Conversación con el estudiante Hernán Rocha y la documentalista Micaela Domínguez en el programa Los perros románticos, transmitido los miércoles a las 7:00PM en Radio UDEM (90.5 FM de Monterrey)

 

Por Karem Nerio

 

Karem: Muy buenas tardes y bienvenidos a Los perros románticos. Esperamos se encuentren muy bien en esta tarde-noche; con frío, pero hoy vamos a tener un programa donde hablaremos de temas muy alegres, muy coloridos y desde el otro lado de continente, desde el otro lado de Latinoamérica.

Para el día de hoy tenemos un invitado que es un joven ya casi graduado de maestría. Me acompaña Hernán Rocha. Bienvenido, Hernán.

 

Hernán: Gracias. Buenas tardes-noches. Gracias por la invitación.

 

K: Claro que sí; aquí en Los Perros Románticos siempre nos gusta tener gente que cuente historias. El día de hoy no está con nosotros Diego Osorno, pero en los próximos programas nos va a acompañar y espero tener una sesión divertida de la que pueda hablarle después, y ustedes también, si nos están escuchando. Pueden marcarnos para cualquier duda, pregunta o comentario al 83366162, aquí a las cabinas de Radio UDEM.

En fin, vamos a empezar a hablar un poco de un tema que creo nadie conocería en Monterrey. Es un tema muy alegre, muy movido, muy lleno de risas, de energía y con un poco de crítica política, en un contexto Monterrey 2015 de enero frío. Pero bueno, Hernán está haciendo su tesis de maestría de un tema muy interesante que se llama la murga. ¿Qué significa la murga, Hérnan?

 

H: Bueno, por lo que he leído, la palabra murga viene de la raíz de mugre; espero que eso sea lo correcto. Mugre como los versos mugre, los versos de la calle. Es un género de música carnavalesca que ha estado presente en Latinoamérica en cierto punto, y de manera muy peculiar en Uruguay, desde hace más de 100 años. La conocerán en Monterrey como las murgas que acompañan a las porras en los partidos de fútbol. Hay una de Tigres y otra de Rayados. Aquí la manera en que se caracterizan es que es gente tocando un estilo de batucada con trompetas y cánticos que acompañan al equipo.

 

K: Creo que aquí en Monterrey serían los Libres y Locos, ¿no? Y La Afición; si puedo decir de las bandas de fútbol en Radio UDEM, aunque no tengamos un equipo fuerte, pero bueno. Y para hablar más y a mayor profundidad de la murga, vi un trabajo muy padre que me emocionó mucho. Es el documental Voz de Murga, de una cineasta argentina que vamos a enlazar hoy, de Monterrey hasta Uruguay, gracias a la tecnología, y si todo nos lo permite. Así que si están con nosotros durante el programa, pues se van a encontrar con el testimonio de Hernán, todo lo que puede platicar sobre la murga, lo carnavalesco, lo político, las calles, y después con Micaela Domínguez; van a tener un gran testimonio, viéndonos en cabina y escuchándonos. Y quien también nos esté escuchando en Uruguay: un saludo muy grande.

Hay un poco de música para presentarla, pero creo que la podríamos guardar para el final para dejar un poco picado. A mí me gustaría más conocer cómo es que Hernán Rocha, una persona que vive en la ciudad de Monterrey —y no naciste aquí, sino en la Ciudad de México— llega a conocer la murga uruguaya y cómo es que nace el interés por el tema.

 

H: Pues me tocó como prácticas profesionales, hace unos tres años o cuatro, hacer una investigación de los distintos aspectos culturales de las capitales de Latinoamérica, y aunque tal vez no me salió muy bien el resto del trabajo, Uruguay me interesó bastante. Era carnaval en ese momento, y por lo que investigué, salieron las murgas. Me sorprendió bastante el hecho de que Uruguay tuviera esta música que fuera una mezcla de la melodía que sonaba como tango para mí y el ritmo parecido al de la samba brasileña. Entonces ahí lo dejé por un momento, vi unos cuantos vídeos en YouTube y luego ya cuando iba a empezar a investigar el tema del carnaval para la maestría —carnaval que, pues, quería que fuera como ejercicio de participación ciudadana—, me acordé de la murga y lo fui investigando un poco más y más. Y me piqué. Y aquí ando.

 

K: ¿Podrías explicar un poco cuál es la dinámica de la murga? Bueno, probablemente Micaela va a profundizar un poco o muchísimo más y puede a lo mejor dar su testimonio de lo que ha vivido en las murgas, pero así, a grandes rasgos, y para que alguien de Monterrey entienda más o menos o se dé una idea de qué es una murga.

 

H: Bueno, te había contado de la música que suena bastante parecida a la de las porras que escuchamos todos en los estadios.

 

K: Para quien va al estadio.

