Por Denise Alamillo

 Marsella. Finales de septiembre, 2014

Arribar en barco a esta ciudad es una de las actividades recurrentes que nos hace visitarla con mucha frecuencia.

Desde el barco imaginamos a los viajeros del Mediterráneo oriental seis mil años antes de Cristo, entrando por el mismo sitio y encontrándose con este territorio que desde entonces y hasta la fecha se caracteriza por su gran población de migrantes multiculturales.

Justo frente al viejo puerto vemos un anuncio que luego se repetirá por todo el centro de la ciudad: “Exposición en la Vieille Charité ‘VISIONS HUICHOL’, un art Amérindiens. Del 13 de septiembre 2014 al 11 de enero 2015”.

Al caminar por una calle del centro histórico de Marsella, vemos, además de franceses, mujeres africanas vestir sus coloridas kangas, japoneses con sus grandes cámaras fotográficas, varias mujeres con velo (desde las coloridas hasta las radicales de negro, invisibilizadas por completo), monjes de medio oriente, gitanas del este, muchos árabes y magrebies y un judío con la Torá en la mano de mirada perdida. Podría parecer una fotografía cliché, no lo es.

Subimos al Panier, el Barrio Antiguo de Marsella, que fue destruido por los alemanes de la mano con las autoridades francesas en la Segunda Guerra Mundial y reconstruido casi en su totalidad. Hasta hace pocos años, el Panier se caracterizaba por ser un barrio de inmigrantes sin papeles, popular e inseguro. Luego de la filmación de una telenovela famosa, se ha convertido en un barrio con galerías alternativas, tiendas de jabones artesanales, alfareros y restaurantes-bar en pintorescas terrazas. Algo “hipster”, pero muy a la francesa.

Al llegar a la Vieille Charité (la villa de la caridad), nos encontramos con un antiguo edificio de estilo barroco. En el siglo XVII, sus instalaciones tenían la función de encarcelar a los mendigos mientras eran sometidos a trabajos forzados, una extraña concepción de “la caridad”, me parece. El diseño de un edificio de tres pisos rodeando un patio central en el cual se encuentra una capilla de cúpula redonda me hace pensar directamente en Michael Foucault y su panóptico.

Es el día de patrimonio y todos los museos son gratis; nos ahorramos 16 euros. Hay mucha gente que llega también a ver “Las visiones huicholas”. Al entrar a la exposición, prohíben las fotografías argumentando que a los artistas no les gusta que su obra sea fotografiada.

Decenas de coloridos cuadros creados con hilos nos transportan de inmediato a México.

 

Matehuala. 10 de marzo, 2014

Es temprano y hace frío. Nos encontramos en esa central de autobuses que me parece una de las más aburridas de México. Siempre me toca esperar largas horas, pues mis destinos frecuentes son la Huasteca potosina y Estación catorce, y hay pocos autobuses.

Con nuestras mochilas de viaje y la guitarra de Emilie, esperamos el autobús hacia Real de Catorce. Es la primera vez que ella está tan al norte de México.

Se nos acerca durante la espera del mismo autobús José Luis Ramírez, un músico huichol con violín en mano. Nos platica que es de la comunidad de San Andrés y originario de Guadalajara.

Hablamos un rato sobre música y nos ofrece un disco suyo, pero no tenemos dinero, ni reproductor de discos. Después llegan otros temas a la conversación: semejanzas entre ser peregrinos y viajeras, los peligros que en México se viven al migrar, la resistencia contra las mineras canadienses que quieren despojar y explotar parte de las tierras sagradas de los huicholes. José Luís nos habla de un documental en el que él y su familia han decidido participar para mostrar su forma de vida tradicional y la importancia que para ellos tienen sus sitios sagrados. El tema final fue la guerra en México y la lucha diaria por sobrevivir conservando la alegría y la libertad a pesar de todo.

Un bello encuentro con intercambio de contextos hizo de Matehuala y esa fría estación de autobuses todo un viaje y no sólo una espera.

 

* * *

 

Un francés de larga barba y porte bohemio preguntaba desesperado a sus compañeros cuál era el sentido de los cuadros; no entendía por qué los indios de América hacían esas obras. Ofuscado, mencionaba que estaban bonitos, pero que a él no le decían nada y quería entender un poco.

