Por Arturo Benito Morales Ramírez

EL TEMA. Totalmente actual y vigente. Emprendido por un presidente de la república mexicana usurpador que poseía una visión extravagante y arbitraria acerca del poder y de la administración. Un personaje que nunca pudo rebasar la línea de la mediocridad y pretendió hacer historia desde su propia visión absoluta, precaria y equivocada; actuación política que arrastró a la población mexicana al mayor desastre en relación a la pérdida constante y creciente de vidas humanas, al establecimiento de un sistema corrupto de gestión y administración y hacia la barbarie expresada en los últimos tiempos.

EL/LOS PERSONAJE(S). El poeta Javier Sicilia y todos los integrantes de la Caravana por la Paz, quienes, motivados por razones muy ligadas a sí mismos, desde la pérdida de un familiar o amigo, hasta la ofensa y el agravio causados por la corrupción y la falta de justicia, se integraron a este acto de rebeldía para expresar su sentir y su repudio por las formas de hacer política en la República Mexicana. Política que no hizo más que desatar las formas más podridas de las relaciones de poder que se dan en las elites políticas y económicas de nuestro país. Un centenar de personas integraron esta caravana: entre sobrevivientes, familiares de desaparecidos o asesinados, e incluso personas que quedaron sin un solo familiar.

LA POLÍTICA. Presentada como una guerra cuyo propósito era desarticular los elementos del mercado constituido por la producción, el traslado, la distribución, venta y consumo de drogas ilegales. Sin considerar que la llamada guerra también se transformó en un mercado, donde el narco y la guerra son dos elementos que obedecen sus leyes y sus reglas, en donde hacer invisible este mercado de las drogas en Estados Unidos tienen nombre y apellido.

Lo que logra el autor es llevar a los lectores a compartir la esperanza de que en nuestro país, en algún momento de nuestra historia, será posible construir las relaciones de justicia, todo ello a partir de la fuerza basada en sus pies y en sus corazones, para hacer un recorrido que cimbró las conciencias y fue un acto más allá de lo común. Una odisea que en algún momento será reconocida y retomada para hacer valer los derechos más elementales de la persona.

LOS INVISIBLES. Las preguntas son: ¿Por qué cuando Gary Webb, el periodista que descubrió los nexos entre el tráfico de cocaína y las guerras centroamericanas, no hubo reacción ni se le otorgó credibilidad en los Estados Unidos? ¿Por qué las autoridades estadunidenses no reconocen la existencia de carteles de la droga en su país?

LOS ENTREVISTADOS. Personajes como el mismo Javier Sicilia (“Yo me pregunto: si esta guerra de Felipe Calderón y de Estados Unidos no existiera, mi hijo estuviera vivo”) o Emilio Álvarez Icaza (“Una parte de la violencia se explica por lo que sucede en Estados Unidos: la industria de las armas, el trasiego a México y el armamento de las bandas”). El congresista estadunidense John Lewis, compañero de Martin Luther King, quien estuvo dispuesto a colaborar desde su espacio con los fines de la caravana. Ricardo del Conde, cineasta que en todo momento acompañó la caravana para documentar las acciones por la paz. Quien enarboló la protesta contra la criminalidad y el narcotráfico fue el analista Sergio Aguayo, que hizo suyas las causas y las demandas del movimiento por la paz y contra la guerra sucia.

LOS RESULTADOS Y PARTICIPANTES. La prueba que hizo la luz es que se pudiera detener la guerra y no hemos hecho más que visibilizar el dolor. Quizá un alcance esperado sería que el estado, a través de sus estructuras, se dedicara de manera más creíble y eficaz a hacer visibles, en un primer momento, a los grupos que operan las grandes mafias que trafican las drogas, desde los distribuidores hasta los políticos que las administran, para después desmantelar estos poderes ocultos.

LOS COMPLICES. La sucursal HSBC de Nueva York ha lavado 18 mil millones de dólares. Esto es muestra de la corrupción imperante en el vecino país, de que no se investigan ni se delatan esas relaciones económicas y de poder que se solapan porque así conviene a sus intereses, los intereses de los poderosos que controlan los mercados de armas, de drogas y del dinero.

Como buena crónica, la descripción es consistente en todo el libro. Describe lugares; los espacios sobre los cuales ocurren los hechos, sus elementos, que juegan a veces un papel decisivo en la historia y que nos aportan un repertorio de emociones. Los personajes más bien son descritos de manera subjetiva, atendiendo sus impulsos, sus razones, sus actitudes, sus respuestas y sus conclusiones; el ya basta a una guerra estúpida que está dejando miles de muertos, desplazados y miserables, descritos por el gobierno como “daños colaterales”. Y por último, el autor hace la descripción de los procesos o SITUACIONES vividas, exponiendo de manera ordenada las fases vivenciadas, indicando qué sucede en cada fase y cómo sucede, enriqueciendo el lenguaje escrito y trasladando al lector a lo que tuvo lugar en otro tiempo y en otro espacio.

La narrativa que utiliza Osorno es directa, secuencial y explicativa, y en este caso, tratándose de crónicas, las historias surgen de hechos reales. A través de este tipo de texto, el autor establece una comunicación con sentido y emociones que refuerzan la experiencia contemplada, y hace de esta forma de comunicación una manera de hacer historia significativa. Los apartados del libro se constituyen en una secuencia ordenada de sucesos y vivencias según el progreso de Caravana por la Paz.

*Este ensayo fue elaborado como parte del Programa de Lectura y Redacción Crítica de la Sección 22 de la SNTE.

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