Reflexiones y contextos de la resistencia anticapitalista».

Por Arnoldo David Díaz Tamez

Históricamente, las cosas más terribles (guerra, genocidio, esclavitud) resultaron no de la desobediencia, sino de la obediencia”

-Howard Zinn-

Sabemos que Monterrey no es precisamente una ciudad con una amplia historia de lucha contra el Estado y/o el capital, no porque ésta no exista, sino porque jamás nos la han contado.

En los últimos años, Monterrey ha albergado una enorme cantidad de organizaciones que en conjunto llamamos movimientos sociales, sobre todo en el periodo que va del 2010 al 2013, que poco a poco se va posicionando y documentando de maneras superficiales y más anecdóticas que reflexivas. Pero hay otros momentos en los que pareciera que no existe nada; sólo el recuerdo de las personas que participaron en tal o cual actividad.

Para no hacer largo el cuento, Monterrey es una ciudad incompleta. Incluso entre historiadores nos hemos dado cuenta de que no sabemos prácticamente nada sobre nuestra ciudad. En este contexto es necesario rescatar la memoria, documentarla y reflexionar sobre nuestro pasado, y el campo de los movimientos sociales es una excelente línea a seguir, ya que abre las puertas a las condiciones de vida en un determinado momento, las relaciones sociales, la música, la función del Estado, etc.

Uno de los episodios más interesantes de la historia de los movimientos sociales en Monterrey es el 25 aniversario de Dos Días de Colectividad (DDC), evento donde se mezclan el aprendizaje colectivo, la música y el arte en general. Ahí se forma lo que los anarquistas llaman colectividad. Esta idea se basa en el desconocimiento del Estado y sus instituciones, posicionando al espíritu público y colectivo como única autoridad basada en la igualdad, la fraternidad y la libertad, aunque sea por un fin de semana.

Los primeros DDC tuvieron lugar el 11 y 12 de agosto de 1990. Se han realizado 15 eventos desde entonces. Organizados de manera anónima y desinteresada (salvo algunas excepciones), los DDC se han convertido en un hito de la cultura hardcore punk. Cientos de bandas locales y nacionales del mundo underground e independiente han compartido escenario en Monterrey. Algunas han desaparecido, pero para muchas, este escenario ha servido para despuntar sus carreras.

Ponerme a describir todas las actividades que se han realizado en los DDC sería una tarea imposible, sobre todo porque el registro de los eventos no es tan rico, aunque ha ido aumentando gracias a las redes sociales, donde se comparten fotos y anécdotas. Pero imagínense dos días enteros llenos de ponencias, performances, teatro callejero, diversos talleres de contracultura y chingos de punks por todos lados. Eso son los DDC.

Pero es importante ir un poco más allá de la simple descripción. Los DDC son más que eventos enormes y divertidos. Su relevancia radica en las redes que generan (cosa que por ahora es casi imposible de rastrear) y en su contexto, que puede identificarse sin dificultad a nivel nacional e internacional.

Los DDC surgen del crecimiento del movimiento hardcore punk en Monterrey, donde bandas como Disolución Social, Derechos Humanos, Cabezas Podridas, entre otras, ponen gritos y ritmos rápidos a la inconformidad de cientos de jóvenes marginados. “Ratas al timón”, “La policía te reprime” y “Ambiciones lujuriosas de poder” se vuelven himnos para un sector de la sociedad que con el paso de los años vio cómo todo subía de precio mientras su salario se quedaba igual…

Supongo que ya saben cuál es el contexto de esta historia. El neoliberalismo llega a México como solución a la desastrosa crisis económica de 1982, y para 1993, el anuncio de la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) preocupa a todos los sectores en resistencia. Surge entonces en Chiapas el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), que comienza un nuevo proceso de resistencia a nivel nacional e internacional, donde el gobierno corrupto —en todos sus niveles y presentaciones— y el neoliberalismo, representado en el TLC y EUA, son los principales enemigos visibles. El movimiento globalifóbico surge en todo el mundo, siendo el EZLN una de sus principales fuentes de inspiración.

