Sindicalismo que no debemos olvidar

Por Arnoldo David Díaz Tamez

 

Partitocracia y fascismo poseen una base social concreta: la pequeña burguesía, los empleados y el proletariado desclasado en el segundo, y la clase media asalariada y los obreros sindicalmente amaestrados en el primero
-Miguel Amorós-

 

A lo largo de la década de 1970 se presenta una crisis del capitalismo mundial ante el descubrimiento de nuevos yacimientos petroleros en Medio Oriente. Los efectos de esta crisis sobre la ciudad de Monterrey se traducen en una alza de impuestos básicos (como el predial), lo cual genera nuevos movimientos sociales, como el movimiento de colonos con el Frente Popular Tierra y Libertad. Ante las represiones y el encarecimiento de la vida surgen estas huelgas de sindicatos que intentan independizarse de las centrales oficiales y patronales.


Hoy en día podría pensarse que el sindicato es sólo un organismo más dentro del enorme aparato burocrático del Estado. Pero el sindicato es la agrupación natural de los trabajadores de un mismo ramo. Su existencia es parte del histórico proceso de conformación de lo que llamamos clases sociales, y de una en particular: el proletariado. A lo largo de la historia, el sindicato ha sido una herramienta básica para la lucha anticapitalista; desde el marxismo hasta el anarquismo han utilizado sindicatos en todo el mundo como una de las principales agrupaciones para el desarrollo de su lucha.


En México, después de la Revolución Mexicana, los partidos oficiales y los empresarios han utilizado sus centrales obreras como medios para no permitir este avance revolucionario. La represión ha desarrollado y tenido lugar en varias formas, desde la violencia hasta los despidos estratégicos y masivos.


El sindicalismo en México ha estado casi siempre cooptado por las centrales obreras del partido oficial (CTM, CROC, CNOP, CNC), y en Monterrey, a esto se le suman las federaciones privadas de los grandes empresarios (FNSI). Desde el surgimiento del movimiento sindical en nuestra ciudad a principios del siglo XX, estas centrales han impedido el desarrollo de los sindicatos verdaderamente independientes y revolucionarios; esto haciendo uso de la negociación, la represión policiaca y la represión extraoficial.


Pero no todo en la historia del sindicalismo mexicano es hacer los mandados al PRI. Existen contados pero impresionantes momentos en que los obreros, a lo largo del siglo XX, realmente desafiaron la comodidad del gobierno y los empresarios. Y claro que en Monterrey contamos con un ejemplo de esto: la Huelga de Gamesa en 1976.


Los conflictos en Gamesa comienzan alrededor del año de 1963, cuando un grupo de trabajadores, inconformes con la dirigencia sindical afiliada a la FNSI, intentan crear su propio sindicato y aliarse a la CNT (que, hasta donde sabemos, nada tiene que ver con la CNT española), para así conseguir un sindicato que realmente los defendiera y no cediera ante las presiones patronales.


Cada que estos trabajadores buscaban la ayuda de centrales democráticas, los charros y pro-patronales terminaban por barrerlos. Pero el ímpetu de los trabajadores por lograr su independencia era tan grande que siguieron intentando, hasta que en 1974 se logra vencer a la dirigencia de la CTM en este organismo de la empresa.


Dos años después, en 1976, la nueva dirigencia del sindicato galletero usa la asamblea y la democracia directa como herramienta para tomar las decisiones de acción que los trabajadores consideraban pertinentes. De esta manera, el 10 de abril de ese año, se dejan ver las banderas rojinegras en la empresa.


Los trabajadores de Gamesa presentaron las siguientes demandas a la patronal:


• 300 plantas para eventuales.


• 40 por ciento de aumento al salario.


• 2 miembros más del Comité Ejecutivo con pago completo de salario.


• Pago superior al mínimo profesional a los choferes.


• Se concedan aguinaldos por arriba de lo que marca la ley, tomando en cuenta las utilidades.


• Semana de 40 horas efectivas de trabajo.


• Pago por parte de la empresa de las cuotas del Seguro Social.


• Indemnizar a los trabajadores que cumplan 30 años de servicio.


• Injerencia directa en los aspectos técnicos y tecnológicos de la fabricación de galleta, tratando de regular el cocimiento de la galleta.


• Limitar las funciones de la empresa al movimiento de empleados en los diferentes departamentos.


• Que se pacten 2 aumentos al tabulador durante el año: uno cuando se incrementen los salarios mínimos y otro en la fecha de revisión del contrato colectivo.

Estas demandas pueden sonar insignificantes, pero eso es porque la mayoría de éstas ya han desaparecido de los trabajos que hoy en día conocemos. También podríamos pensar que esta huelga es una más del conjunto del movimiento sindical de la década de 1970, y tal vez lo es, pero es precisamente este contexto lo que la vuelve un caso de estudio interesante.


En el caso de la huelga en Gamesa, si bien no hay una proclama por una ideología u otra, es sabido que existía una organización detrás del sindicato, que si bien no lo dirigía, si tenía una influencia enorme sobre éste. El Frente Auténtico del Trabajo (FAT), en su constante lucha por la democracia laboral, apoyaba y ayudaba al sindicato democrático, e influyó de manera decisiva en la huelga.


