Por Reyna Guillermina Hernández Velásquez

OBRA: Días contados

AUTOR: Fabrizio Mejía Madrid

EDITOR: Almadía

AÑO: 2013

Un vistazo al pasado, presente y futuro de la humanidad a través de Días contados, crónicas escritas por Fabrizio Mejía Madrid, cronista y narrador, novelista de la crónica y cronista novelero. Empezó escribiendo novelas (le rechazaron siete). Después de tanto escribir, reunió la novela y la crónica para compartir con el lector sus vivencias y experiencias en su viaje desde el sur hasta el norte de México y diferentes lugares del mundo, aplicando todos los elementos de la crónica.

Fabrizio Mejía nació en la Ciudad de México en 1968. Es egresado de la UNAM y ha colaborado en Gatopardo, La Jornada, Letras Libres, Proceso y del suplemento Confabulario del diario El Universal. Parte de su obra aparece en las antologías The Mexico City Reader, (University of Wisconsin Press, 2004); Los mejores cuentos del 2005, compilada por José Manuel Prieto y Joaquín Mortiz (FLM, 2005); A ustedes les consta: Antología de la crónica en México, a cargo de Carlos Monsiváis (ERA, 2006); El rencor (2006); Tequila DF (2008); Díaz Ordaz. Disparos en la oscuridad (2011) y Vida Digital (2012), así como los libros de crónica Entre las sábanas (1995), Pequeños actos de desobediencia civil (1996) y Salida de emergencia (2007). En 2004 ganó el Premio de Narrativa Antonin Artaud 2004 por Hombre al agua.

Fabrizio Mejía es uno de los mejores escritores mexicanos del siglo xxi. Está al nivel de autores como Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska y Juan Villoro, con un extraordinario talento para escribir crónicas y novelas. Días contados agrupa sus mejores crónicas a petición de Guillermo Quijas, de Editorial Almadía, quien le solicitó reunir crónicas que no fueran específicamente de México; esto después de haber publicado Salida de emergencia, donde habla de sus vivencias en su recorrido desde el sur hasta el norte de nuestro país. Ante esta petición, y en vista de que Fabrizio Mejía no guarda nada de lo que escribe, fue a casa de su madre a rescatar las crónicas que escribió en diarios, revistas y suplementos culturales, algunas de las cuales han cumplido más de 20 años. Este libro que reúne 13 crónicas que hablan un poco de Europa, América Latina y Estados Unidos, abarcando una cronología que va desde 1989, año de la caída del Muro de Berlín, hasta el 2009, en el que el autor retoma el problema del narcotráfico en nuestro país para contarnos el triste desenlace de un dealer de drogas de Ciudad Universitaria, pasando antes por el entierro del Che Guevara en Santiago de Cuba y la visita que hace el cronista a la Venezuela de Hugo Chávez en 2005, además de las protestas del magisterio oaxaqueño en Oaxaca en contra del gobernador Ulises Ruíz, la historia del Viagra que resuelve los problemas interiores y la última crónica, en la que no estuvo presente, pero que pudo redactar gracias a sus amigos Francisco Hinojosa y Juan Villoro, que le mandaban tweets del terremoto de Chile en 2011. Estas historias están estructuradas en cuatro capítulos. El primero (titulado “Cobarde mundo nuevo”) contempla “Mi vida como espectro” (1989), “El orden en el zoológico” (2000) y “Los Días de la Langosta” (1992). “El jardín Devastado” es el nombre del segundo capítulo, que incluye “El entierro del Che Guevara” (1997), “Viaje al final de los Andes” (2005) y “Robinson Crusoe en Oaxaca” (2006). “Los estados del yo” engloba “Días de guerra”, “Noches de amor”, “Las brujas del cosmos”, “Supérate que yo te superaré” y “Memorias de un dealer”. Por último, el capítulo cuatro, “El temblor bajo tu piel”, reúne “Los diálogos del pene”, “Cuando fuimos felices” y “La soledad de los caníbales”. Cada una de las crónicas está escrita en primera persona.