 

H: Sí. Pero tiene un aspecto teatral, político y crítico en Uruguay. Uruguay tiene el carnaval más largo del mundo; dura alrededor de 40 días, tengo entendido. Entonces todo ese tiempo están saliendo las murgas, que vamos a definir como un espectáculo de comedia músico-política, algo así. Salen por alrededor de 45 minutos en agrupaciones de unas catorce personas y resumen lo que ha pasado en el año. Cantan sobre diversos temas de interés social, de lo que está pasando en la política, y entonces tienes durante cuarenta días a gente de toda la ciudad de Montevideo enfrascada en una discusión que va de barrio a barrio, donde todos están hablando de aquello que, siento yo, se debería hablar, de los temas más importantes.

 

K: En el documental “Voz de Murga” —que la idea es que se proyecte en Monterrey; más adelante vamos a dar información de cuándo y dónde y qué —está la idea de que es una cuestión muy barrial. Había escenas muy bonitas de gente con la cara medio pintada y el vestuario a medias hablando de lo que es la murga y cuál es la relación que tiene con su familia, con su pasado, con su identidad y con su nación, ¿no? Y lo que has reflexionado, de lo que vas entendiendo, ¿crees que haya algún ejemplo que se le parezca acá en Monterrey? Digo, no es posible traducir, pero, lo más cercano que pueda haber. Además de las porras.

 

H: En México, musicalmente, además de las porras parecido, en el país —me voy a ir al resto de México porque ahí puedo agarrar un poquito más—, en cuanto a lo alegre y lo crítico me iría por los sones jarochos; también están, por ejemplo, las décimas de la Huasteca, donde se improvisa y se habla de temas importantes en este momento; en lo rebeldoso y más de barrio, probablemente el rock urbano de la Ciudad de México, también esparcido por el país; y pues hay teatro callejero por todo el país. Pero no sé. Por lo que he visto, normalmente les falta un poquito más de compromiso. Aclaro: por lo que he visto; no soy experto en teatro callejero mexicano.

 

K: Yo creo que a lo mejor el rap tendría un poco de eso. No es teatral, pero tiene algo como con las letras, poder captar el sentimiento de lo que vive la persona, porque también tiene una relación, yo creo, con la poesía, y el barrio, especialmente la relación del individuo con el barrio.

 

H: De hecho, una de las canciones que más me gustan de murga salió en el espectáculo de una que se llama Falta y Resto, hace un par de años, creo, y tienen de invitada a una rapera argentina. Es sobre el machismo, está muy padre.

 

K: Y, por ejemplo, ¿cuáles han sido los retos que más te has encontrado en esta investigación para entenderla? Porque a lo mejor la murga, como venía en el documental, y Micaela a lo mejor nos pueda decir un poco más, es una cuestión muy uruguaya. ¿Cómo le hace para entenderla un regio?

 

H: Sí, uf. A la hora de escucharla yo sí me topo con un montón de términos que no entiendo, ni a la primera ni a la segunda ni a la tercera. Hace poco vinieron unos murguistas más viejos, Los Diablos Verdes, al Festival Internacional de Tamaulipas del año pasado, y cantaron en varios lugares. Yo fui a verlos a Ciudad Victoria y nos regalaron un disco, de buena onda, entonces lo estuvimos escuchando todo el camino de regreso a Monterrey unos amigos y yo. Lo he escuchado una y otra y otra vez, y todavía hay partes en las que simplemente no entiendo lo que están diciendo. Aparte de que los chistes son muy locales y el acento muy distinto al nuestro. Eso a la hora de escucharlo, pero para mi investigación, uno de los libros más importantes, que me ha ayudado más en la investigación, se llama El teatro de la murga en los tablado, de un académico llamado Gustavo Remedi. Tuve que conseguirlo en Internet y en inglés, como lo habían traducido en Canadá, porque para conseguir libros de Uruguay se me ha hecho dificilísimo, la verdad

 

K: Pues sí. Aunque tengamos la tecnología, que hasta permite que Micaela nos escuche y esté, de cierto modo, en la cabina con nosotros, lo cual me parece maravilloso, la globalización tiene sus límites todavía en cuestiones tecnológicas. Pero a mí algo que me llamó mucho la atención, y te digo que me conmovió en el documental, fue ver lo alegre que era una cuestión de crítica. Yo, por lo menos en estos años, no he visto que la crítica política se permita ser así de alegre. Hablaba con una chava que se fue de intercambio a Chile y me platicaba que las manifestaciones por los estudiantes en el movimiento del 2011 eran muy alegres, nada que ver con las manifestaciones políticas y las salidas a la calle de estos 2010, 2012, 2014.

Ya entrando un poco en el tema de tu tesis, ¿cuál es la importancia de que la crítica política a veces tenga humor, tenga colores, tenga alegría? Era una cosa alegre. ¿Podríamos imaginar una crítica política así? No la ácida a la que estamos acostumbrados.

