Por Flavio Sosa


Estar en el dos costas te daba estatus, no cualquier mixteco vendeajos tomaba ahí. Ahí se podía tomar Corona cuando la Superior controlaba el mercado desde Cuajinicuilapa hasta Bajos de Chila, pero también un buen tequila o un wiskacho.

Mixtecos vendeajos nos llaman despectivamente los costeños a los vallistos; nos miran con desprecio los negros y las negras, nos miran con desconfianza los indios. Las indias ni nos miran.

Ya estaban separados Los Cumbieros del Sur, pero en la rockola del Dos Costas sonaban fuerte; siempre estaban entre los grupos favoritos.

El Mar Azul era otro de los más seleccionados por los visitantes.

También sonaba recio Bertín y Lalo. Nunca los había escuchado, pero en el dos costas me aprendí “Anillo grabado”. Bueno, también me aprendí “Poquita fe” y muchas otras, pero la mera verdad, la que me llegaba bruto era “Anillo grabado.

Los Chingones parecen fantasmas y en el Dos Costas aparecían.

Leyendas vivientes, los meros meros de los corridos caían a la casona y tomaban su lugar a tu lado, en las piezas o en el corredor.

Entrar al Dos Costas era meterse a un túnel, el túnel que te llevaría a las zonas más calientes de la costa chica de Guerrero y de Oaxaca. Ahí llegaban los pistoleros, los ricos, los presidentes de las ganaderas, los políticos con sus amantes, los mariguaneros, los galleros, los apostadores, los comisariados ejidales, uno que otro oficial de la guachada, El Toño, oreja de gobernación, los pinches licenciados y también Malena, la rubia.

Ahí conocí a Don Dago, a Pedro “El Chicharrón”, a “La Roña”, el que mataba judiciales a destajo, y ahí vi jugar conquian a Malena con Chú Bello. Una noche la Malena me contó que las jugadas duraban tres o cuatro días.

La muerte se pasea en minifalda por toda la costa chica. Se encuera y te coge en los chachacuásles; toma forma de coyote y aparece en las veredas; se esconde tras el palo pa chingarte; te ventea y te encuentra en la cuadrilla donde tienes a tu querida; viaja desde Acapulco en autobús y se sube a la pasajera; va por ti a donde te encuentres. El bochorno de la costa le gusta a la muerte.

Donde vivir sin matar la vida se desperdicia, dice la chilena.

Una noche de cuarto viernes mataron a Eliades. Lo esperaron junto a su coche. Era el último eslabón de la cadena, el que faltaba; al patrón ya le comía su dedito. Lo mataron después del baile. Pa bailar era muy bueno. Eliades era un negro que bailaba y bebía como negro. Vivía en Santiago, un pueblo de indios ,y lo mataron en Huaxpala, también pueblo de indios.

La fiesta de Tata Chú no se pone buena si no hay muertos. Te pueden matar en la cantina, a la mitad del baile, en el jaripeo, saliendo de la iglesia o cuando ya te vas pa tu casa, como mataron a Eliades.

Eliades me llevó a conocer el Dos Costas. Ahí me lo advirtió: “Mira Compa si andas de pinche rojillo nomás aguanta vara, aquí a los rojillos se los quiebra el cacique. En la Costa no te mueres de viejo ni de enfermedad, te mueres de borracho o te mueres a balazos”.

A Eliades no se lo quebró el cacique por rojillo, se lo quebró porque se la debía, porque nomas él faltaba de la lista, por alguna querencia o nomas por sus puros güevos.

La sentencia pudo ser dictada en una pelea de gallos, en una carrera de caballos, en una jugada de conquian, en el mismo Dos Costas o camino al monte, teniendo nomas de testigo al arroyo.

Hace poco un amigo me contó que en otra región de Oaxaca (La Cañada), el cacique no daba las órdenes en su casa, ni en lugares públicos. El cacique te llevaba a caminar pal monte y en el camino daba la orden. Me dijo mi amigo que un día su pistolero favorito le preguntó al cacique: ¿patrón, pa qué me trae hasta el monte, pa pedirme que mate a un pendejo? Como serás bruto, te traigo hasta aquí porque aquí el único testigo es el arroyo, le contestó el viejo. Tienen sus modos los caciques.

Don Vicente era un viejo agrarista, cardenista de corazón, un líder campesino que luchó por tierra para su pueblo. Lo mismo peleaba con la ley en la mano que se ponía al frente para ocupar la tierra o tomar el palacio municipal. A ese sí lo mataron como decía Eliades por rojillo. Lo mataron cuando estaba limpiando la milpa, de un escopetazo. Un negro que llegó de Ometepec se lo comió. Nunca le perdonaron los caciques estar en contra del PRI, tampoco que su pequeña agencia le ganara un chingo de hectáreas en los tribunales a la cabecera municipal.

Don Vicente tenía como 70 años. Era un viejo de izquierda. Un día me dijo: usted no es ingeniero porque no tiene ingenio y no sabe de marxismo. ¿Cómo le explico pa que me entienda? Se preguntó y se respondió: mire, pa ganarle a los ricos necesitamos ingenieros del marxismo, pero usté es medio pendejo; ha de ser licenciado, me dijo burlón y me propuso en voz bajita, mejor vamos a organizar una guerrilla; yo tengo contactos en toda la costa, y mandemos a chingar a su madre a estos pinches partidos chaqueteros.

Tata Chú, el “padre Jesus” es el santo más milagroso y venerado en la republica de los indios mixtecos. Triquis, amuzgos, mixtecos, tacuates, chatinos, negros y mestizos bajan a rendirle culto el cuarto viernes de Cuaresma a Huaxpala (San Andrés Huaxpaltepec). Esos días se come caldo de vaca, se bebe cerveza y aguardiente, se baila un chingo y se coge un chingo, pero también esos días son los mejores pa la venganza y pa quitar del camino al que estorba.

A Chubello le gustaba la Coca embotellada. En su camioneta cargaba su reja de Coca Cola; cuando tenía sed, se echaba una. ¿Agua? Ni que fuera vaca, decía. Chú Bello era temido y respetado en las dos costas, la de Guerrero y la de Oaxaca. En la de Oaxaca tenía sus ranchos, su gente, sus mujeres, sus caballos, su pequeño imperio; en la de Guerrero pistoleros, amigos, negocios y compadres. Durante más de tres décadas fue el patrón en la costa de Oaxaca.

En tierras de Tata Chú, Chú bello era el que mandaba. Dicen que hasta Santiago apóstol, santo patrón de su pueblo, que es un santo muy bravo le tenía miedo.

En 2010 mataron a mi amiga Paty. Era una licenciada inteligente, joven, risueña. El presidente municipal de su pueblo contrató a un profesional de la muerte que vino por ella hasta su casa y la mató de un disparo en la cabeza.

Paty era líder indígena de un pueblo cuyo nombre significa en español: el lugar donde murieron varios. A ella la mataron porque la asamblea la eligió como su interlocutora ante el gobierno para exigir que el presidente respetara a su cabildo y a la asamblea, pero el presidente no toleró que “una vieja” fuera la lideresa que encabezara el descontento.

El Dos Costas ya cerró. Nunca volví a saber de Malena, Bertín y Lalo me siguen gustando un chingo. La que más me gusta de ellos sigue siendo “Anillo grabado”.Cuando la escucho, ya no lloro.

Hace unos años Chubello murió de diabetes. Chubello no es un cacique muerto, es un muerto cacique que le sigue comiendo su dedito y sus enemigos se siguen cayendo.

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