El actor realizó una campaña para promover uno de los estados más afectados por la violencia en México. En entrevista exclusiva con El Barrio Antiguoreivindica el turismo como una forma de crear testigos para obligar a las autoridades del lugar a rendir cuentas y transparentar sus acciones con el exterior y sus representados

Por Daniela García

¿Puede un actor legitimar un gobierno?”, reflexiona Gael García Bernal, una de las principales figuras del cine latinoamericano, durante esta entrevista concedida a El Barrio Antiguo. El también director y productor relata los motivos por los cuales realizó una campaña promotora del turismo en Nuevo León, además de responder algunas de las dudas que surgieron en torno a su orientación política y plantear un debate importante acerca de la relación entre artista y Estado.

¿Cómo fue el contacto para invitarte a trabajar en este proyecto?

Fui invitado por la agencia de publicidad que organiza estas campañas. Esta agencia ha realizado varias campañas de turismo en diferentes estados.

¿Por qué decidiste aceptar?

Como la mayoría sabe, Monterrey —y Nuevo León en general— se convirtió en una de las tantas zonas víctimas de la violencia e inseguridad descarnada que azota nuestro país. Esa violencia se manifiesta en todos los niveles y corta de tajo la libertad de una sociedad. Lo que hicimos es una pequeña pieza audiovisual que es parte de una campaña de turismo para que todos visitemos ese estado. Más allá de los beneficios materiales del turismo —que son siempre mencionados—, son imprescindibles los beneficios trascendentales que trae consigo el turismo, o “el ida y vuelta”, por llamarlo de otra manera. El ir y venir de personas, el contacto efímero en un lugar común, hace que naturalmente haya un mejor porvenir. Más allá del intercambio de ideas, el turismo crea testigos para obligar a los representantes o autoridades del lugar a rendir cuentas y transparentar sus acciones con el exterior y con sus representados.

¿Consideras que podría beneficiar realmente al estado de Nuevo León?

La visibilidad es fundamental para eliminar la impunidad. La inseguridad y la violencia han generado un clima de terror en el país. No sólo no viajamos en el sentido literal, cada vez hay menos puntos de encuentro que son necesarios para obtener por fin la paz, con justicia y dignidad, tan anhelada. Definitivamente esta campaña no es una solución en sí de un problema. Pero el generar testigos es esencial para construir las posibilidades de cualquier solución.

Por ejemplo: cada año llevamos la gira de documentales Ambulante a Monterrey. A lo largo de ocho ediciones, ya es un festival aceptado e incorporado a las actividades culturales de esa ciudad. El lema de Ambulante es “Descubrir, Compartir, Transformar”. La naturaleza del festival es migrante y apela a tener experiencias trascendentales. Es inexorable la dimensión turística que también tiene el festival.

¿Te pagaron 22 millones?

Obviamente fui pagado por hacer esa campaña turística —ojo, campaña turística para el estado de Nuevo León y no una campaña promoviendo algún gobernante o partido político—. Todos los actores, técnicos, directores y productores que hemos hecho este tipo de campañas hemos sido pagados, es nuestro trabajo.

Ante la legítima demanda de transparencia en los gastos e ingresos, es la administración correspondiente quien tiene que dar claridad de los gastos para hacer esta u otras campañas audiovisuales. Aún así, aclaro que yo no cobré 22 millones de pesos por el cineminuto. Esas cantidades están completamente fuera de proporción de lo que yo o cualquiera cobraríamos por una campaña así.

Respecto a los comentarios de que estás ayudando a legitimar el gobierno de Rodrigo Medina, ¿crees que sea cierto?

Hay personas que piensan que mi participación en esta campaña legitima a un gobierno. Hay mucha gente que verá esto solamente en acorde al filtro político que satisfaga sus intereses. Hay pocos que no saben que el cine mexicano se ha hecho, en gran parte, con dinero del estado, en la gran mayoría de ocasiones con plena libertad creativa.

Todos estos puntos de vista existen y no son exclusivos del contexto político en el que se encuentra el país.

Mi pregunta a esos puntos de vista, para que le den la importancia sensata a lo que yo hago sería: ¿puede un actor legitimar un gobierno? Sería loquísimo, en todos los sentidos, tener ese don y que el mundo funcionara así.

Mi presencia en una campaña turística del estado, donde no se trata de quienes lo gobiernan, no es para legitimar a nadie. Es para promover un espacio milenario, una cultura, un núcleo de los tantos núcleos que existen en México.

De acuerdo a este pensamiento, ¿es mala idea recibir apoyo o financiamiento por parte del gobierno en cualquier nivel: municipal, gubernamental o federal?