 

H: Ácida sí, pero creo que nosotros tenemos un sentido del humor bastante ácido. Por ejemplo, estás en una protesta, o ves una protesta, y cuando alguien empieza a tocar los tambores o la guitarra, los acaban regañando; les dicen que es un momento solemne. O estás es una fiesta, tratas de hablar de política y te dicen que con los amigos y la familia no se habla de política, ni de religión. ¿Dónde tratas esos temas de una manera que puedas expresarte? Creo que el sentido del humor te permite tratar las cosas de una manera más abierta y crítica, pero no crítica de criticones, sino crítica, podemos decirlo, constructiva. Pero la palabra “constructiva” también causa un poco de conflicto porque la usan a veces para decir que no critiques, que no llegues tan a fondo.

 

K: “Propón”. Tienes que proponer, por encima de la crítica.

 

H: Pero tampoco hay que quitar del renglón las cosas que están mal. Creo que el sentido del humor y esta alegría sin tomarse a la ligera las cosas que uno cree que hay que cambiar permite una comunicación más abierta; permite que no te cierres a tu punto de vista. La autocrítica también es muy importante, y las murgas están muy conscientes de eso, creo yo.

 

K: Y hay murgas que critican a las murgas, ¿no?

 

H: [Risas] Sí.

 

K: Eso se me hace como que otro nivel. Y como lo que he conocido de la murga es a través de este documental, lo que me has platicado y algunas otras cositas que encontré en Internet, a mí me parecía fascinante esta cuestión de saber si hay otros espacios donde la crítica política se pueda tener; y la crítica no nada más está criticando a personajes político, sino también actitudes de barrio y de personas. ¿Tendremos algún espacio así?, donde ejercemos una crítica, no voy a decir sana, porque el lugar común no me lleva a nada, pero una crítica que nos haga reírnos de nosotros mismos y no sentirnos tan pesados porque, por ejemplo, hay estos video-bloggers. Conozco a este chico que se llama Chumel Torres, del Pulso de la República; te ríes, pero es de repente muy fuerte. O están también las películas de Luis Estrada. Ya estoy aquí dándole publicidad a mucha gente. ¿Quién más? Claro, son disciplinas diferentes un video-blogger a un cine de ficción, al teatro; no sé si el teatro también.

 

H: Yo no voy mucho al teatro, la verdad. Pero lo que he visto cuando he ido a la sala experimental a uno que otro festival es que por ahí si está bastante bien. Pero, ¿qué tanta gente va al teatro? Es decir, deberían, claro que deberían, pero por eso pongo mi ojo en el carnaval.

 

K: Porque es una cuestión callejera, no está en una sala de teatro. Bueno, algo así. Micaela nos podrá hablar un poco más adelante de eso.

 

H: Es un problema que se trata en el documental, claro.

 

K: Pero está en la calle. O nace en el calle y se desarrolla en la calle.

 

H: Y ahí es donde se supone que está abierto para que todos puedan participar en la conversación. Eso me parece muy valioso.

 

K: ¿Te imaginas así como algún lugar en especial donde esta murga pudiera suceder en Monterrey?

 

H: Pues es lo que estoy buscando. Será porque ahí la paso todo el tiempo, pero creo que Barrio Antiguo sería un buen lugar para empezar.

 

K: Barrio Antiguo ha tenido desde hace ya varios años con el callejón del arte una dinámica de diálogo y de crítica y de arte que creo ha alimentado un sector que no había cuando era sólo una zona de antros. Se volvió un lugar cultural.

 

H: A mí me tocó verlo morir cuando iba llegando. Y luego me tocó verlo vacío, y ahora pues se está convirtiendo en algo que creo no ha sido jamás. Pero no sé, no he estado tanto tiempo aquí como para saberlo.

 

K: ¿Cómo ha sido tu acercamiento con la música? ¿Dónde empezaste a tocar la guitarra? Y además eres cantautor.

 

H: Mi padre es músico y él me quería enseñar a tocar guitarra. A los nueve años tuve mi primera clase; me quedé dormido y ahí quedó eso. A los catorce lo retomé en otro lugar. Claro que me ayudó mi padre: muchas gracias. Y pues aprendiendo lo que pueda, donde pueda. Ahora a veces voy a tocar a algún bar, en alguna fiesta, lo que sea. WHATEVÁ.

 

K: Sí, me ha tocado escucharte. Pero tu música versa por otro estilo, como más trova.

 

H: [Risa estruendosa] Más o menos. Tiene un poquito de rock por ahí, supongo. Sí, la murga está bastante lejos de por donde yo estaba.

 

K: Pero te llama la atención.

 

H: Bastante.

 

K: ¿Y qué te llama la atención musicalmente?

 

H: [Cierra los ojos, se toca el pecho con la mano] De entrada, creo que es algo que resuena mucho con cualquier latinoamericano, aunque no quiera. Por eso el fútbol. Sí.

 

K: ¿Cómo?

