Por Antonio Hernández

Tengo presentes mis días en Coahuila. Incluido aquel cuando supe sobre las muertes de los mineros del carbón. Fue cuando junto con mis camaradas reinicié el aprendizaje en el tema de la conservación, un poco triste después de que contra mis deseos tuve que abandonar las playas del Mar de Cortés (el mar Bermejo).

De visita en el ejido Zaragoza, buscando platicar con residentes de esa zona para realizar trabajos acerca del cuidado del río Sabinas, notamos que nuestra presencia estaba totalmente fuera de lugar, ante la tragedia que esa tarde tenía ocurrencia. Mujeres sollozando, totalmente desconsoladas, debido a la muerte de sus compañeros en el pozo de carbón.

A lo largo de esos años, y hasta hoy, esas fallecimientos no han cesado. Casi inútiles han sido los esfuerzos desde diversos contextos para obligar a empresarios del carbón y a los gobiernos para regular esos aprovechamientos de manera favorable a la integridad de la vida de los mineros.

Las muertes son históricas. Cuando conocí el ejido Pueblo Nuevo, en Sabinas, supe de la existencia del mineral El Hondo, por la ribera derecha del río Sabinas. Presumido por la población local ese desaparecido sitio, dado el origen en el mismo del actor Emilio Fernández, también ahí se tiene el registro de las primeras muertes de mineros, en 1889. Las crónicas describen la muerte de 300 personas.

Mi sitio predilecto en la Región Carbonífera siempre fue el ejido Santa María, en el municipio de San Juan de Sabinas. El domingo 16 de febrero me dirigía esa zona, a visitar a un amigo y sus hijos. Teníamos planeado un recorrido al río, y fotografiar los sabinos en su aspecto invernal. Para llegar a la zona se debe pasar por el mineral Pasta de Conchos. Esa tarde fue inusual, porque la movilización de policías y Protección Civil en la entrada de la mina indicaban que una vez más había ocurrido algún accidente. Pero la intensidad de la misma indicaba una tragedia con dimensión horrible. La muerte de 65 mineros fue la confirmación de la peor tragedia reciente sobre la comunidad minera en la Región Carbonífera de Coahuila.

Un punto relevante sobre los mineros y sus familias es la justicia. Grupo México, responsable de la operación del mineral, asociado con el gobierno mexicano, siempre ha obstaculizados el rescate de los cuerpos. Añadido, la secretaría del tema, mediante una argucia, ha reactivado la vigencia de la concesión minera en Pasta de Conchos, antes suspendida dados los alcances de la explosión bajo tierra.

La muerte de mineros no es la única consecuencia asociada a los aprovechamientos de carbón administrados por Grupo México. El aspecto ambiental es uno que conlleva destrucción sin freno. La planta coquizadora de esa trasnacional, en Nueva Rosita, Coahuila, por años ha tirado desechos provenientes de sus operaciones a las aguas del río San Juan. Este afluente, junto con el Río Sabinas, forman parte del Área Natural Protegida “Cuenca Alimentadora del Distrito Nacional de Riego 04 Don Martín, en lo respectivo a las Subcuencas de los Ríos Sabinas, Alamo, Salado y Mimbres”.

La trascendencia del espacio que contaminan no solo es reconocida en México. En el contexto internacional, el complejo de los ríos San Juan-Sabinas está reconocido como un sitio RAMSAR, por la Convención Relativa a los Humedales de Importancia Internacional, dadas las relevantes condiciones de los ecosistemas de ese río en zona árida. Ninguna acción efectiva ha implementado la minera para prevenir y restaurar los impactos ambientales dañinos que ha ocasionado al importante hábitat acuático.

Las esperanzas de que la situación adversa a los mineros se modifique son escasas. Después de la explosión en Pasta de Conchos, las muertes en los aprovechamientos de carbón se mantienen vigentes. Y también sigue dominante la apatía de los gobiernos en todos los niveles para cambiar el contexto de muerte.

A 9 años de ocurrida la muerte de mineros, las investigaciones no se han reflejado en justicia para las familias agraviadas, y los muertos bajo tierra. Eso lo tienen claro los trabajadores de la Región Carbonífera de Coahuila. En San Juan de Sabinas, la Sección 29 del Sindicato de Trabajadores Mineros tiene rotulado en su sede física un mensaje certero: “Germán Larrea Mota Velazco: eres un asesino, y tu riqueza esta manchada con la sangre de los mineros que asesinaste en la Mina Pasta de Conchos.

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