Por Magaly Juárez Onofre


Diego Enrique Osorno. Reportero y escritor.  Nació el 1 de diciembre de 1980 en  Monterrey, Nuevo León, México. Autor de una serie de libros sobre el México del siglo xxi: Oaxaca sitiada (Grijalbo, 2007), El Cártel de Sinaloa (Grijalbo, 2009), Nosotros somos los culpables (Grijalbo, 2010), País de muertos (Compilador, Debate, 2011), Un vaquero cruza la frontera en silencio (Conapred, 2011) y La guerra de los Zetas (Grijalbo, 2o12). El más reciente es Contra Estados Unidos. Crónicas desamparadas (Almadía 2014). Algunos de sus textos han sido incluidos en antologías de Cuba, Estados Unidos, México, España y Venezuela, así como traducidos al inglés, italiano, francés y portugués. Otras de sus historias fueron adaptadas para teatro y para cine. Ha publicado en Vice, Reforma, Etiqueta NegraInternazionale, Proceso, Letras Libres, O Estado de Sao Paulo, Chilango, Courrier International, El Universal, The Huffington Post, Newsweek, Milenio, Zyzzyva, Nexos, Il Fato Quotidiano, Indymedia, entre algunos otros.

Osorno nos comparte en su libro 31 crónicas y deja plasmado todo lo que va viviendo durante un mes: las experiencias, caminos y desencuentros donde la esperanza es la única que no muere en la Caravana por la Paz, coordinada por el poeta Javier Sicilia en Estados Unidos y que ha sido considerada como un acto de política radical.

La travesía da inicio en Tijuana. Entre agosto y septiembre de 2012, donde un centenar de mexicanos, en su mayoría familiares de las víctimas de la guerra contra el narcotráfico, recorrieron más de 11 mil kilómetros de territorio estadunidense. Su objetivo principal era gritar su dolor frente a los principales responsables del conflicto y a su vez construir alianzas con organizaciones de sobrevivientes y otros familiares de personas asesinadas o desaparecidas por la misma causa en el país vecino. Su objetivo y punto de referencia era ayudar a detener la violencia.

Van encontrando en su paso por las ciudades a las “víctimas desamparadas”. En cada caso pueden sentirse el dolor y la rabia de esos gritos ahogados que no han sido escuchados en su búsqueda de justicia. Y a su vez, la Caravana presta oídos que escuchan y son bálsamo que calma por un momento ese dolor eterno.

Como el del mismo Javier Sicilia. Una víctima más de esta guerra interminable.

 *Este ensayo fue elaborado como parte del Programa de Lectura y Redacción Crítica de la Sección 22 de la SNTE

 

Comments

comments