 

H: Porque esos tambores, los platillos, las tarolas y los bombos que tocan las murgas recuerdan inmediatamente al estadio y eso es un ambiente que ha tocado las vidas de mucha gente y que permea en México durante temporada de Mundial y todo eso. Entonces sí, creo que la gente como que lo siente sin saberlo, cuando les pongo la murga, como que algo así les suena. También los coros de las voces así pegan fuerte, son diez personas cantando a máximo nivel; en ciertos momentos y es impresionante, una armonía de cuatro voces. Aparte es peculiar, la melodía y el ritmo, todo eso está bastante completo. Sí. Me llama mucho la atención.

 

K: Y creo que sería muy interesante también que lo experimentaran músicos de acá, que sintieran ese ritmo que no es jazz, que no es salsa, que no es bossa nova, lo que han querido tocar; creo que es de los géneros que podrían no acercárseles.

 

H: Pues podríamos decir que es estilo batucada, hasta cierto punto, pero tiene una melodía más compleja, creo.

 

K: Y eso me lleva a que hay un antecedente como de carnaval aquí: el Samba-Río, creo. Hace dos o tres años se hizo, pero es otro tono diferente. Quien tenga esa referencia, es algo parecido, tiene que ver con un carnaval; es por las calles, pero la murga tiene un contexto muy diferente y una cuestión política.

 

H: Y es una tradición de más de un siglo. Y el carnaval allá es enorme. Entonces, sí, aquí es un día o dos o tres, no sé si alguien escuchándome puede corregirme, algún día. [Risas]

 

K: Creo que también es en febrero, entonces si hay, sería muy loco enterarnos. Si pueden alimentar esta conversación con ese dato. Pero bueno, supongo que llegaste al documental por la tesis, investigando en YouTube, etc.

 

H: Sí, una amiga argentina me pasó el dato de una amiga suya uruguaya que era murguista. Ella me pasó el nombre del documental y luego vi el trailer y contacté a Micaela, pero para entonces ya había comprado el documental. Lo tienen a la venta en su sitio web [guiño hacia la cámara]. Ahí luego les avisamos dónde podrán verlo.

 

K: Sí, de hecho. ¿Y ese documental te ayudó a entender algo en particular o te movió algo más sobre la murga?

 

H: Sí, sí, pues es mucho del sentimiento que le tiene la gente, también muchas críticas que se le hacen que yo no había visto. Como había estado investigando nada más por el lado académico y por sitios de fans y todo eso, las cosas que le tienen en contra como para aterrizar un poquito más y no tenerlo completamente idealizado. Me sirvió bastante.

 

K: Es algo que yo aplaudo bastante, como la autocrítica de la murga y también la que hay de la murga dentro del documental, esto que platicábamos como una tenue línea pero ya sobre el documental.

¿Cómo se llama el sitio donde pueden encontrarlo, comprarlo?

 

H: Creo que Micaela podría decirnos eso. [Se cubre el rostro con ambas manos]

 

K: Dejamos el dato. Es www.reelhouse.org. Nos comenta Micaela que nos está escuchando. Y bueno, me gustaría, antes de lanzarnos a la música, que nos platicaras un poco sobre la canción que viene.

 

H: [Mirando al horizonte] Sí, la que viene es la presentación de la murga “Agárrate, Catalina”, del 2012, y viene en el documental como parte de un montaje muy bonito. Trata muchos de los temas de la murga: las paradojas del carnaval, cómo no hay jerarquías ahí, el mundo se vuelve al revés, pero también lo romántico de la murga y la utopía que quiere lograr. Escúchenla.

***

K: Regresamos aquí a Los perros románticos con el invitado del día de hoy– [Risas. Toma 2]

Vamos a enlazar con una invitada muy especial que tenemos aquí en el programa. Se llama Micaela Domínguez, una argentina que hizo un documental que se llama Voz de Murga. Y bueno, hemos estado hablando de la murga todo este tiempo; Hernán hizo una introducción, pero ahora vamos a ver si lo que dijimos y lo que pensamos tiene algo que ver. [Risas]

Queremos invitar a Micaela acá al programa porque la estamos enlazando por Skype. Entonces… ¿no sé si nos escucha y la escuchamos? ¿Ahí? Bueno, bienvenida al programa, Micaela.

 

H: Hola

 

Micaela: Muchas gracias.

 

K: Vaya, esto es una gran bendición de la tecnología. Maravilloso. Pues bienvenida aquí a cabina, y bienvenida al programa, a Radio UDEM. Te enviamos un muy cordial abrazo desde acá, una zona donde está haciendo mucho frío, y me dices que tú te estás muriendo de calor, ¿verdad?

 

M: Sí, es raro porque es como que estoy allá, porque estuve ahí presente durante todo el programa, pero estoy muy lejos en realidad.

 

K: Sé que allá es súper tarde, son casi las doce de la noche, pero estás despierta y, bueno, muchas gracias por estar con nosotros. Creo que Hernán tendrá algunas preguntas que hacerte, en particular sobre el documental. Yo estaba súper feliz cuando lo vi.

 

M: Me alegra mucho.

