Por Carmen Libertad Vera

Cabina: ¡Buenos días, estimados radioescuchas! Hoy es 12 de febrero del 2016, primer viernes de cuaresma. De acuerdo con la liturgia católica, este día corresponde a la celebración de Los Siete Santos Fundadores de los Servitas, creadores de la Orden de María. Aunque, indudablemente, en términos religiosos, la noticia más relevante de hoy es la esperada llegada a territorio mexicano del papa Francisco, quien inicia así su visita de cinco días en nuestro país.


En el plano nacional, informamos que continúan las investigaciones en torno a los recientes y sangrientos sucesos ocurridos en el penal de Topo Chico, donde una cifra actualizada del número de muertos disminuyó de 52 a 49, la cual no deja de ser espeluznante, y por lo cual el pleno del Senado de la República emitió un pronunciamiento al gobernador de Nuevo León, exhortándolo a investigar los hechos y a que se determinen las responsabilidades correspondientes.


En otro orden de ideas, atendiendo noticias menos densas, les recordamos que este viernes, por tradición, es vigilia. Lo que pareciera no tener importancia para alguien como Usted, o como yo, que somos de esos tragones que, bien quitadotes de la pena, nomás llegamos a sentarnos a la mesa para degustar, en a gusto, un caldillo de lentejas, unos chilotes rellenos y un infaltable platote de capirotada.


En cambio, para las amas de casa y los cocineros o cocineras en restaurantes de todo tipo y tamaño, la situación no es tan simple. Y no sólo por la carestía actual. ¿O a poco cree que la comida de vigilia se hace solita, así como de milagro?


Para darnos cuenta de cómo es un viernes de vigilia en esta ciudad, vamos a hacer un enlace con nuestro reportero móvil que se encuentra en las inmediaciones del Mercado del Mar. Enviamos hasta allá nuestros micrófonos.

Enlace: Bueno, bueno, ¿me escuchan? Sí, estimado auditorio, nos encontramos aquí, en este viernes de cuaresma, en el interior del Mercado del Mar. Porque para un gran número de creyentes, hoy hay vigilia, y ésta se respeta, como Dios manda.


Y bueno, Dios manda en este día la abstención de consumir carnes rojas. Por lo que desde muy temprano, hasta aquí llegaron y siguen llegando los compradores de frutos del mar. No exagero al decir que esto es parece una gran peregrinación de gente que arriba a este sitio con la única finalidad de comprar todo aquello que con su presupuesto les alcance.


Debería usted ver aquí, como yo ahorita, los cientos de personas que caminan entre los pasillos del mercado. Comparan precios y pelan tamaños ojotes al ver lo que cuestan los escamados pescados y los mariscos. En cuestión de pescados, aquí hay de todos los tamaños, chiquitos, medianos y grandotes; todos bien helados, y no sólo por estar medio incrustados entre montones de hielo frappé, o tendidos sobre barras de agua congelada, sino porque, ¡claro!, todos están bien difuntos. ¡Je, je, je! Han de disculparme el chistorete.


Junto a estos pescados difuntos podemos observar verdaderos cerros de camarones gigantes transparentes; ya se pondrán coloraditos cuando los cuezan. También hay moluscos cabezones que muestran al aire sus tentáculos cubiertos de ventosas. ¡Al rato a ambos los vamos a encontrar nadando en salsa cátsup adentro de una chabela, convertidos en cocktail! ¡Hum, yomy, yomy, que rico! ¿A poco no se les antoja, queridos amigos radioescuchas?


También aquí, en estos puestos de pescados y mariscos, podemos encontrar otras variedades de los llamados frutos de mar, no tan conocidos, o no muy solicitados, como los diversos tipos de crustáceos. Sí, como estos grandes cangrejos que estoy observando, y que seguramente irán a darle sabor al caldo de una rica y humeante sopa de mariscos. ¡Ya los imagino en un caldo levantamuertos!


Aquí también veo langostas y langostinos, aunque esas seguramente irán a parar a los restaurantes de más categoría. Allí donde la gente de caché va y cumple con la vigilia ordenando una Langosta a la Thermidor.


Pero regresemos los micrófonos hasta cabina, a ver si tienen alguna pregunta o algún comentario.

Cabina: No pues, comentario sólo uno… ¡Qué rico! Aquí, a todos los de cabina se nos ha abierto el apetito con lo que nuestro reportero móvil nos está informando. ¿Y ustedes, queridos amigos del auditorio, ya saben lo qué van a comer hoy? Comuníquense a través de nuestras líneas telefónicas y cuéntenos, díganos sus sugerencias para este viernes de vigilia. Mientras tanto, hagamos un breve corte comercial, para escuchar las sugerencias de nuestros patrocinadores. En seguida regresamos.

