Hace más o menos dos semanas llegué a un edificio de piedra lila. Llegué por la curiosidad tímida del aventurero poco experimentado, con el estómago en la garganta. Llegué para aprender el oficio del periodista aunque salga lleno de raspones, aunque tenga nudos en los ojos. Llegué a encontrar un laboratorio de existencias

Me abstengo de escribir acerca de El Barrio Antiguo en base a mi experiencia directa por temor a la vaguedad y la imprecisión. Optó entonces por tratar lo que mejor le conozco, incluso si de eso conozco poco: su tradición, su legado, sus crónicas.

Creo que cualquier fuente de historias, sea una cabeza o un edificio entero, intenta convencer a su público de que los mundos relatados son reales, de que existen en los callejones o en los márgenes del ojo, de que merecen ser reconocidos por la mirada de otros porque en ellos hay humanidad. Aquí percibo una lucha por extraer a la ciudad de sus calles, de su pueblo. Estos (queridos) cronistas saben encontrar a Monterrey en las personas que lo viven; son capaces de ver el desierto en un puño de arena.

En esta edición, sea por cálculo o accidente, el trabajo tiene un lugar primordial. Las historias tratadas enmarcan los actos de cada protagonista en su rutina por sobrevivir a Monterrey y contribuir en su interminable edificación. Se habla de Margarita, la mujer que por años se ha vestido de payaso y encanta los cruceros de Alfonso Reyes y Garza Sada con su magia callejera; también, un muchacho encarna el heroísmo ignorado de quienes defendieron al pueblo de la epidemia de dengue tras los desastres ocasionados por el huracán Álex; la voz perdida de Manuel Saldaña, en contexto del asesinato de Eugenio Garza Sada, relata en entrevista sus vínculos con las intrigas del espionaje regio. Los tres, junto a muchos otros, moldean con su labor diaria el rostro siempre mutante de Monterrey. Su existir es su legado. Llegué con esperanzas de contribuir a la existencia de este periódico que narra existencias que en última instancia conforman La Existencia. La misión de El Barrio Antiguo es tan noble como ardua. Al menos no es nada solitaria. 

KC

buzon@elbarrioantiguo.com

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