En realidad era comprensible su desesperación, pues la museografía está muy mal realizada, no contextualiza la vida de los huicholes. Mencionan datos aislados sobre cosmovisión, rituales con sangre de venado, el peyote como cactus sagrado, peregrinaciones, chamanismo y viajes místicos, venados, maíz y calabaza. Destacando la integración de los “indios americanos” a la modernidad.

La exposición presenta una vitrina con algunas vasijas y objetos típicos ceremoniales que fechan por el siglo XIX. Dudo de la veracidad del dato, pues las chaquiras y los materiales se ven mucho más recientes. Ubican a los huicholes dentro de un mapa de México sólo como un punto gigante entre Guadalajara y Nayarit.

También proyectan un video de 12 minutos en el que aparecen unas tomas en un transporte urbano en alguna zona pobre (supongo de Nayarit, por la vegetación que vi) y una humilde casa en la que una señora, una joven y un señor se encargan de hacer los cuadros de la exposición. Muestran todo el procedimiento: cortan y liman un pedazo de triplay, hacen sobre él un boceto del dibujo y untan cera de Campeche amasada con una botella de caguama, luego fijan sobre la cera los hilos para darle forma y color a la obra.

El video concluye. No hablan del lugar en el que sucede, ni mencionan el nombre de los artistas. Los créditos son para algunas personas que se identifican como miembros de la EHESS, la escuela de altos estudios en ciencias sociales famosa en Francia.

 

Estación catorce. 10 de marzo, 2014

Llegamos al hostal al que acostumbro llegar desde hace una década en este pueblo. Don Carlos, el dueño, cada vez escucha menos. Acostumbrado a viajeros ignorantes en búsqueda de peyote y desmadre, procura concientizar a los visitantes compartiendo con ellos un texto sobre el peyote, sus efectos, cómo cortarlo para que se regenere y la importancia de respetar los rituales sagrados y la biodiversidad.

donsergio

La mañana siguiente, don Sergio (uno de los choferes de los típicos jeep de los años cincuenta que circulan a diario entre los pueblos de la región) nos sube a Real de Catorce junto con la gente del poblado que sube y baja entre las diferentes paradas que hace en el trayecto. Nos cuenta que su sueño es ser alcalde y menciona las principales problemáticas de la región:

“Cuando sea presidente municipal, voy a formar un comité para que administre el agua. Se la están robando. El agua no es de la presidencia, es del pueblo. Faltan bancas y focos, soy el único que grita que se están robando todo”.

—Que dios nos lo cuide, don Sergio —dice una anciana pasajera que va de la salida de estación a “Los catorce”, hablando de la sequía y que ya no puede producir tanta aguamiel como antes.

También nos platicó cómo vivieron una temporada de terror cuando llegaron Los Zetas a controlar el territorio.

“Pero llegó el ejército en helicóptero y los rodeó por todos lados. Intentaron escapar por el monte, pero los acribillaron a todos. Menos a dos muchachas que andaban con ellos. A esas se las llevaron y ya no supimos que pasó con ellas.

Eso ya se acabó. Acá es un pueblo tranquilo en el que vivimos tranquilos y queremos a los turistas. A los que no queremos son a esos pinches canadienses que nos quieren robar todo, y al gobierno corrupto que los está dejando entrar”.

 

* * *

 

Marsella es la segunda ciudad más grande del país después de París. Es una ciudad viva, de las pocas que vemos en Francia donde la gente hace uso de los espacios públicos; los habita, grita, ríe y se pelea en ellos. La mayor parte de su economía es informal, y cuando no huele a hachís que van por allí fumando, tiene olor a cloaca. un poco como el Distrito Federal.

La última colonización que ha vivido esta ciudad fue por Luis XIV en el siglo XVII. Resistió un par de siglos más que la región de Provenza que fue colonizada por Francia, sólo 11 años antes que América. 

