Por Antonio Hernández

Para Liz

El proyecto Monterrey VI, vía sus promotores, va definiendo su tendencia de caída. La intensa promoción en medios es una señal clara de ello. El gobierno de Nuevo León, ante la incapacidad para demostrar la sostenibilidad de una obra –es objetivamente imposible manifestar que se trata de un proyecto que cumpla con esa condición- ha elegido la propaganda descarada, con argumentos que apelan a la idiotez de la comunidad.

Con su propaganda parece su deseo que la ciudad se vuelva ansiosa a demandar que el agua del Pánuco fluya en las llaves de sus casas. Y hasta ahora no veo a integrantes de nuestra comunidad anhelando las aguas de ese alejado río en sus hogares. Solo advierto gobernantes desesperados por convencer que si esa obra no es desarrollada como lo plantean, la ciudad está destinada a desaparecer. No hay más ruta que la suya.

A la administración estatal ya no le importan las razones para defender a ese proyecto público. Su astronómico negocio se tambalea, y ante la evidencia, parece que solo les queda el recurso de la mentira.

Ante el peso de las razones para que Monterrey VI sea desechado de manera definitiva, con los medios de comunicación realizan alianzas alejadas de un comportamiento guiado por el interés público. La prensa escrita –El Horizonte y Milenio Monterrey-, y la televisión -Multimedios, vía Héctor Benavides- con el negocio que representa la ganancia monetaria de ser la voz del gobierno, olvidan convenientemente que forman parte de una comunidad cuya viabilidad depende de un crecimiento planificado, con un manejo delineado por criterios de sostenibilidad. Parece que solo les importa el ingreso de dinero a sus cuentas, y los asuntos públicos que sean solo como los dicte el gobernante. El que paga manda, han de especular. Renuncian voluntariamente a decidir sus negocios sin que estos impliquen afectaciones adversas a la ciudad.

Otra circunstancia que empuja la cancelación de Monterrey VI es el tiempo electoral vigente. Con pragmatismo, quienes ostentan las candidaturas para gobernar Nuevo León han manifestado, en diversos grados, oponerse a esa obra trasnochada. El acueducto transcuencas seguramente va a compartir el destino de otros proyectos de su especie –el teleférico en Cerro de la Silla o el Arco Vial Sureste-, que ante los tiempos de elecciones, simplemente fueron dejados en el olvido. Nadie ha de querer llevar sobre su campaña el lastre que representa esa obra.

El tema de garantizar el acceso al agua potable en la ciudad no debe cancelarse cuando se verifique la degradación sostenida del Monterrey VI. El criterio de planificar territorios con aquellos límites que definen las cuencas es un camino posible. Sin considerar aquellas que involucran a la presa Cerro Prieto, las subcuencas que rodean nuestra ciudad son la base del crecimiento que hemos de buscar.

Somos el Pueblo de los Seis Ríos. Seis subcuencas hidrográficas son las que nos han sostenido en todos los tiempos de la ciudad. Con afluentes desde los bosques en las montañas, o atravesando zonas áridas, el agua ahí está presente.

Salinas, Pesquería, Santa Catarina, Ramos, San Juan y Pilón. Esas son las geografías acuáticas que contienen los recursos que han de establecer, con sus abundancias y austeridades, el destino del crecimiento en Monterrey, bajo el criterio básico de la disponibilidad de agua. Eso, y no la corrupción gobernante, es ejemplo de sostenibilidad.

 

Comments

comments