Entrevista a Manuel Maples Arce

Por Roberto Bolaño 

Paradójicamente, el fundador del estridentismo parece ser el que menos importancia le da al movimiento. Maples ya tiene 76 años. Hace mucho dejó de ser el muchacho que disparaba con dos pistolas a la vez. A simple vista, todo lo que se refiera al estridentismo lo deja frío, pero rascando un poco sobre esas temporadas de caza que fueron los veintes, empieza a tomar forma, aunque nunca del todo, el rostro casi histérico y dulce de los motines; entonces aparece mí Maples Arce obsequiándole a las señoritas bombas Molotov, saludando desde su motocicleta en marcha a los generales revolucionarios de 28 años, escuchando yaz con el estómago mientras los trenes militares descargan heridos, diciéndole a la poesía, de ahora en adelante te llamarás aventura. “Tout est fini”, como dijo Philippe Abou.

Lo que aquí aparece son sus respuestas a un cuestionario que redactamos en su casa, ante su negativa de que pusiéramos a funcionar nuestra flamante grabadora. Hicimos la verdadera entrevista bebiendo un café turco que nos invitó, escuchándolo contar anécdotas bellísimas; mirando sus cuadros. Luego José Peguero leyó Venus Prospecto, según Peguero el único poema estridentista del libro Memorial de la Sangre. Uno de sus versos retrata a Manuel Maples Arce y al estridentismo:

Un silbato lejano da idea
de sus cabellos”

¿Qué importancia cree que tuvo el movimiento estridentista?

Ante todo hay que aclarar que la denominación Estridentismo con que se conoció en México al movimiento de vanguardia que hizo tan radicales aportes a la literatura mexicana. Y no sólo a las letras, sino a la plástica en general. Había en la estrategia que planteó mi primer manifiesto aparecido en la hoja Actiual algo de broma, de agresión y de sutileza destinado a producir estupor y una rápida difusión de las etiquetas literarias. Cuando se le compara con otras tendencias intelectuales mexicanas de la época, salta a la vista la diferenciación de propósitos estéticos y vitales. La fuerza expresiva de la poesía vanguardista, su dinamismo y su riqueza de imágenes producen una visión instantánea, inconfundible.

¿De qué manera ubicaría al estridentismo dentro de las vanguardias que por esa época se dan en Europa? Se dice que usted fue influenciado por Marinetti y el futurismo. ¿Cuáles son las características propias del estridentismo?

Los movimientos de vanguardia tomaron en Europa otras denominaciones, aunque obedecían al mismo fenómeno espiritual e intelectual, de insatisfacción, inquietud y fineza perceptiva. El movimiento mexicano tiene además una mayor hondura vital y una intención revolucionaria que no se queda únicamente en el aspecto esteticista que caracteriza a otras corrientes. La idea de revolución está presente en él con una insistencia que delata su valor humano.

Decir que Marinetti influyó en mí es absurdo. Mi poesía no tiene nada que ver no con las tendencias estéticas ni con la poesía misma del escritor italiano. Me parece que el error viene porque en un poema muy juvenil de Andamios Interiores yo cité su nombre con una intención simbólica. La exaltación de la vida moderna, de las máquinas y del trabajo data de antes. Withman y Verhaeren sintieron fervor por estas manifestaciones de la civilización de nuestro siglo. El futurismo cantó desde un ángulo externo los objetos mecánicos: yo interpreto desde el interior su encanto, su influencia psicológica. Schneider lo advirtió y sintió muy bien al comentar mi Canción desde un Aeroplano. Una ligera lectura de Poemas Interdictos lo pondría de manifiesto. Creo que estas interrelaciones emocionales constituyen uno de los aspectos de mi poesía, en aquel tiempo.

¿A qué personas incluyó en el “Directorio de Vanguardia” que aparece en Actual 1? ¿Tenía usted relación con los movimientos vanguardistas europeos?

El Directorio de Vanguardia que inserté en mi primer manifiesto era muy abundante y comprendía poetas, prosistas, autores teatrales, pintores y escultores de casi todos los países de Europa. Con algunos de ellos estaba en correspondencia; a otros los conocía por simples referencias o porque había leído algo suyo en los periódicos o visto reproducciones de sus obras en “plaquettes” y revistas de arte. Incluí también algunos nombres mexicanos: El Doctor Atl, David Alfaro Siqueiros, Mario Zayas y Diego Rivera, a quien poquísima gente conocía entonces en México. Una entrevista que le hice para la revista Zig-Zag es lo primero que se publicó sobre su llegada. También incluí a José Juan Tablada, Alfonso Reyes y José D. Frías. Estos últimos aunque no propiamente vanguardistas, venían con simpatías y alentaban las nuevas tendencias.

