Cuando me preguntan por mi labor en el periódico me gustaría responder que escribo en sus páginas, que firmo dos que tres crónicas y aunque rara vez tengo ese placer que desde pequeño llamó mi atención, mi labor es más simple. Calibrar fotos, acomodar textos, hacer ilustraciones es el pan de todos los días, aparte de diseñar publicidad y de repente colaborar haciendo reseñas de conciertos en El Ornitorrinco. Desde la calle de Aramberri donde compartimos código postal con la casa que hoy es el centro de atención en la Necrológica Urbana, le entregamos el número 22 de El Barrio Antiguo, un proyecto que se antoja caprichoso y pese a toda turbulencia, seguimos llevando a ustedes. Le proveemos la otra historia de la ciudad, esa que pocos se atreven a leer, a comentar, a aceptar como suya pero, que nos pertenece. 22 números significan 22 semanas que es poco comparado con la vida del diario 8 Columnas de Guadalajara, el cual cerró sus páginas por la codicia de dos hermanos; o en comparación con la carrera periodística de Hugo Gutiérrez, el reportero que se infiltró a las altas cúpulas gubernamentales para denunciar sus fraudes y negocios en lo oscurito. Tenemos poco de vida, es cierto, pero lo hemos hecho con el mal hábito de escrutar, investigar, informar y llevar a usted la crónica, como forma subversiva de enfrentar a la nota diaria, esa nota vacía que cumple su función de placebo. Éntrele con ganas que por ver no se cobra, le venimos ofreciendo lo que es la crónica y recuerde, nos leemos en El Barrio.

OHG

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