En tono más melodramático: si medimos con ese rasero, yo y todos los que hacemos cine en México —incluidos los periodistas, los becarios del FONCA, los que reciben alguna especie de subsidio, los estudiantes de escuelas públicas — somos comparsas del gobierno en turno al recibir apoyo del estado en casi todas las ocasiones. Esta es una discusión larga y bastante interesante que no podremos abarcar en su totalidad en una entrevista. Pero enfocándonos en el caso del cine, me parece fundamental el apoyo que ha recibido el cine en México por parte del gobierno. Como lo dije anteriormente: en la gran mayoría de situaciones, el apoyo (sin condicionar su contenido) que hemos logrado tener para hacer películas, nos ha dado la posibilidad de convertirnos en una de las cinematografías más libres y pulsantes que existen en el mundo.

Al final de cuentas, ¿qué es lo que habla mejor de un país? Su libertad. La libertad no se fabrica para ser vendida; la libertad es una conclusión lúcida que se transmite por sí sola. Es un concepto de dimensiones indescriptibles. Pero sé que en México, una noción asequible de la libertad será realidad cuando exista plena justicia social.

¿Cuál era tu forma de ver Monterrey antes de venir a trabajar acá?

La única vez que estuve en Nuevo León fue a los 11 años. No había vuelto desde entonces. Estuve tres días haciendo funciones de una obra de teatro malísima que era la continuación de una pinchi telenovela. Nos divertimos mucho haciéndola y viajando por todo el país. Cuando estuvimos en Monterrey, sólo conocí el teatro, el hotel, un restaurante y una tienda de discos que estaba en la Macroplaza. Ahí me compré mi primer disco de los Talking Heads. Una noche nos llevaron a La Huasteca. Fue mágica la experiencia. Me acuerdo bien de ese momento: sentía que estaba en un escondite para asomarte al universo a las afueras de la ciudad. Pocos lugares tan impresionantes como ese. Me imagino que todo regio tiene cantidad de anécdotas que contar de ese lugar.

Pero volviendo a la pregunta, Monterrey se convirtió en el imaginario en un lugar de paso, de negocios, de asuntos específicos sin posibilidad que suceda nada más. Por esa razón no había venido, porque no había razón que me llevara para allá. Me avergüenza decir que habemos muchos en México que no conocemos Monterrey por esas razones.

¿Ha cambiado tu perspectiva?

Ha cambiado mi perspectiva casi en su totalidad. No se puede reducir un lugar tan complejo con una descripción tan cerrada como “es un lugar solamente para hacer negocios”. Monterrey es una ciudad que ha desarrollado una identidad única desde su creación: la identidad regia, que abarca todo tipo de expresiones y matices, desde la forma de hablar y de encarar un problema, hasta su manifestación culinaria y el sentido del humor. Los componentes de ese conjunto que contiene la identidad regia son increíblemente variados y en apariencia contradictorios. Por ejemplo, es fascinante ver cómo toma forma una identidad al mezclarse dos visiones: una visión radical del progresismo y una visión conservadora e intransigente. El resultado es una postura política contestataria y con un alto sentido de comunidad. Obviamente esta es un ejemplo “Nescafé”, como diría Álvaro Enrique, pero espero me dé a entender.

Es evidente que Monterrey acarrea problemas sociales profundos, como todo México a final de cuentas. Hay vendettas comerciales entre empresarios, políticos, organizaciones criminales, comunidades, que han desangrado el pulso de una sociedad. Pero es también evidente que las nuevas generaciones —incluida la mía— queremos cambiar ese aparente status quo.

¿Con qué noción te vas de Nuevo León?

Me gustaría tener una visión más grande del estado. Tan solo conocí Monterrey y algunos alrededores. Por lo que vi, por lo que leo y por lo que me cuentan mis amigos, es urgente resarcir y construir un nuevo tejido social. El dolor que han sufrido familias enteras es indescriptible. Es increíble que el universo no se detenga cuando uno ve lo que le sucede a nuestro país, a nuestro campo, a nuestros niños y a nuestros ancianos. Sin embargo, veo que en Monterrey la gran mayoría quiere volver a recuperar la esperanza. Lo están haciendo de diferentes maneras, a veces de forma frontal y a veces tangencial, que es igual de importante. Hay gente que elige la política y todo su circo grillero, hay otros que eligen caminos más insospechados y menos evidentes. Todos esos caminos son espinosos, pero abren brecha para una posibilidad de paz. Parafraseando a Fernando Pessoa “Unos gobiernan Nuevo León, otros son Nuevo León”… “Y qué bonita es La Huasteca”, diría yo.

Comments

comments