En estas historias hay investigación de fondo; en ellas hay hechos, fechas y nombres que no se pueden inventar. Fabrizio Mejía maneja el humor, la ironía y la reflexión, y nos manifiesta su punto de vista ante los diferentes acontecimientos. La manera en que están contadas es a través de escenas o secuencias específicas con las que se nota la pericia para captar la atención del lector.

En el prólogo, escrito por el mismo autor, éste explica que “este libro es sobre el futuro. Sobre el pasado de ese futuro. Y sobre la eternidad de este presente.” Con estas palabras nos da a entender que tiene una gran preocupación por nuestra actitud tan pasiva ante el bombardeo de ideas superficiales acerca del futuro y de la realidad que vivimos actualmente. En el capítulo uno hace una crítica al sistema económico y político del mundo. De cómo es que somos engañados por nuestros gobernantes, cuando lo que ellos hacen en las reuniones a las que son convocados para defender nuestros derechos es mostrar quién tiene más poder y qué provecho pueden sacar ahí. Es un intercambio de ideas entre poderosos que no van con la intención de defender nuestros derechos, ni de hacer modificaciones que verdaderamente beneficien a la humanidad, pues son ellos los primeros en violarlos. En sí habla de cómo el mundo avanza hacia el capitalismo, manejando la idea de una cultura dominante.

En el capítulo dos hace referencia a los movimientos sociales, y en especial las vivencias del magisterio oaxaqueño y la APPO en el 2006, en su lucha por el desconocimiento de Ulises Ruiz Ortiz como gobernador por a las arbitrariedades cometidas al pueblo de Oaxaca. A mi parecer, el autor relata fielmente cómo sucedieron los hechos de los cuáles fui testigo. Además comprueba que fueron los priistas quienes acabaron con la vida de un activista y de muchas personas inocentes, esto ante la impotencia de verse vencidos. Desafortunadamente, en ese entonces perdimos la batalla pero no la guerra. Prueba de ello es que estamos de pie y que seguiremos luchando por todas las atrocidades que se sigan cometiendo en contra del magisterio oaxaqueño y de los más desprotegidos. De esta manera, Fabrizio Mejía,hace ver a la gente que “la historia de los maestros no es de un plantón; viene de los años 30, tiene que ver con Cárdenas y las normales rurales. Esa es la historia que hay que contar”.

Esa es la historia que tenemos que construir actuando de forma reflexiva ante la situación crítica que vive nuestro país. Debemos prepararnos para defendernos de esa ola de represión y deshumanización que viene ejerciendo el gobierno federal en contubernio con la delincuencia organizada. Tal es el caso de los estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa, Guerrero. Queda claro que la intención es acabar con los normalistas. En los capítulos tres y cuatro nos explica cómo hemos ido acortando la idea del futuro, de un futuro incierto que está supeditado a teorías de superación personal, a ideas donde la historia se está extinguiendo y la intención última del gobierno es acabar con los que se oponen a sus mezquinos intereses y seguir explotando a los de la clase baja y ejercer el control mediante los medios de comunicación, la tecnología y la religión. Las redes sociales son resultado de esta transformación; son ágiles y manejan mucha información completamente superficial y pasajera que en nada beneficia a la sociedad porque no hacemos buen uso de ella. Definitivamente, todas las ideas principales de cada una de las crónicas nos hacen reflexionar acerca de la triste realidad de nuestro México querido en pleno siglo xxi, y del futuro que nos espera si seguimos dejando que impere la cultura dominante. Ante esta situación, es preciso crear conciencia y tomar decisiones que nos permitan hacerle frente a los últimos acontecimientos, cumpliendo cada quien con lo que le corresponde, como docentes formando hombres críticos y libres de pensamiento, porque la escuela es la base de la transformación y en nuestras manos está establecer el rumbo de nuestro país. Vamos a darle sentido a una cultura que está en un callejón sin salida. Aunque no es preciso vernos reflejados en la cultura de otros países, aquí en México hay mucha tela de donde cortar. Debemos acabar con la cultura dominante, que es la cultura del mercado, en palabras de Fabrizio Mejía. Valoremos las pequeñas culturas que responden a la otra idea de estar en el mundo que responda a la empatía, a la otredad y a la identificación con nuestros

*Este ensayo fue elaborado como parte del Programa de Lectura y Redacción Crítica de la Sección 22 de la SNTE.

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