Por Antonio Hernández 

No hay que olvidar que está limpiando de lacras la ciudad.

Héctor Benavides (conductor de noticias), en la película Cazador de Asesinos

Hace pocos días se cumplió un aniversario más de la muerte de Homero López de la Cerda, bajista y voz original del conjunto norteño Los Cadetes de Linares. Recordemos que, como en su interpretación del corrido de “Arturo Garza Treviño”, trágico fue su final, por un accidente de carretera.

A la manera de diferentes artistas que perdieron la vida en la plenitud de su etapa creativa, la ausencia física de Homero Guerrero ha vuelto más importante su trascendencia en la música norestense. Seguramente son pocas las personas por esta zona de México que al menos en alguna ocasión no hayan escuchado interpretaciones del conjunto originario de Linares, Nuevo León.

Aunque sus contenidos no son totalmente de mi agrado, los discos que dejaron grabados con interpretaciones de boleros norteños son de auténticos maestros en ese tipo de música. Donde hablamos de otro nivel es en sus corridos. Cualquiera que elijan, es interpretado magistralmente. Y donde también debemos reconocer todo el mérito, son sus grabaciones con polkas, redovas y chotises, con las cuales se discuten ejecuciones musicales bien realizadas, con títulos que evocan la geografía y poblaciones del noreste nuevoleonés.

Dada la variedad de éxitos en sus interpretaciones, considero la más representativa del conjunto aquella cantada con la voz de Homero Guerrero, el corrido del “Cazador de Asesinos”, la obra mejor lograda del grupo norteño. Aunque describe épocas violentas del siglo pasado, nada ha cambiado si comparamos esos días con nuestros tiempos de horror. En este corrido, con la narración en voz del vocalista, a ritmo tranquilo, cuenta la historia sobre la aniquilación de numerosos pistoleros de Nuevo León y Tamaulipas. Esa grabación narra el equivalente en Monterrey, correspondiente a la “limpieza” cíclica de sicarios y delincuentes por parte de los “cleaners”.

Recuerdo haber acompañado a mi padre y madre a presenciar el estreno de la película “Cazador de Asesinos”. Fue en el cine Norma, ubicado en el centro de Guadalupe, Nuevo León. La asistencia del personal fue a nivel masivo, y por mucho tiempo se habló de la película, dado que en la misma se recreaban los tiempos violentos que siempre -en diferentes grados- han estado vigentes en nuestra región norteña. La obra clásica tuvo un impresionante éxito en las salas donde se proyectó (las noticias de la época relatan 52 semanas de permanencia en los cines).

En el film, cuando el personaje de Mario Almada (el Cazador de Asesinos) agobia a la ciudad de Monterrey con sus numerosos homicidios de criminales, Roberto Guzmán, compañero del sicario del pueblo, sin saber que su amigo era el justiciero misterioso, dice acerca de este, con voz grave:

Es alguien que quiere exterminar a todas las lacras de la ciudad.”

Luego Mario Almada, ante la súplica bondadosa del sacerdote interpretado por el conductor Rómulo Lozano para que cesara sus deseos de venganza, este le responde con profundo rencor, justificando así su misión de limpieza:

Son maniáticos. Entiéndalo. Son bestias que deben ser destruidas”.

Poco tiempo después de esa película ocurriría la muerte de Homero Guerrero, en un accidente por los rumbos de la carretera a Reynosa. Antes de ello había participado en la obra “El Criminal” (basada en el corrido “Jesús El Pata de Palo”), en donde el conjunto interpretó varios de sus éxitos. Sin saber que serían sus últimas presentaciones como grupo, luego el director de la película rendiría homenaje a la presentación de Homero Guerrero, al finalizar la misma. Meses después, Lupe Tijerina haría lo mismo con su creación “Adiós, amigo del alma”.

Como se sabe, los corridos gustan porque los hechos hablan. Fue en la época de Homero Guerrero cuando se publicó el LP “Pistoleros Famosos”, obra maestra de la música norteña en su valoración tradicional de conjunto. Empieza el disco de larga duración con el corrido de “Pistoleros Famosos”. Pero eso es apenas el inicio. Otros personajes de época fueron inmortalizados en esa obra irrepetible: Eleazar del Fierro, Dimas de León, José López, o Arturo Garza Treviño.

Si usted gusta de recordar el arte mexicano de los Cadetes de Linares, y en particular el bajo sexto de Homero Guerrero, escuche la redova más bonita, llamada “El Ayancual”, nombrada así por el arroyo que aún fluye por las suaves lomas de la Planicie Costera del Golfo, en los rumbos de Ramones y China, Nuevo León.

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