Cuando apareció su libro Andamios Interiores a la mayor parte de los intelectuales mexicanos se les erizó el pelo. ¿Cómo ubicaría usted ética y estéticamente esta obra?

Andamios Interiores produjo gran desconcierto entre los escritores mexicanos. Algunos, sin embargo, sintieron que en esta obrita había muchas cosas originales que habían de perdurar. Creo que los críticos fueron los más despistados. Uno de ellos dijo que al leer el título creyó que se trataba de una obra de albañilería. Si este criterio debiera prevalecer en la crítica literaria, Cal y Canto de Rafael Alberti, debería considerarse con más razón como material de albañilería, y Lascas de Díaz Mirón, obra de picapedrero.Andamios Interiores, por momentos está todavía dentro del posmodernismo; en otros, acusa fuertemente su vanguardismo. Jorge Luis Borges señaló muchas de sus conquistas: la intensidad de las imágenes y la significación de los adjetivos. En México, Arqueles Vela fue el primero en señalar entusiásticamente su aparición en las columnas de El Universal yEl Universal Ilustrado. La técnica es limitada pero sus destellos poéticos han sido hondamente sentidos por los jóvenes.

¿La mayor parte de los críticos dan por terminado el movimiento estridentista en 1927 o en 1928? ¿Cree que así es? ¿Y por qué?

Creo que es correcta la apreciación. Y me parece que esto se debe a las circunstancias que nos agrupaban: entusiasmo de ideales, inconformidad, desprecio por las cosas materiales y el hecho de coincidir en un mismo lugar. Esto es aún más verdadero cuando pienso en los años de Jalapa. Algo muy similar aconteció con los movimientos europeos. Bastaría ahondar un poco en el fenómeno para que nos diéramos cuenta de su deslumbrante claridad.

¿A qué nivel sitúa (qué ritmos nuevos, qué estructuras nuevas) los hallazgos que logra conAndamios Interiores? ¿Cuál es la distancia estética entre Andamios y Urbe y entre Urbe y Poemas Interdictos?

La escala de los valores estéticos que me plantea aparece efectivamente en mi obra, pero se desenvuelve en el tiempo, porque la poesía no está plasmada por un artificio en el libro, sino en mi sensibilidad, y esta cambia, avanza y se confunde con la vida.

Yo pienso que el grupo Contemporáneos constituye un retroceso estético, pero sobre todo ético, ante los logros, las brechas abiertas, los caminos propuestos por el estridentismo. ¿Cuáles son las diferencias básicas entre los estridentistas y los Contemporáneos?

Parece que así es, a juzgar por la sintaxis que emplean y sus ataduras lógicas. Su estética y su temática son imitaciones de algún escritor mexicano o extranjero, y esto les quita impulso y ascensión. El estridentismo es la inconformidad, el grito lírico para sacudirse la pesadez.

¿Cómo crece el estridentismo a partir de Actual 1?

Sería largo de relatar. Hubo luchas, triunfos, y algún revés, más que ante el público, ante nuestra conciencia. Después del primer número de Actual, que contiene el manifiesto y el directorio de vanguardia, se publicaron dos números, el segundo dedicado totalmente a Pedro Echeverría, un poeta en prosa, que murió joven: y otro, con colaboraciones de Humberto Rivas, hermano del director de Ultra. Muñoz Orozco, Salvador Gallardo y hasta algún descarriado “Contemporáneo”. Entre otra muchas actividades de carácter literario que semana a semana se desarrollaban en El Universal Ilustrado, se promovían exposiciones, una en el Café Europa (Café de Nadie) en la avenida Jalisco número 100; otra en un local de la avenida Madero; otras aún en Independencia y en un café cercano a la Cámara de Diputados. En 1923 o 24 publiqué la revista Irradiador en colaboración con Fermín Revueltas, y nos instalamos espléndidamente en Madero (Librería de César Cicerón) con un anuncia espectacular de Revueltas que agredía sin piedad a los paseantes. Mi primer libro se anunció en la Librería Cultura (Avenida Argentina) con una escultura de Guillermo Ruiz, autor, en colaboración con Alva de la Canal, que lo decoró, del monumento a Morelos en Pátzcuaro. Intervine también en la inauguración del gran mural de Diego Rivera en el anfiteatro de la preparatoria, pronunciando uno de los discursos (el otro lo dijo el maestro Antonio Caso). En 1925 me trasladé a Jalapa, donde después de una corta temporada como juez primero de primera instancia, el gobernador del estado, general Heriberto Jara, me designó secretario general de gobierno. Gracias a su confianza pude realizar una labor de renovación literaria y difusión cultural a través de varias publicaciones de forma y espíritu nuevos. Nuestro propósito era hacer una revolución completa que abarcara la ideología revolucionaria, la literatura, las artes plásticas y todas las manifestaciones de la cultura. El 23 de mayo de 1927, para conmemorar el tercer centenario de la muerte de don Luis de Góngora, el apasionante y revolucionario poeta deLas Soledades, publiqué una pulcra edición de la Fábula de Polifemo y Galatea. Tenía yo la sensación de que aquella modesta capital de mi Estado asumía una actitud dirigente en la nueva cultura de la América Hispana.

