La fascinación por la crónica llegó a mis sentidos hace tres meses. A la Calle Rojo de El Barrio Antiguo, entraron una mañana un par de Diegos. Me inyectaron este género en las manos y el cerebro. Aprendí. Ahora es como el día cero, en el que reinicio, me muevo de lugar, y aunque voy a donde mismo, me voy para otro lugar. Los motivos siempre son ajenos a nosotros, tienen que serlo cuando se trata de separarse de algo tan grande y entrañable como es esta revista.

Mis historias no se van conmigo de forma total, porque algunas se quedaron en la memoria de los lectores, como la del avión desaparecido de Gamesa, la de la gran ciudad que existe dentro de los Condominios Constitución o la del mundo de los chinos en Monterrey. Los compañeros de aquí, que se volvieron hermanos y que a veces la hicieron de hijos, o yo de mamá, se mantendrán en mis corazones como parte de mi familia, porque es con la familia con quien se crece y yo con ellos, he crecido. Ahora, apartándome de los sentimentalismos, es mi deber anunciarles que esta edición nos trae, como siempre, buenas historias, como la del restaurante Belmondo del Distrito Federal, contada por Daniela García, en la que habla de los emprendedores regios que lo atienden. Leonardo González nos muestra un record Guinness logrado con una mega carne asada. Y hablando de comida, Gabriel Nuncio hace una crónica del resurgimiento de la Pizza Guana. Una pinche película de acción es otro de nuestros temas, a cargo de Javier Ibarra. En este número el alcalde de Santiago jura que lo suyo lo suyo, es ser gobernante y no clarividente. Incansables “Gracias Totales” a la tinta y al papel de el Barrio, elementos indispensables para la materialización de mis relatos. El tiempo es cambio y la vida es una mudanza eterna.

MF

buzon@elbarrioantiguo.com

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