Por Sergio Osvaldo Valdés Arriaga

Dirigido por Olallo Rubio, ¿Y tú, cuánto cuestas? (2007) no se limita a hablar del dinero y sus derivados como el poder y la guerra, sino que va más allá, comparando la cultura mexicana con la estadounidense.

Rodado en las ciudades de México y Nueva York, se nos presentan diversas entrevistas a civiles, quienes comparten sus opiniones sobre una gran variedad de temas. Se plantean preguntas como: ¿qué es lo más caro en el mundo?, ¿cuánto cuesta el cuerpo humano?, ¿debería legalizarse la marihuana?, entre otras, que toman un papel importante dentro del contexto del filme.

Durante los primeros minutos encontramos un prólogo muy interesante que instantáneamente se gana la atención del espectador y define muy bien lo que será el resto de la producción. Esta introducción nos narra la influencia de los medios a lo largo de la vida de las personas, cómo el ser humano se convierte en un producto vacío y moldeado por un sistema que predica en base a ideologías capitalistas.

Es muy curiosa la mención que se la da a los medios durante este mismo comienzo, ya que muchas (más no todas) las opiniones de los entrevistados se basan en viles estereotipos. Por otra parte, me sorprendió ver mexicanos tachar a nuestro queridísimo vecino de ser una superpotencia maligna y egoísta y que los neoyorquinos consideraran a México como un país tan inferior y pobre como corrupto y violento.

Olallo logra construir un discurso muy bien equipado en el que encontramos un poco de todo: spots, sketches, animaciones y citas que ilustran mejor los mensajes que deja. Todo esto dotado de una voz única, llena de cinismo, humor negro y sátira.

Cerca del final, llegué a una conclusión compartida con la propia de Olallo y la cual razoné debido a las mismas temáticas de las que habla. Reflexioné el cómo, generalmente, el ser humano aspira aquello que es material, artificial, efímero y falso; y entre más, mejor.

El ser humano se ve envuelto en una realidad entretejida y errónea a la que nos hemos ido acostumbrando. Aceptamos en lugar de cuestionar, sin pensar, y consumimos con el fin de alcanzar una felicidad que no nos satisface, añorando a la farándula (llegando incluso a pelear por ella), esclavos de la rutina y el trabajo.

A final de cuentas, ¿Y tú, cuánto cuestas? se ha ganado mi aprecio, no sólo por haberme entretenido de una manera inusual, sino también por proponerme una buena cantidad de problemáticas en un solo conjunto y que, a pesar de que su estreno se remonte al año 2007, cuenta con temas que siguen siendo relevantes y que probablemente lo seguirán siendo dentro de un buen tiempo.

Ampliamente recomendado.

 

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