Por Ramón I. Centeno

Éramos unas 250 personas. Londres. Mexicanos de diversas partes del Reino Unido. De Sheffield fuimos 10, salimos a las 8:30am y llegamos a la Victoria Coach Station pasado el medio día. Inmediatamente nos dirigimos a Downing Street, donde reside el primer ministro. Para ser más exactos, llegamos a la banqueta opuesta a dónde se encuentra la caseta de acceso a esa calle.

Meses antes, en octubre, estábamos varios amigos en el Blake Hotel, un pub donde los únicos extranjeros que van somos algunos mexicanos que vivimos por ahí, en su mayoría estudiantes de doctorado. En algún momento, Juanita y yo preguntamos a Martha: “¿y si hacemos algo por lo que pasó en Ayotzinapa?” En esos días, esta pregunta se hacía sola, en todos lados. En Inglaterra surgieron grupos de solidaridad con México en unas 6 ciudades.

Los mexicanos anfitriones de Londres nos recibieron en una especie de corral, donde la policía británica autoriza las manifestaciones frente a Downing Street. Ya habían llegado también los de Sussex y Nottingham. Tuvimos una pequeña asamblea todos los presentes. Nadie sabía con exactitud dónde estaba Peña Nieto en esos momentos. Como fuera, el clímax de la protesta ya se había convocado a partir de las cuatro de la tarde. Los de Manchester llegaron a las 2pm, cruzando la calle en entrada triunfal: “¡Zapata vive!” Desde el corral respondimos: “¡La lucha sigue”! ¿Debíamos traducir al inglés?

El Día de Muertos, en Sheffield, discutíamos cómo abordar la barbarie de Iguala. La sociedad latinoamericana había reservado un espacio para la ofrenda en la entrada del edificio de la unión de estudiantes de la universidad. Primero pusimos las fotos de los 43 normalistas desaparecidos en la ofrenda. “¿Estamos diciendo que están muertos?”, objetó Andrea. Trasladamos las fotos a un lado, en una mampara improvisada, con una breve explicación.

Unas compañeras de Cambridge y Andrea se maquillaron de calaveras, con un cartoncito en el cabello: “Mexico has a skelleton in the closet”. Nunca se cansaron de gritar. Y los medios presentes tampoco se cansaron de retratarlas. En una especie de poesía obvia que todos entendíamos pero nadie iba a pronunciar, ellas sintetizaban el mensaje. ¿Había algo más elocuente que unas calaveras vivientes personificando a los vivos convertidos en calaveras?

En enero Bianca corrió medio maratón con dos amigos suyos, una inglesa y un francés. Se adentraron en la orilla boscosa de Sheffield que se conecta con el Peak District. Los británicos usan este tipo de iniciativas para recaudar fondos para alguna causa. El resultado: más de £700 que fueron transferidas a las familias de Ayotzinapa para ayudar a financiar sus gastos de lucha.

El 3 de marzo, entre cuatro y seis de la tarde, éramos unos 250, en su mayoría mexicanos, denunciando la barbarie en México que hizo posible la tragedia de Iguala. Y de paso, denunciando al gobierno británico por prestarse a limpiarle la cara a Peña Nieto (a cambio de promesas petroleras). Mitin, consigas y mantas en inglés; calaveras vivientes con nariz aguileña. Mientras Peña aburría con un discurso al Parlamento británico, ahí frente al Big Ben que nos miraba, fuimos a gritar en español que si Zapata viviera, con nosotros estuviera. Aunque bueno… si viviera no precisamente estaría en Londres.

Comments

comments