Por Antonio Hernández Ramírez

Varg Vikernes es un músico de black. Bueno, lo fue en sus inicios, porque ahora sus creaciones son de ambient. Además de la música, una parte interesante de Vikernes son las portadas. La mayoría son tomadas de las obras del pintor noruego Theodor Kittelsen, con temas vinculados a la naturaleza. Una de ellas, titulada “Una desafortunada cacería de osos”, tiene un fondo terrible. En ella, una osa y sus cachorros aparecen matando a tres cazadores. Los papeles invertidos, como personajes de Gulliver.

Pero eso ocurrió en Noruega. En las montañas aledañas a Monterrey aún no se invierten esos roles. En los bosques de pinos y encinos hay un conflicto, en donde osos eventualmente se alimentan del ganado, o consumen los elotes o manzanas que con detalle se cultivan durante el año. Con ello queda afectada la población, al ser esas dos actividades (ganadería y agricultura) una fuente relevante de ingresos.

Lo simple para residentes de las comunidades rurales que han sido afectados por las acciones del oso, es matarlo. Pero realizar esa acción implica un desequilibrio que quizá aún no podríamos saber el impacto que conlleva. Eliminar al depredador en la cúspide de la cadena alimenticia, puede implicar un caída de las relaciones dinámicas del bosque, en donde todas las especies son interdependientes para el mantenimiento de sus poblaciones.

Una ocasión, durante el desarrollo de trabajo educativo buscando sensibilizar a la población de comunidades en la montaña, sobre la necesidad de conservar las poblaciones de oso negro, una mujer de Potrero Redondo confirmó lo que siempre ha sido un rumor persistente. Ante la pregunta sobre si tenía alguna sugerencia de cómo atender el conflicto de los osos que comen ganado o manzanas, su respuesta fue “desterrarlos”, al tiempo que simulaba un disparo de rifle.

Es importante que definamos un punto de inicio. La necesidad de cuidar las poblaciones de oso en las montañas de la ciudad es una acción importante y necesaria. De su protección se tiene como beneficio indirecto la conservación del hábitat de esa especie, y en consecuencia, la persistencia de ecosistemas importantes para las poblaciones humanas que recibimos servicios ambientales de los mismos.

Hay modelos de atención al conflicto, en los cuales se integran herramientas como cercos electrificados (en niveles que no ocasionan daños severos a la especie), aplicación de alarmas sonoras, uso de perros de raza Karelian (al ver a un oso, estos animales lo buscan atacar, alejándolo de los espacios habitados o con cultivos), además de prácticas como el manejo adecuado de la basura, buscando que no sea un atrayente para los osos.

En ese aspecto, hay trabajo que es poco conocido, pero que considero se trata de iniciativas pioneras en la región para el cuidado de los osos, en el cual se involucran la Universidad Autónoma de Nuevo León, la agencia que maneja las áreas naturales protegidas en México, y residentes de comunidades en las montañas.

Es muy satisfactorio ver la organización que se ha desarrollado en las comunidades de Canoas o San Antonio de la Osamenta, en el municipio de Santa Catarina; o la del ejido La Trinidad, en Montemorelos. En estos sitios, de modo gradual se ha comprendido que el oso debe ser cuidado, así como los bosques en el que estos animales viven. Ese entendimiento va de la mano de acciones que contemplan la implementación de las herramientas referidas, con resultados que en su etapa inicial, muestran señales graduales de éxito.

Esas comunidades rurales han puesto el ejemplo a sus pares en la ciudad. En Monterrey no hemos aprendido a respetar de manera armónica la presencia de estos animales en nuestro entorno natural inmediato.

El cuidado de este especie carismática, recordemos, parte de un hecho relevante: debemos evitar que la basura generada por residentes en las zonas citadinas de montaña, este accesible para los osos. Partiendo de esa práctica, habremos dado un avance relevante en la conservación de estos animales.

Monterrey VI.

Sobre el tema de Monterrey VI, vigente por las acciones en contra de ese proyecto realizadas por un grupo organizado de la ciudad, hay un argumento que deseo comprobar. Se trata de la idea donde se establece que el drenaje del Distrito Federal transcurre por cientos de kilómetros de ríos, hasta que llega a una etapa final en el Panuco, y de ahí hacia nuestra ciudad.

Si alguien conoce con precisión esa ruta del drenaje, agradezco compartan conmigo esa información.

t608138 @gmail.com

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