Las mudanzas siempre son tediosas y ésta no fue la excepción. Por alguna extraña razón, el cambio de oficinas del periódico coincidió con el éxodo de varios de los miembros del equipo, a zonas cada vez más alejadas del Barrio Antiguo, y en ocasiones, fuera del propio periódico. A pesar del abandono del espacio físico, no puedo decir que voy a extrañar el edificio de la Calle Rojo. Porque todo nuestro equipo, nuestras aspiraciones y nuestros sueños se vienen con nosotros. Pero lo que si echaré de menos es el Barrio Antiguo, los vecinos de la colonia y el ambiente tan peculiar de los Condominios Constitución. Y claro, los colaboradores que aunque se salieron, seguirán cercanos y presentes en este semanario que ayudaron a construir. La verdad es también que no nos mudamos lejos y que seguiremos en el centro de la ciudad. De todas maneras, El Barrio Antiguo seguirá siendo nuestro punto de referencia, de eso no cabe duda. Escogimos este barrio histórico por lo que representa de bello y trágico en esta ciudad; a raíz del auge de la violencia, producto de la desigualdad social galopante en Monterrey. Es antes que nada y tan sólo un símbolo de lo que sucede en gran parte del país y es no se moverá si no hacemos nada para cambiarlo, aunque nos sigamos desplazando. En este número 21 vemos como los vecinos de la colonia Independencia se juntan para defender a su barrio de una inminente destrucción, conocemos al padre que defiende los migrantes en Monterrey, cuya ardua labor casi nadie reconoce, y aprendemos de los burros más civilizados de la urbe. Quizá ellos entiendan mejor que nosotros lo que sucede en estos momentos caóticos. Han sobrevivido a mucho y seguramente seguirán presentes en el cambio que –esperamos- está por venir en esta sociedad.

DLP

buzon@elbarrioantiguo.com

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