 

K: Bueno, primero que nada, antes de que Hernán suelte su pregunta profunda y densa [risas], te comento: 1) que se puso a cantar en el intermedio con la canción que pusimos, y también se puso a bailar aquí en cabina…

 

H: Heeey…

 

K: Bueno, por otro lado, ¿cómo llegaste tú a hacer documentales? Cuéntanos un poco tu historia.

 

M: [Risas] Es una pregunta complicada. Yo estudié cine en Estados Unidos, y principalmente lo que hice ahí fue ficción, pero me fui tirando cada vez más para el lado del documental. Al final, lo que hacía no se sabía bien qué era; eran como híbridos, y me di cuenta de que me gustaba mucho el género de documental. Me pasaba que cuando tenía que escribir guiones, me daba cuenta de que la realidad era mucho más interesante de lo que yo podía escribir, y me gusta mucho observar a la gente. Yo, por ejemplo, voy en el bus y miro lo que hace la gente, escucho conversaciones ajenas y me interesa mucho que me cuenten historias… Entonces me comenzó a interesar eso, cómo poder retratar ciertas cosas que pasan a nuestro alrededor todo el tiempo, que son muy interesantes y capaz que no nos damos cuenta. Después de ahí hice una maestría ya específica de cine documental, en Madrid.

 

K: ¿Tuviste algún documental o director(a) en particular que dijiste: esto me fascina, esto es lo que yo quisiera en algún lugar aspirar a tener o hacer o crear?

 

M: No sé. Hay varios directores como gustan, como Herzog, creo que es un maestro para toda la gente que hace documentales, pero tampoco es que yo aspire a hacer documentales como una persona. Me gustan muchos directores y también directores de ficción; creo que el estilo y la forma de filmar y los ritmos y esas cosas son muy similares, y uno puede también aprender mucho de la ficción aunque haga documentales. Así que, sí, no sé, me gusta mucha gente, por suerte.

 

K: Claro, y contar la historia, que creo que es lo que más importa, ¿no? Contar la historia y que a alguien le llegue. Entonces, ¿cómo llegaste tú a la historia de la murga?, ya entrando en tema alegre.

 

M: Sí, esas fueron como dos cosas que se fueron dando paralelamente. Yo, al ser argentina, ya sabía lo que era la murga uruguaya, porque en Argentina antes se escuchaba solamente, pero ahora ya creció bastante y de hecho hay muchísimas murgas “estilo uruguayo” en Argentina y también como festivales de murga en diferentes ciudades. Pero bueno, yo creciendo solamente las escuchaba y me parecía muy interesante lo que hacían. Después me pasó que yo seguía estudiando cine, haciendo mis cosas, pero también cursaba materias de otras cosas, y en un momento hice un curso de historia del teatro en Estados Unidos, y todos los alumnos eran estadounidenses. Cuando estábamos investigando la comedia griega, principalmente a Aristófanes, empezaron a hablar de las características de la comedia griega. Que era algo que pasaba en verano, y que era una vez por año, y que la gente del pueblo se vestía, que eran en su mayoría hombres y tenía un coro, y hablaba sobre lo que había pasado en el año y eso era escuchado por los mismos políticos a los que estaban criticando, y era como un ejercicio catártico, pero a la vez de reflexión social colectiva.

Entonces, claro, en un momento se me prendió la lamparita porque alguien dijo, “Ah, qué bueno que está esto”, que “qué sano para la sociedad tener eso todos los años. Qué lástima que no exista ahora”. Y yo dije: “Sí existe, se llama murga uruguaya”.

 

K: Está del otro lado del continente.

 

M: Claro, y ahí les conté un poco. El trabajo final era libre, y ahí decidí hacer un trabajo escrito comparando el teatro clásico griego, la comedia y la murga uruguaya. Y después seguí mi vida y me pasaba mucho que cuando yo escuchaba temas de murga y se los quería hacer escuchar a gente de otros países, les pasaba lo que le pasa a Hernán, que no entendían mucho. Claro, hay como una barrera idiomática y también es una cosa que gritan y que hay mucho ruido y choca la primera vez que uno lo escucha. Entonces yo me daba cuenta que yo fallaba en entusiasmar a la gente con la murga. Entonces, un día, mientras estaba haciendo la maestría en documental, andaba terminando y pensando: bueno, ya que hice esto, voy a hacer un documental. Y tá, entonces como que se juntaron las dos cosas y me di cuenta que una buena forma de tratar de acercar a la gente a la murga era haciendo un documental, y ahí se unió todo, mágicamente.

 

K: Entonces tu experiencia con la murga ha sido como de testimonio, por un lado, desde lo que escuchaste en Argentina, después de la reflexión que tuviste en Estados Unidos, este click que te hace… Pero, ¿cuál fue la primera vez que tuviste o estuviste en una murga o en este carnaval que se hace en Montevideo?

 

M: La primera vez que estuve en un carnaval en Montevideo fue cuando fuimos a filmar la película. Fue así, tipo, nos tiramos.

 

K: O sea, ¿tú no habías visto una murga antes?

