PorAntonio Hernández

Para Benita, de General Bravo, Nuevo León. Madre de dos ciclistas muertos por atropellamiento

El recorrido de Bicicletas a través de las Fronteras duró cuatro días, desde la frontera texana, hasta capital de Nuevo León. Entre Reynosa –primera ciudad mexicana durante el recorrido- y Monterrey, existen localidades pequeñas que representan a los característicos pueblos del noreste mexicano. Asentados en territorios áridos, con geografías de planicies cruzadas por lomeríos bajos, están comunicados por una autopista en la que transitan automóviles que utilizan tecnologías para moverse a velocidades inusitadas. En sentido contrario ocurre la vida de quienes residen en esos territorios, con ritmo tranquilo, y personas adaptadas desde hace años al mismo.

Los Ramones, Bravo, China y Cadereyta, son las localidades de Nuevo León por donde estuvo el recorrido de Bicicletas a través de las Fronteras, Pueblo Bicicletero y Doble Rueda. Zonas de nombres sonoros, con hidrografías y lugares que ya fueron memorizados por artistas norteños. El arroyo El Ayancual (en Ramones), fluyendo entre matorrales áridos hasta llevar sus aguas al Río Pesquería, tiene su redova del mismo nombre, creada por el dueto originario del ejido El Poblado: Los Cadetes de Linares. El mismo conjunto norteño, usando el modo de los músicos del norte para nombrar creaciones musicales con nombres de recorridos entre dos pueblos, puso el nombre de “Ramones a los Algodones” a una de sus polkas más reconocidas.

Un viaje en bicicleta, durante cientos de kilómetros, es natural que origine en quien les encuentra reacciones iguales en solidaridad y acompañamiento a las motivaciones de su viaje a Monterrey.

Un ejemplo fueron los policías federales, quienes acompañaron al grupo durante el recorrido, apoyando la seguridad en los días-noches lluviosas y heladas. Este trabajo me hizo pensar en la historia de Ximena Peredo sobre los policías de una localidad en Portugal, interpretando música para bebés, haciendo el contraste sus equivalentes en México, entregados muchos al servicio de la muerte y el horror vigentes en el país. Durante el recorrido en bicicleta fue la primera ocasión en años que recibí el trato amable, sin violencia o dureza de un policía, y sin ser visto como sospechoso de cualquier cosa. Todo lo contrario ocurrió, con guardianes al tanto de la seguridad todo el tiempo que duró la travesía en dos ruedas. Los advertí sinceros, sin motivaciones subyacentes para ubicar delitos en donde no los hay, ni volver sospechoso a cualquier desgraciado que le tocara en suerte toparse con un oficial policiaco. En esta ocasión, los policías no originaban una actitud de miedo al terror.

Al solicitar hospedaje nocturno, la respuesta de la población del noreste fue generosa. En Bravo, representantes de la iglesia local, el ayuntamiento, y residentes del pueblo, se organizaron para dar al grupo ciclista un lugar caliente para dormir, y ahí poder restaurar los efectos de un camino frío y lluvioso. La sorpresa fue el inesperado almuerzo masivo, y una despedida amistosa, con la puerta abierta para regresar en cualquier tiempo.

Ramones es también equivalente. Ante la primera petición de utilizar un sitio para dormir, la respuesta fue favorable. Arribar a este pueblo, ubicado a la falda de la Sierra de Papagayos, es saber que el destino de llegada está cerca. Desde de sus lomas bajas se advierten las montañas que rodean a Monterrey, pudiendo observar en su totalidad la Sierra de la Silla, con sus picos y cañones claramente identificados. Y a la mitad del camino, como una torre de Mordor, la chimenea de la refinería en Cadereyta.

Tener un lugar para el descanso en Cadereyta fue sencillo. Tan solo al ir con el policía que resguardaba el palacio municipal para hacer la petición respectiva, se consiguió el salvoconducto favorable: “vayan a los Bomberos, busquen al comandante Arnulfo, y díganle que ya hablaron con Chuy. Él los llevará a donde se queden para dormir”. Los bomberos que nos recibieron son una sociedad que se rige por una base de compañerismo. Los que he conocido tienen vocación de servicio a prueba de muchas cosas, y en Cadereyta no fueron la excepción. El encuentro entre ciclistas viajeros y los apaga fuegos locales fue como estar con los amigos.

El distintivo grupo ciclista que migra en el invierno está en la Casa Bicicletera, recuperando energías y tocando base en la ciudad de Monterrey. Las bicicletas que serán donadas, están en proceso para quedar listas, y compartirlas a quien próximamente rodará con ellas.

La expedición no concluye aquí. Integrantes del grupo continuarán su recorrido en doble rueda por 11 países, hasta llegar al sur del continente, en Argentina. Esa es la parte que sigue de las historias.

 

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