¿En qué forma el estridentismo cambiaba el ambiente de la literatura mexicana?

Hubo indudablemente un cambio, tal vez no en el sentido que me lo proponía, porque la historia no se planifica. Pero la modificación es claramente apreciable. Las aspiraciones posmodernistas quedaron atrás. Inclusive escritores de gran prestigio entre la juventud, como Enrique González Martínez captó y vivió nuestros anhelos renovadores en Las Señales Furtivas, o el poeta guanajuatense Rafael López adoptando actitudes iconoclastas renunció al sillón que le ofrecía la Academia Mexicana de la Lengua. Los más titubeantes asumían una posición de cercanía a la nueva tendencia. Otros, aunque haciendo algunas salvedades estéticas, aplaudían la originalidad, la intrepidez, la necesidad de una honda renovación literaria, como el novelista Gregorio López y Fuentes, el poeta Francisco González Guerrero, en su poema intitulado Regreso, con la técnica metafórica de la nueva poesía: Roberto Barrios, José D. Frías, Ricardo Gómez Robelo. Todos sentían inconformidad y aspiraban a algo nuevo. En forma muy especial debe citarse a José Juan Tablada, que con sus breves poemas japoneses e ideográficos producía destellos de inquietud creadora entre los jóvenes. Su pasión alerta lo sitúa entre los maestros de nuestro tiempo.

¿Cuáles son las obras de sus camaradas estridentistas que más le gustan, que más se apegan a la estética estridentista?

Las novelas cortas de Arqueles Vela, El Movimiento Estridentista de List Arzubide, los paisajes de Revueltas, el Café de Nadie y la ilustraciones de Horizonte de Alva de la Canal, algunos grabados de Leopoldo Méndez y mi retrato con un fondo ferroviario, de Jean Charlot, las ilustraciones de Urbe y mi retrato. No selecciono ni preciso en forma crítica. Son simplemente ráfagas de recuerdos que me vienen a la memoria en este momento.

¿Qué nexos tuvo el estridentismo con el ultraísmo y otras vanguardias de Hispanoamérica?

La comunidad de propósitos innovadores era indudablemente una causa de acercamiento. El público reaccionaba de manera semejante ante el arte nuevo, y esto también influía en nuestra solidaridad. Con todas las publicaciones de alguna significación en América teníamos canje. Enviábamos y recibíamos libros de todas partes, a veces con expresiones significativas. Recuerdos de esta fraternidad tengo con Alberto Hidalgo. Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo, Miguel Ángel Asturias, Pablo Neruda, Ángel Cruchaga Santa María, Luis Cardoza y Aragón, Jorge Carrera Andrade, Salvador Reyes, Cesar Vallejo, Mariano Brull, Salomón de la Selva, Eugenio Florit, Jorge Zalamea, José María González de Mendoza, etcétera.

¿Cuál es la diferencia principal entre lo que podríamos llamar su poesía estridentista y sus trabajos posteriores?

Dentro de la originalidad de la búsqueda, la primera me parece técnicamente más limitada. Pero no creo que esto tenga mucha importancia. Lo realmente importante es la poesía misma, lo que significa para el propio poeta y cómo la sientan sus lectores. Sobre mi obra posterior hay diversos ensayos de escritores europeos y latinoamericanos.

¿Cree en la vanguardia como motor de cambio del arte?

Sí, pero no de manera absoluta. Cada época tiene su vanguardia. Los románticos fueron una vanguardia en relación a los poetas neoclásicos; Darío, Lugones y los modernistas, lo fueron en relación a los románticos, y las tendencias que suceden a éstos representan también una vanguardia. Estas fuerzas, por la comunicación humana y sus resonancias, actúan como agentes de inquietud e influyen estilísticamente. Pero no son determinantes de cambios en el arte. Esos cambios son el resultado de una creación genial.

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