 

M: No, yo había visto videos de espectáculos enteros, pero así en vivo y directo no los había visto nunca. En el equipo de Voz de Murga hay chicos españoles, hay uruguayos; y bueno, estoy yo. Entonces en toda la etapa de pre-producción la gente de Uruguay, contactando a las murgas y a los personajes importantes de la murga, pero sí, fue tanto para mí como para los chicos españoles; fue llegar, ir a un tablado, empezar a filmar y era como todo junto. No hubo como una etapa de investigación ni nos acercamos, fue takatá, vinimos un mes, hicimos todo.

 

K: Un mes fue el rodaje, fue la grabación.

 

M: Sí.

 

K: Y, ¿tú viste alguna dificultad, algún momento en el que dijiste “Esto no sé cómo meterlo en el documental, esto no sé cómo va”?

 

M: Hubo como varios temas que quedaron afuera por una cuestión de que tampoco podíamos hablar de todo. Al ser una tradición que lleva más de cien años, había cosas que yo conocía y que quería meter. Por ejemplo, el rol de la murga durante la dictadura, que me parece muy importante, porque ustedes dicen “Ah, bueno, es algo de alegría”, pero bueno, no siempre fue tan alegre, ni algo tan inofensivo para mucha gente… Y después hay otros temas que yo también quería poner por una cuestión personal. Por ejemplo, el rol de la mujer dentro de la murga, porque hasta el día de hoy la mayoría de las murgas son casi enteramente formadas por hombres. Pero claro, no sabía cómo encajarlo, y tampoco quería tener una película de ocho horas de duración [risas]. Entonces decidí hablar bien de ciertos temas en vez de solo tirar temas y que fuera un bombardeo de información que al final no llegara a nada.

 

H: Mi pregunta no es ni profunda ni densa, ¿Cómo….? No sé, todavía tengo los ojos idealizados un poco. Por más que me aterrizan, me imagino a Uruguay como esta tierra de playas interminables y cerveza artesanal y carnaval por todas partes.

 

K:Y un buen presidente.

 

H: Sí… ¿Cómo se la pasa uno en el carnaval?

 

M: Es muy lindo. Claro, es como decís, lo raro es eso, que dura mucho… Y sí, en la mayoría de los lugares el carnaval se centra en un par de días y termina, y acá lo lindo es eso, dura cuarenta días —empieza a finales de enero y termina en marzo— y hay tablados en todos los barrios de la ciudad, y no sólo Montevideo, también en el interior del país hay carnaval y hay murgas y hay todo.

 

H: Para los radioescuchas: tablados son los escenarios

 

K:Nota al pie de página…

 

H: Porque “tablados” no se usa aquí.

 

K: Es como escenario, ¿no?

 

M: Claro, hay como teatros donde actúan las murgas más profesionales, con buenos equipos de luces y sonido y todo y butacas. Bueno, butacas no, son todas al aire libre, eso es una característica. Y después hay tablados que ni siquiera so un escenario. Son…. son un espacio y unos bancos hechos de piedra o de madera o lo que sea, una cosa totalmente improvisada que funciona solamente durante carnaval. Y lo que hacen las murgas es subirse a un bus o a un camión y cada noche ir a diferentes tablados haciendo el mismo espectáculo. Entonces lo que hace la gente es: va a su tablado de su barrio y escucha un par de murgas y también otras categorías que hay dentro del carnaval. Son cinco categorías, la murga es una de ellas. Y es eso. A mí me pasaba mucho que yo veía gente, familias enteras que iban. Ahí venden hamburguesas, chorizo; la gente compra cerveza, compra Coca-cola, y ahí estás tres horas, cuatro horas; llevan el mate todos los días, y los niños jugando no sé qué… Claro, yo me acordaba de chica lo que me aburría en verano [risas], porque se me hacían interminables las vacaciones y pensaba “Qué suerte que tienen estos niños de todas las noches ver espectáculos y ver música y teatro y gente pintada y divertirse, conocer otros chicos y jugar… Como una cosa muy colectiva, de unión social, de todas las noches”.

 

K: Y hablando un poquito de esto que mencionabas, de que no pudiste incluir la murga durante el período de la dictadura, ¿cómo fue que hubo ese cambio?, ¿o cómo funcionó la murga en esa época? En cuanto a lo que decías, que no era muy alegre.

 

M: No, no que no era muy alegre, sino que no siempre fue alegre. La murga siempre se caracterizó por ser alegre. No todos los temas que trata la murga, o los cuplés, que los cuplés son como la parte central del espectáculo, son pequeñas canciones; no todos son para reírse. De hecho cada murga tiene como un perfil. Hay murgas que tienen un perfil más cómico y hay otras que tienen un perfil más de crítica dura; tienen como personalidades. Son como los equipos de fútbol… Hay gente que son fanáticos de una murga u otra de acuerdo a con qué se sientan identificados, y también hay una cuestión de tradición familiar o de “Tal murga es de mi barrio, entonces la voy a seguir”…

 

K: Como al equipo.