Con las propuestas del EZLN y sus siete principios del mandar obedeciendo —servir y no servirse; representar y no suplantar; construir y no destruir; obedecer y no mandar; proponer y no imponer; convencer y no vencer; bajar y no subir—, los jóvenes anarcopunks de México ven en los rebeldes de Chiapas un camino a seguir. Las propuestas del anarquismo colectivista armonizan casi a la perfección con las múltiples Declaraciones de la Selva Lacandona, y si a eso le sumamos el hartazgo, la represión y la esperanza de un mundo mejor, definitivamente el zapatismo muestra el camino a seguir.

Cuando el EZLN convoca a la creación de un frente que lleve los principios del mandar obedeciendo a las zonas urbanas en todo México, los anarcopunks de Monterrey que se agrupan alrededor de organizaciones como la Coordinadora Apoyo Mutuo, pero principalmente alrededor de la organización de los DDC, responden al llamado y se suman al Frente Zapatista de Liberación Nacional.

De aquí en adelante, el anarquismo en Monterrey será reconocido a nivel nacional e internacional con la organización de la Anticumbre, respuesta contracultural y libertaria a la Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo realizada del 18 al 22 de marzo del 2002. El evento se enmarca dentro de la resistencia globalifóbica, donde por toda una semana se toma y se acampa en el espacio de la Alameda, en el centro de la ciudad, y se realizan una gran cantidad de eventos de contracultura, resistiendo a la marea neoliberal que hoy en día nos está comiendo.

El movimiento anarquista en Monterrey, con entidades como la Alianza Comunista Libertaria, la Organización Popular Anarquista Revolucionaria, el Grupo Socialista Libertario, entre otros grupos e individualidades libertarias, se convierte en la punta de lanza de los movimientos sociales en Monterrey durante la última década del siglo xx y la primera del siglo xxi; se vuelve un referente organizativo a nivel nacional y contribuye a los debates teóricos del anarquismo contemporáneo a nivel internacional.

Considero que todo esto se logra gracias al arduo trabajo de múltiples individuos que desde 1990 han organizado los Dos Días de Colectividad junto con los que han participado, ya sea tocando, platicando o creando. El hecho de que este año tengamos otros DDC (a realizarse el 14 y 15 de noviembre de 2015) después de una pausa de cinco años nos muestra que en Monterrey sigue existiendo un amplio sector de la sociedad que rechaza los valores de la vida burguesa y que está dispuesta a construir un mundo mejor.

Podemos ver a los DDC como un síntoma. Si éstos existen después de 25 años, es señal de que nada ha cambiado. El capitalismo salvaje sigue avanzando en el mundo y hay que detenerlo. Los DDC son una reacción a este hartazgo, muestra de que en la Chicago de México, donde ni siquiera los activistas más “radicales” esperarían que surgiera un movimiento anticapitalista, se llevan a cabo dos días donde el apoyo mutuo y el compartir conocimientos se convierten en la base de un nuevo mundo, un mundo donde el punk nos pone el ritmo y el anarquismo nos brinda las palabras para destruir al capital y toda autoridad.

Por último, quiero aclarar que la historia del anarquismo en Monterrey es mucho más antigua. Existen pocos trabajos que toquen el tema, pero hemos podido rastrear al anarquismo hasta la década de 1970, sobre todo en el amplio periodo de huelgas laborales que se desataron en la ciudad. Pero incluso algunas veces se habla de una escasa pero importante actividad anarquista en Monterrey por parte del Partido Liberal Mexicano antes de que Madero comenzara la Revolución en 1910.

Ante la falta de fuentes y el arduo trabajo que esto representa, consideramos que el estudio del anarquismo a finales del siglo xx y principios del xxi es crucial para comprender a los movimientos sociales que presentan un pequeño apogeo del 2010 hasta el 2013. Por lo que tenemos la esperanza de poder seguir encontrando estos indicios, no sólo del anarquismo, sino de todos los movimientos sociales de Monterrey, y así poder contribuir a completar nuestra historia.

Referencias:

*Ehrke, Michael. ¿Qué quieren los globalifóbicos?

*Méndez Morales, José Silvestre. El neoliberalismo en México: ¿éxito o fracaso?

*Proyecto Ambulante. Movimiento AnarcoPunk

*Entrevista con Haydee García.

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