Por Antonio Hernández

Observar un oso negro en vida libre es fascinante. Hace unos años, durante un trabajo de campo en la Sierra del Burro, al norte de Coahuila, junto con otros compañeros, fue posible observarlos a placer. Aunque en esa zona se distinguen por favorecer la conservación de estos seres, no fue debido a ello que advertimos a estos carismáticos animales, sino a causa de una imprudencia mía. Luego de 8 días de trabajo en la montaña, muchos alimentos estaban en descomposición, y ante la advertencia de la dueña del territorio visitado de no dejar basura durante nuestra estancia, de modo diligente opté por excavar un hueco, para ahí depositar toda la fruta no consumida. Eso fue un error, ya que el olor de la fruta en descomposición atrajo a los osos en nuestro campamento durante una noche completa. Lo que para mí era un desecho o basura, para los osos era un atractivo alimento.

Eventos como el descrito ocurren en nuestra ciudad, y sirven para entender una parte del por qué los osos se “acercan” a nuestra ciudad. Aparejado a la urbanización, un elemento vigente es el inadecuado manejo de los residuos sólidos. La presencia de basura en las zonas habitadas colindantes o ubicadas en las áreas montañosas en la zona metropolitana de Monterrey, es algo común, y esta problemática es importante analizarla para comprender por qué los osos se “acercan” a las zonas urbanas.

Al sur de Monterrey se encuentra un campus de la Universidad Autónoma de Nuevo León (Mederos), y en la parte del mismo contigua a la montaña, se encuentran contenedores para la basura. Este confinamiento de residuos diversos es una magnífico atrayente para los osos, quienes no evalúan a estos desechos como inmundicia, sino como una fuente de alimento accesible, que no demanda mayor consumo de energía para estos individuos. De manera permanente la Universidad deposita ahí su basura, y en consecuencia, la presencia de osos en la zona es recurrente. Esto que pasa en la Universidad se réplica a diferentes escalas en los asentamientos humanos que se encuentran aledaños en las áreas de montaña.

El que los osos estén en la ciudad tiene componentes adversos. Estos animales son individuos silvestres, que no están adaptados a la convivencia con la especie humana. La posibilidad de que este mamífero pueda agredir a una persona es patente, considerando los registros que se tienen en otras latitudes sobre eventos con estas características. Pero no es lo único desfavorable. Es posible también que ocurra una habituación de estos animales en sus hábitos de alimentación, en donde ya no busquen sus fuentes en las zonas naturales en los que tienen su hábitat, sino que tiendan a hacerlo en la ciudad, por la mínima complejidad que ello conlleva. El que los osos se alimenten en áreas citadinas tiene como resultado su muerte, sea por atropellamiento, cacería, o por enfermedades desarrolladas a partir del consumo de basura.

El manejo de la interacción del oso negro con poblaciones humanas va más allá de la atención a la disposición de nuestra basura. Sobre este tema, hay avances y metodologías que al tiempo que se logre su integral implementación, tendrán como resultado un nivel importante en la protección de estos animales. Sobre el tema de la basura, es un ámbito en que una mayoría podemos aportar, modificando o adaptando nuestros hábitos sobre una premisa general: la basura no debe estar disponible para el oso negro. A nivel de comunidad, si deseamos que el oso se mantenga viable en sus poblaciones, trabajemos en ese aspecto. Es importante que quienes residen cerca de montañas, no dejen su basura accesible para los osos, y también que la Universidad Autónoma de Nuevo León, en la zona de Mederos, modifique sus esquemas de manejo para los residuos, que en su esquema actual, son nocivos para la conservación de esta especie.

*Título de una obra del artista noruego Theodor Kittelsen.

¿Dónde están las personas desaparecidas?

La señora Cecilia Arellano es madre de Juan Javier Martínez Arellano. Su hijo está desaparecido desde hace cinco años. A él se dirige en el video “Mensaje a mi hijo”, diciéndole sobre su esperanza de encontrarlo para darle todos los abrazos y besos que no le ha prodigado durante el tiempo de su desaparición. El mensaje está aquí: https://www.youtube.com/watch?v=_eET0wi8X_I

El video es parte de la campaña “Detrás de las cifras, existen historias”, realizada por Amores y Cadhac, para sensibilizar sobre la tragedia de las personas desaparecidas en nuestra comunidad (y todo el país).

Es necesario estar al tanto de la información de la campaña y difundir sus contenidos. No podemos imaginar con toda claridad la fuerza que tiene el mensaje de una madre que busca a su familia. Algún camino puede hallar para reencontrarse con su descendencia.

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