Por Sergio Osvaldo Valdés Arriaga

Pantalla negra.

Va emergiendo un texto: “En 2006, fui puesta en una lista selecta después de hacer una película sobre la guerra de Irak. En los años siguientes fui detenida e interrogada en las fronteras de Estados Unidos docenas de veces. Mi siguiente película fue sobre Guantánamo y la guerra contra el terror. Esta película es la tercera parte de una trilogía sobre la América post 9/11”.

Así es como empieza Citizenfour (2014), un documental galardonado por la Academia bajo la categoría de Mejor Documental. En él, la directora Laura Poitras nos muestra cómo a principios del año 2013 un misterioso usuario, conocido como “Citizenfour”, empieza a mandarle mensajes crípticos por e-mail. Este extraño mensajero le confiesa que trabaja en una posición de alto nivel del gobierno, relacionado con la comunidad de defensa e inteligencia nacional.

Laura viaja hasta Berlín para resguardar todo su material fílmico y así evitar las constantes molestias en las fronteras de su país natal. El usuario Citizenfour parece conocer la situación de Laura y le explica que ella pertenece a una lista muy selecta, en donde cada acción que realice, cada llamada, mensaje de texto o amigo que tenga, cada artículo que escriba o compra que efectué es monitoreada por el gobierno.

La relación entre ambos continua mediante estos mismos correos electrónicos, hasta que eventualmente acceden a reunirse en Hong Kong. Laura viaja en compañía del periodista Glenn Greenwald y, posteriormente, del reportero Ewen MacAskill. Su fuente anónima se revela a sí misma como Edward Joseph Snowden, un reciente ex-empleado de la corporación Booz Allen Hamilton y cuyas labores involucran a la NSA (Agencia de Seguridad Nacional).

Este evento desencadenaría el escándalo de espionaje realizado por la NSA, entre otras agencias, a conciencia del gobierno estadounidense, violando no sólo la privacidad de su propia población, sino que también la de extranjeros. Todo esto justificado bajo el misma pretexto de los últimos 14 años: el terrorismo.

Lo siguiente recuerda a obras tanto literarias como audiovisuales, propias del género de la ciencia ficción, en donde, en un futuro distópico, un gobierno autoritario vigila cada acción de sus habitantes. Todo con el fin de que estos no puedan rebelarse contra el sistema, y de ser así, enfrentan graves y terribles consecuencias.

La diferencia aquí es que esto ya se ha vuelto una realidad y que estas obras ficticias han pasado a convertirse en obras proféticas.

Pareciera ser que el mundo lentamente se va preparando para volverse algo así. Sin embargo, Edward Snowden decidió ser algo al respecto, consciente de los riesgos que enfrentaba.

Como un símbolo de valor, Edward se revela ante el público, lo cual presenta un fuerte cambio para nuestros protagonistas. De hecho, se podría decir que el documental se divide en tres partes. La primera sirve como una introducción al tema y cuenta con los antecedentes de la relación entre Laura y Snowden. En la segunda parte conocemos a Edward y lo que sabe mientras, poco a poco, Glen va revelando detalles sobre la historia. Tras difundirse en los medios, en la tercera parte, conocemos las repercusiones y cambios que se van presentando.

El documental está filmado al estilo cinéma vérité, o cine de realidad, una técnica cinematográfica cuyo objetivo principal es el de, como su nombre indica, captar la realidad. Esto puede lograrse ya sea por mera improvisación o mediante la discreción de la cámara. Además, este método se conoce porque no cuenta con una rutinaria narración en voice-over. La imagen capturada por la cámara es la máxima verdad y esto es lo único que nos importa como espectadores.

Para bien o para mal, Citizenfour concluye dejándonos grandes reflexiones. ¿Qué pasará el día en que lleguen censurar la Internet? ¿Nos dejaremos o pelearemos por ella? ¿Hasta qué punto estamos siendo vigilados en la actualidad? ¿Se crearán normas o leyes que aboguen a favor de nuestra privacidad? ¿De verdad somos libres o es tan solo una mera ilusión? Y, de ser así, ¿a cuántos de verdad les importa?

Han pasado dos años desde entonces y las cosas parecen ser las mismas. ¿Quién ha surgido de entre las masas para unirse a la batalla en contra de la opresión y el espionaje? ¿Qué ventajas nos ha traído este escándalo, uno por el cual Edward Snowden lo dio todo para que éste pudiera salir a la luz?

¿La diferencia es que ahora sabemos que nos vigilan? Entonces, ¿qué viene después?

Quizás con el tiempo podamos encontrar las respuestas…

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