Real de Catorce. 11 de marzo, 2014

Caminando por las calles aledañas a la famosa iglesia que en octubre se llena de jubilosos creyentes que vienen a festejar a San Francisco de Asís, busco a doña Martina y a su familia que conocí hace años, huicholes que decidieron quedarse a vivir en Potrero, a unos minutos de Real de Catorce. No los encontré en el pueblo. Me dijeron que con la amenaza de la mina, varias familias huicholas migraron.

josé luisNos encontró mientras desayunábamos José Luís Ramírez, el músico que nos topamos en Matehuala. Estaba con una pareja de extranjeros. Él nos invitó a una ceremonia que tendrían esa noche en el rancho de Las Margaritas. Allí nos enteramos que él era Marakame en su comunidad (guía espiritual). Sus acompañantes no estaban muy de acuerdo con que nos invitara y nos pesó no ir a este reencuentro.

Poco tiempo después vi en Facebook que Ursula Pruneda publicó el trailer de un documental que proyectarían en el Foro el Bicho: Huicholes: Los Últimos Guardianes del Peyote. Gran sorpresa y alegría la nuestra al ver que era justo la familia de José Luís quienes protagonizaban el documental, el cual tardaron tres años en poder hacer, viviendo múltiples dificultades, desde las típicas de un proyecto cinematográfico independiente hasta un encuentro en Zacatecas durante el 2012 con Los Zetas que controlaban una de las zonas por la que esta comunidad peregrinan rumbo a Wirikuta.

En la película se documenta desde lo íntimo de una comunidad la resistencia que llevan a cabo en contra de las mineras canadienses que pretenden despojarles de sus tierras sagradas.

“El conflicto entre el Pueblo Wixárika (huichol), el gobierno mexicano y empresas trasnacionales mineras por la preservación del territorio sagrado Wirikuta, el “corazón del mundo” y hogar del peyote.

Wirikuta es uno de los sitios sagrados naturales más importantes del pueblo indígena Wixárika , y del mundo. El pueblo Wixárika habita en Jalisco, Nayarit y Durango en la república mexicana, y es reconocido por haber conservado su identidad espiritual y continuar practicando su tradición cultural y religiosa desde hace más de miles de años.

En Wirikuta se originó la Creación, y es el territorio a donde peregrinan las distintas comunidades del pueblo Wixárika, recreando el recorrido que hicieron sus antepasados espirituales. Allí se teje y se sostiene la esencia de la vida del planeta. En este desierto brota el peyote o jícuri, cactus que los wixaritari (huicholes) ingieren ritualmente para recibir el “don de ver”.

Esta película brinda a la audiencia información de un conflicto reciente y aún vigente a través de situaciones y testimonios auténticos. En el marco de una apasionante experiencia audiovisual, basada en hechos verídicos corroborados por los protagonistas, por fuentes oficiales y estimaciones de representantes destacados de todos los sectores involucrados.”

[La película se estará proyectando en Monterrey en la cineteca desde el 17 de septiembre y hasta este martes 30]

 

* * *

 

Francia no se salva de cargar con estigmas sociales impuestos, como el de que la cultura y el arte corresponden a París, al norte.

A pesar de que muchos de los pintores y artistas más destacados provienen del sur, son elegidos por la élite parisina, quienes deciden lo que es bueno y lo que no, quién merece un sitio entre sus galerías y quién no.

Llegan desde el norte con esta idea romántica de “descubrir” a algún salvaje artista del exótico sur para refinarlo y hacerlo brillar. Y si es Marsella más aún, pues hay que quitarle ese acento risible del sur, domesticarlo, darle seriedad curricular para lograr que sea visto como francés civilizado.

La exposición sobre arte huichol que presentan en esa antigua cárcel de trabajos forzados podría ser un maravilloso encuentro de diferentes realidades en donde los huicholes tienen mucho que enseñar a una sociedad multicultural que recibe con los brazos abiertos y mucha curiosidad cada vez.

Por el contrario, su diseño parece dirigirse a ser “una muestra de salvajes para salvajes”, una exposición más en la que llegan los del norte a exponer sus visiones eurocentristas, imperialistas, muy ignorantes al parecer.

Al final no saben en dónde exponen ni ante quienes lo hacen.

Tanto Marsella como los huicholes son y serán siempre culturas resistentes, incolonizables.

Comments

comments