pongan de pie y guarden un minuto de silencio”. Con ese crudo e impactante mensaje del poeta Javier Sicilia en la Unión Americana durante su participación en una conferencia sobre drogas comienza su nuevo libro Diego Osorno, titulado Contra Estados Unidos, bajo la línea temática de crónica.

Hay temas que pueden llegar a ser escabrosos e inclusive tratados como tabús. Desafortunadamente, el tema de la guerra contra el narcotráfico, emergida con vileza durante el sexenio del beodo presidente panista Felipe Calderón Hinojosa, bautizado por los más audaces como “FECAL” (nada alejado de su personalidad), creó la época más atroz y oscura del México Moderno. Si bien es cierto que en décadas anteriores existieron eventos que marcaron nuestra historia, nada ha sido tan desgarrador como las desapariciones forzadas y las matanzas a diestra y siniestra a plena luz del día, ocurridas a pocos meses de iniciada esta mal llamada guerra contra el narcotráfico. Se supone que el objetivo del gobierno federal consistía en terminar con una forma de vida deshonesta, no obstante, lo único que originó fue el comienzo de un clima desbordado de caos y violencia que aún persiste en la actualidad y en el que los más afectados son, como siempre, aquellos que no deseaban una guerra declarada sin ninguna caución para ellos mismos, “los ciudadanos”.

Osorno nos muestra la otra cara de la guerra contra el narcotráfico: el rostro de los afectados, de los que se menciona en las estadísticas como un número más o un “daño colateral”, acompañando en todo momento a personajes que develan el rostro del sufrimiento, de la pérdida, del dolor, del aciago. Pero sobre todo, el autor nos permite conocer a fondo el sentir de un personaje clave de la llamada caravana por la paz, surgida como un movimiento de dignidad y denuncia de la nefasta impunidad que siempre ha acompañado a los gobiernos de nuestro país. Diálogos con un poeta en silencio, una parte clave para entender esta obra. Nos narra a manera de episodios novelescos datos relevantes y en algunos casos devastadores del peregrinaje.

Sin duda un libro que debe ser leído por todo mexicano interesado en conocer realmente qué consecuencias trae una guerra mal planeada, sobre todo para aquellos que hacen de su vida un motivo para revelarse contra el llamado mal gobierno, en donde la revolución, las ideas anarquistas y las drogas siempre serán una terrible combinación.

Sólo queda por decir que lo único que la guerra contra el narcotráfico trajo consigo fue la pérdida de nuestra paz. A pesar de todo, siempre será necesario no perder la esperanza. En algún momento de nuestra caótica vida creo fervientemente que volverá a reinar de nuevo la paz. Desafortunadamente, mi concepto de paz se diferencia notablemente de aquel manejado por los poderosos; en consecuencia, el temor de todo mexicano será que esa nueva paz cueste aún más vidas de las que se pretenda salvar. En México lo único seguro es que los buenos siempre serán los únicos malos.

*Este ensayo fue elaborado como parte del Programa de Lectura y Redacción Crítica de la Sección 22 de la SNTE 

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