 

M: Sí. De hecho hay un concurso y hay ganadores. La gente se enoja si su equipo no gana… Y durante la dictadura pasó algo que fue que se prohibieron muchas cosas; muchos teatros, muchos artistas no pudieron cantar, actuar, lo que fuera. Pero el carnaval no se prohibió porque era un elemento muy fuerte de la identidad uruguaya, entonces prohibir el carnaval era tener al pueblo muy en contra. Entonces decidieron seguir con el carnaval, y lo “positivo”, entre comillas, porque me parece que no hay muchas cosas positivas en una dictadura, fue que muchos artistas que no podían cantar o hacer teatro se volcaron al carnaval. Entonces en estos años la calidad de los espectáculos creció muchísimo porque era gente muy formada, y se profesionalizó mucho. Pero también hubo gente que tuvo que exiliarse o que estuvo presa en ese período, por eso hablo que no es siempre tan feliz.

 

K: O sea, la producción de la murga o el actuar o el participar de… esa parte.

 

M: Sí, claro, claro.

 

K: Durante el documental yo creo que logras ciertos ángulos que alguien, desde acá, muy externo, logra disfrutar mucho también, porque es esta cuestión de desde la butaca, desde atrás del escenario, en el barrio; te despierta muchas preguntas y vas respondiendo poco a poco lo que lo engloba, ¿no? Pero también hay bastante autocrítica de la murga, y eso me parece padrísimo. ¿Cómo lograr la autocrítica en un documental sobre un tema en el que te estás encontrando en un mes? ¿Cómo balancear?

 

M: El tema es que yo me estaba encontrando en persona con la murga en ese mes, pero antes había investigado muchísimo y había hablado con mucha gente y había leído muchos libros y sabía bastante sobre el tema. Entonces yo no quería hacer un documental, ni con un par de protagonistas que dijeran la verdad absoluta sobre lo que era la murga ni tampoco algo que dijera “Qué linda es la murga, es genial; le encanta a todo el mundo, es perfecta”, porque no es verdad. Incluso me pareció justo poner en el documental a gente a la cual no le gusta la murga para nada, porque me había pasado ver otras cosas que son más que nada como videos promocionales de visita al Uruguay: “Qué lindo el carnaval”, qué sé yo, pero también pasa que si uno vive al lado de un tablado no está muy feliz de escuchar tambores toda la noche hasta las dos de la mañana. Y no pueden quejarse con nadie porque es algo que es parte de la cultura.

 

H: Por 40 días.

 

M: Claro, por 40 días, todas las noches. Es toda la noche.

 

H: Guau.

 

M: Y, no sé, me pareció interesante. Cuando empezamos a plantearnos a qué murgas incluir y a cuáles no, hicimos como una investigación y tuvimos muchas charlas de incluir a una murga más cómica, otra más de protesta, a murgas más nuevas, otras más viejas, a niños murguistas, a viejos murguistas, a murgas de mujeres. Hay una murga argentina, y después también hacíamos eso, ir a los lugares y hablar con la gente, porque la murga es justamente eso: la gente. Entonces incluir solamente a las personas que hacen murga sería no atrapar el verdadero espíritu de la murga, que es que verdaderamente cualquiera puede formar parte y cualquiera puede opinar o, no sé, meter una frase en una letra de una canción. Así que sí, decidimos hacer una cosa muy de narrador colectivo, lo más heterogéneo posible.

 

K: ¿Qué otras reflexiones te provocó el documental? ¿Qué otras curiosidades? Me parece que alguien que hace documental o cine siempre tiene esta veta curiosa, no sé, algo que dijiste: “Me encantaría darle seguimiento”, o “Hacer un documental sobre esto”, o “Tengo que seguir investigando de…” la calle y la política, del teatro y la política, o del teatro y los niños, no sé…

 

M: No me pasó que a partir del documental yo decidiera hacer otro documental, pero lo que sí decidí fue venirme a vivir a Uruguay [risas]. Fue como una decisión más grande a raíz de que yo estaba viviendo en Madrid y vivimos ese mes ahí y me volví a Madrid a editar la película y, bueno, a trabajar. Yo tenía una vida ahí y estuve todo el año ahí diciendo “Me voy a Uruguay. Me voy a Uruguay”, y un año más tarde me vine a vivir acá. Estoy acá de hace dos años.

 

K: ¿Y puedo preguntar por qué? Perdón, ¿vivías en España o en Argentina?

 

M: En España.

 

K: Y… ¿qué encontraste en Uruguay?

 

M: En ese momento España estaba como en plena crisis, y, bueno, en primer lugar pasaba eso que decías vos de que justo antes de filmar el documental, tanto yo como los dos chicos que hacen cámara, que son españoles, habíamos pasado un año de ir a muchas protestas; en la Plaza del Sol fue cuando pusieron las carpas en toda la plaza y todo eso. Pero las protestas se quedaban como medio en la nada, eran como gente gritando dos frases y al terminar te ibas a la casa más angustiado de lo que habías llegado a la plaza. Y me gustó mucho esa parte de la sociedad, y me gustó la gente de acá; me gustó la playa y la ciudad y todo, me gustó el estilo de vida. La vida en Uruguay es muy tranquila. La gente está muy tranquila, la gente está de buen humor en general. Yo siento en el aire que la gente está bien, por más que haya problemas y todo; tampoco hay la perfección como cree Hernán [risas].