Nacido bajo la influencia de las doctrinas revolucionarias y sociales de la Iglesia católica, el FAT se convirtió en un espacio propicio para que los sindicatos independientes de distintos ramos del país encontraran el apoyo y la solidaridad necesaria para el desarrollo de toda lucha. El principal objetivo de este frente es y ha sido hasta hoy la lucha por un sindicalismo independiente de los patrones, del gobierno y de los charros.

 

Aquí encontramos el punto en el que un movimiento sindical puede triunfar o hundirse en el olvido: la solidaridad. Los trabajadores de Gamesa no estaban solos. Contaban con los sindicatos del FAT, con otros grupos que buscaban la independencia en sus trabajos y, sobre todo, con el apoyo de estudiantes de la UANL (específicamente de la preparatoria 9).


El acompañamiento de las luchas y la vinculación entre movimientos sociales puede ser la diferencia entre la esperanza del triunfo y la derrota segura; pero desafortunadamente, la esperanza no siempre es suficiente. Tras múltiples represiones (el despliegue del grupo de choque “Eroes” y el despido paulatino de 86 obreros identificados con el movimiento), el movimiento de Gamesa es derrotado. Los mil 800 obreros en huelga vuelven a sus actividades, y la huelga queda como un episodio más en la historia de la clase trabajadora de Monterrey.

 

Más allá de intentar adivinar los motivos por los cuales la huelga de Gamesa no tiene caso, lo que nos queda es reflexionar sobre el papel de los sindicatos dentro de nuestro país y movimiento obrero mundial, ejercicio que regularmente dejamos de lado ante los argumentos de que la lucha de los trabajadores es cosa del pasado.


Lo cierto es que el sindicato sin duda alguna representa un problema para el sistema capitalista. Estas organizaciones que se reprodujeron a nivel global fueron de las principales responsables de las mejoras en la calidad de vida de la clase trabajadora. El liberalismo de finales del siglo XIX se vio frenado gracias a (entre muchos otros factores) los enormes movimientos obreros que se presentaron desde entonces y hasta nuestros días.


Creo que hoy es difícil para la mayoría de la gente trabajadora imaginarse como parte de un sindicato. Y para quienes tienen el “privilegio” de pertenecer a uno, la burocracia y la dirigencia charrista vuelven un ejercicio que debería ser de libertad en una pesada carga que nada más sirve para adquirir ciertas ventajas (por no llamarlas migajas).


Escuchamos diariamente en los medios de comunicación que el sindicato es el problema. Este tipo de organización es vista como el principal obstáculo para la “mejora” de las condiciones de trabajo.

 

Ante el avance de las políticas neoliberales en México, desde tiempos de Miguel de la Madrid, han perdido importancia o desaparecido sindicatos como el de telefonistas, electricistas, ferrocarrileros, etc., que en su momento fueron los más combativos.

 

Podemos ubicar el aumento de la economía de servicios en América Latina a partir de 1982, y con esto la imposición del concepto de clase media, que sirvió para que las generaciones de la década se diferenciaran de la clase trabajadora. Ahora ya no existen las clases, el marxismo en decadencia arrastró consigo al movimiento sindical, que comienza a desaparecer y a perder ahora por completo su papel revolucionario. (Con algunas muy admirables excepciones.)

 


La ofensiva que se ha desarrollado en contra de la organización sindical es clave para el triunfo del neoliberalismo, es decir, para la creación de un mercado libre donde el concepto competencia lleva a la individualización del trabajador al mismo tiempo que lo transforma en mercancía desechable. Sin un sindicato que te respalde, eres blanco fácil para todo tipo de abusos laborales.


Por esto, experiencias como las de la huelga de Gamesa pueden ayudarnos a revalorar las formas en que podemos buscar una mejor calidad de vida, al menos de una manera directa en nuestros empleos. El sindicato podrá ser una organización nacida hace más de 100 años, y como hemos visto, está en decadencia no sólo en nuestro país, pero la unión entre trabajadoras y trabajadores es indispensable, primero para tener un respaldo en caso de explotación laboral, y después como elemento indispensable para el desarrollo de los movimientos sociales.

 

Bibliografía

López, José (2009). Movimiento de Gamesa: tiempos de rebeldía obrera regia. Monterrey, Frente Auténtico del Trabajo. [https://fatmty.files.wordpress.com/2009/05/huelga- de-gamesa.pdf]


Recio Andreu, Albert (2011). Sindicalismo en tiempos de neoliberalismo y crisis civilizatoria. Betiko: movimientos sociales. [http://fundacionbetiko.org/wp-content/uploads/2012/11/sindicalismo- en- tiempos-de-neoliberalismo-y-crisis-civilizatoria.pdf]


Seguí, Salvador (2013). Anarquismo y sindicalismo. La Biblioteca Anarquista. [http://es.theanarchistlibrary.org/library/salvador-segui-anarquismo-y-sindicalismo]


Zapata, Francisco. ¿Crisis del sindicalismo en América Latina?
[http://www.iisg.nl/labouragain/documents/zapata.pdf]

Comments

comments