Por Uriel Erick García Ruiz

El periodista Diego Osorno presenta Contra Estados Unidos. Crónicas desamparadas (Almadía, 2014), la historia de la Caravana por la Paz, un viaje encabezado por Javier Sicilia a lo largo del territorio norteamericano en compañía las víctimas de la guerra contra el narco emprendida por el gobierno del ex-presidente Felipe Calderón Hinojosa.

El autor narra el acontecer diario durante el mes que duró esta caravana, cuyo objetivo fue tender puentes con organizaciones sociales, defensores de los derechos humanos, activistas sociales, victimas del narcotráfico y hermanos de dolor, aliados todos en la denuncia contra la violencia provocada por los protagonistas de ambos países en un negocio sangriento. Un gran aporte es, además, cómo expone la relación co-dependiente con el país vecino: el origen de las armas, el lavado de dinero, la capacitación de militares que después se convierten en sicarios de los cárteles, la criminalización racial y clasista y el empoderamiento del capital; la guerra como un negocio bilateral.

La Caravana por la Paz es la tercera realizada por el Movimiento por la Paz, que tuvo que salir a las calles cuando el Estado mexicano mostró su falta de responsabilidad con las víctimas y con la guerra misma, como parte de este negocio en donde impone la impunidad o los arrestos cuando es necesario, y el narcotráfico le corresponde produciendo dinero y capital político que brindan los arrestos en casos como el del Chapo Guzmán. La guerra y el narco son dos mercados; se rigen por las leyes del mercado, no por las del código penal, sentencia el autor. Bajo esta lógica, es compresible por qué no se adopta una sencilla metáfora: en vez de querer matar a la víbora a través de las armas, simplemente se le mata de hambre, quitándole el alimento.

Es observable aquí la perspectiva de las víctimas, que bien podrían ser el vecino o el pariente de alguien, pero que son obviados porque nos han hecho creer que no existen. Nos lo muestran en sus relatos de horror, su lucha diaria e incansable, sostenida sólo por el amor a sus familiares muertos y desaparecidos. Un dolor que no ha encontrado eco en las instituciones encargadas de brindar apoyo. Eso los une en esta caravana: encontrar justicia, parar la guerra. Firmes y dignos, afrontan en este peregrinaje las dos caras norteamericanas: por un lado los fascistas, los insensibles, los apólogos de la violencia que miran con desdén las protestas. Pero también la de los solidarios, los que comparten un dolor, los que están contra la violencia porque saben que algún día podría alcanzarlos.

En sus “Diálogos con un poeta en silencio”, parte fundamental de esta obra para comprender el pensamiento del líder visible del movimiento, Diego Osorno nos muestra al poeta que se volvió activista, al activista que se convirtió en líder y al líder que se niega a convertirse en político porque, desgraciadamente, el lenguaje político se ha degradado hasta volverse ajeno a su fin primerio: servir a la sociedad. El poeta que ha comprendido el poder del lenguaje (y también del silencio) para reivindicar la realidad, para mantener la esperanza, y que cuestiona por lo mismo el distanciamiento del escritor con la realidad social.

Este libro es también un manual de diplomacia ciudadana; la diplomacia de los desamparados, aquella que surge de la desesperación y que es propia de los olvidados, de los marginados por el Estado. Es una muestra de las nuevas rutas que tiene que tomar la ciudadanía ante un panorama que se repite a diario: de violencia, de muerte y de mucha indiferencia.

*Este ensayo fue elaborado como parte del Programa de Lectura y Redacción Crítica de la Sección 22 de la SNTE.

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