[“En CFE nos sentimos orgullosos de estar contigo. En tus sueños, en tus alegrías, en tus logros y en tus retos. Nuestra energía eres tú. CFE.”]

Cabina: Regresamos con ustedes, estimado auditorio, y de inmediato retomamos el control remoto desde el Mercado del Mar con nuestro reportero móvil, para que nos cuente qué más ha encontrado en ese sitio durante este viernes de vigilia. ¡Sí, amigos, porque hoy es vigilia! Y hoy toca… toca capirotada, ¡no sean malpensados! Así que adelante con nuestro enlace.

Enlace: Bueno, bueno, ¿me escuchan? ¿Sí? ¡Perfecto! Pues seguimos aquí, en el Mercado del Mar. Los puestos de pescados y mariscos se encuentran lleno, a máxima capacidad. ¡De compradores, de vendedores, pero sobre todo de gran variedad de frutos del mar! ¿A usted le gustan los ostiones en su concha, las almejas, el callo de hacha o el abulón? Aquí hay todo eso. Y hasta más.


Mire… Bueno, no puede mirar porque esto no es televisión, pero deje le cuento: aquí hay hasta tiburones. ¡Chiquitos, claro! Aquí estoy tocando uno. ¡Híjole, su piel es medio rasposa! Lo tienen aquí en el puesto adornado con una mojarrita, como si se la estuviera comiendo.

Vemos su aleta y su mandíbula con muchas hileras de dientes. ¡Sí en el mar me llega a salir uno vivo, yo mejor corro, digo, nado! Y es que si usted no sabe, el pescado conocido como cazón es el tiburón chiquito. El tiburón bebé, como quien dice.

Pero dejen les cuento que en lo que estuvimos en el anterior corte comercial, me puse a platicar aquí con Fernando y con Pedro.


El primero es dueño de El Rey de los Mares, uno de los locales más grandes y mejor surtidos de todo el mercado. Por allí vimos mojarras, sardinas, tilapias, bagres, huachinango, molida para ceviche. Todo muy limpio. Con sus básculas colgantes para que los clientes puedan apreciar el peso de lo que compran. También tienen unos estantes, en la parte de atrás del puesto, donde venden distintas salsas y chiles embotellados. Notamos ahí que los precios estaban bien visibles junto a cada producto, como recomienda la PROFECO. Él nos comentaba que este año prevén que van a bajar las ventas. Porque si bien, para las pescaderías esta temporada es alta, la situación con eso del alza en el precio del dólar está del cocol. Pero que sí, que las ventas son más altas que el resto del año.


Por su parte, Pedro, la otra persona que entrevistamos, es dueño de un restaurante que, en estas fechas, como la mayoría de ese tipo de negocios, incluye en sus menús los platillos regionales que la gente busca para sustituir la carne. Mencionó que viene aquí a comprar tres clases distintas de pescado, precisamente en el puesto de El Rey de los Mares. Mencionó que compra sierra para el caldo michi, porque es más carnudito y tiene menos espinas. Filete de pescado blanco del Nilo, para el que elabora capeado. Y también lleva carpas, para prepararlo guisado en aceite. Sin faltar el cazón molido para las tostaditas de ceviche, a las que les pone encima rodajitas de ahuacate. ¡Hum, ya se me hizo agua la boca! Y además lleva mariscos para preparar cocteles.


Pedro nos comentó que ya la gente no respeta tanto la cuaresma. Que todavía hace como ocho o diez años, en su restaurante era raro en estas fechas que alguien llegara a pedir platillos elaborados con carne. En cambio ahora, casi el 40 por ciento de los parroquianos que atiende no piden comida de cuaresma.


Eso sí, a excepción de los diabéticos, y a veces hasta ellos, la mayoría termina pidiendo un buen plato de capirotada. Tanto así, que a pesar de que siempre preparan una cazuela enorme, pero en verdad enorme, de ese postre, para las dos de la tarde, a veces ya no queda nada.

Cabina: O sea, que según lo que comentó tu entrevistado, ¿ha disminuido la abstención de comer carne roja en los días de vigilia?

Enlace: Pues según lo que él me dijo, sí. Y aún más, piensa que ni con la venida del papa Bergoglio vaya a cambiar esa situación. Y eso es entendible, porque con los precios actuales que tienen los pescados y mariscos, pues, parece más viable comer carne roja, aunque sea vigilia.


Así que despido esta transmisión y regreso los micrófonos a cabina, porque yo, por lo pronto, voy ir a desayunar unos ricos taquitos de suaperro con salsa martajada. ¿Gustan? Porque aunque sea vigilia, a los pobres como que no nos alcanza para entrarle al coctel de camarón.

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