 

K: Tendrá que ir, ¿no?

 

H:Sí.

 

M: Es un lugar muy agradable.

 

K:Yo quiero ir y entender si la gente nace con el don de cantar, porque en el documental parecía que todo mundo podía cantar, así, como afinada.

 

M: Es un país con muchísima música. Hay muchos grupos no sólo de murga, sino de rock, de lo que sea, y muchos conciertos; hay mucha música por todos lados, así que sí hay como una veta musical en Uruguay que se comparte por mucha gente. Es muy fuerte la parte musical acá.

 

K:Y bueno, como comentábamos en un inicio, la idea es que acá en Monterrey… Te comento: Monterrey es una ciudad de un poco más de 5 millones de habitantes; una ciudad industrial, muy cerca de la frontera con Estados Unidos. Hace poco experimentó, y todavía sigue experimentando, parte de una ola de violencia muy grande que se despertó por muchísimas razones: corrupción, narcotráfico, etcétera… La idea de proyectar este documental. Y la idea que tiene Hernán también es escribir y llevar a cabo una murga en las calles de esta ciudad…

 

H:Uy.

 

K:…Suena muy contrastante, muy loca, pero yo te quería preguntar, cuando estaba viendo el documental… Tú que lo hiciste como extranjera y lo editaste en otro país, y con toda tu experiencia internacional, ¿qué preguntas te gustaría que la gente se hiciera al ver este documental?

 

M: Ay, no sé… Mi idea al hacer el documental era eso, que la gente se enterara de que existe y también que si alguno lo ve y le dan ganas de hacer una murga en el barrio en el que esté, me parece genial. Es verdad que en ciudades más grandes es más difícil porque, por ejemplo, toda esa crítica social que tienen las letras se puede hacer en un entorno chiquito. Montevideo tiene 1 millón de habitantes, y Uruguay entero tiene 3 millones. Entonces, en las letras sí se habla de muchas cuestiones locales, pero de cosas re-locales. Por ejemplo, que una calle específica tiene barriles de construcción desde hace seis meses y todo mundo sabe dónde está esa calle, qué pasa, porque todos saben todo. Incluso parece, de cómo vive la gente, mucho más un pueblo que una capital de país. Y justamente por eso los primeros lugares que copiaron la purga uruguaya eran lugares más chiquitos, pero después. Hoy en día hay murgas estilo uruguayo en Buenos Aires, por ejemplo, que es una ciudad enorme, y se manejan de forma distinta, supongo yo, o hablan de temas más universales. Pero igual les funciona, así que creo yo que la pregunta que quiero que se hagan es: “¿Vamos a hacer una murga acá?”.

 

K: Pues, yo creo que eso fue lo que… ¿Tú te hiciste la pregunta antes o después de ver el documental? ¿O ya traías la idea?

 

H: Ya traía la idea, sí.

 

K: Entonces nada más le provocaste más la curiosidad, yo creo.

 

M: Bien.

 

K: Pues no sé, Hernán, si tienes alguna duda, comentario, anuncio…

 

H:Anuncios. Pues, el documental de Voz de Murga lo pueden encontrar en…

 

M: www.reelhouse.org/documental/voz-de-murga. Si no se acuerdan, se hacen amigos de Voz de Murga en Facebook y ahí lo encuentran.

 

H: Perfecto. Estamos planeando proyectarlo para darle difusión y también para reclutar uno que otro murguista que quiera unirse a la causa en Monterrey a finales de mes, principios del siguiente, más o menos por ahí. Si quieren mantenerse pendientes aquellos que estén escuchando podrían tal vez seguir también la página de Voz de Murga

 

K: Y la de la Casa Comunitaria, que es un espacio libre ahí en el Centro de Monterrey. Ahí se hacen eventos, y la idea es también proyectar la película, el documental.

 

H: Seguido, si se puede, de una mesita de diálogo con músicos

 

K: Bueno, hay muchos proyectos que se han desatado a partir de esta curiosidad que tiene Hernán y que, bueno, ya me ha pegado un poco.

Pues te agradezco muchisisisísimo, Micaela, que hayas estado con nosotros todo el programa, escuchado nuestras reflexiones.

 

M: Gracias a ustedes también.

 

K: Un abrazo muy fuerte, y a todos los que nos escucharon también. Hernán, mil gracias por estar aquí en Los perros románticos y traer tu murga con nosotros.

 

H: Muchas gracias por la invitación.

 

K: Y al querido Álvaro Guadiana, que estuvo con nosotros en controles. Y a todos ustedes. Muy buenas noches, aquí y allá, hasta Uruguay. Un abrazo muy grande.

 

 

 

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