Este es mi tercer escritorio en menos de tres meses. Lo pienso entre risas; el hecho es simpático. Se supone que estos cambios deben ocasionar en mí una serie de sensaciones y pensamientos cuasi profundos, ansia e incertidumbre. No es el caso, al menos no por ahora.

No obstante los movimientos migratorios y la mudanza de la carpa, el proyecto aún palpita. Todavía hay pasión narrativa y pulso en la mano que intenta esbozar las facciones y la sangre de esta urbe; todavía hay muchas historias por contar. Mientras no se acabe el trabajo, no nos queda de otra más que cargar con la oficina en el lomo y acomodarla donde sea para reanudar la escritura.

Estamos en pleno marco de la FIL, y notaran que este número es bastante libresco; no sabría decir qué tan accidental fue eso. Cristina Sada nos comparte una porción de su libro Perfume y Pólvora; Daniel Melchor vuelve para hablarnos del profeta de la violencia, Eduardo Parra; un anarquista expone en la primera de dos entrevistas con nuestra Denise Alamillo su proyecto de biblioteca comunitaria compuesta por libros “expropiados”. También estrenamos una sección de cuentos semanales con “Pinches drogadictas putas”, pieza que nos remite al humor trágico de O. Henry. Y, por supuesto, todavía hay ornitorrinco, obituario y necrológica.

Como pueden ver, todavía movemos el rabo. ¿Qué más puedo decir? 

CK

buzon@elbarrioantiguo.com

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