Por Ajaj Sieglin

Foto por Victor Hugo Valdivia (Comunidad trans en Monterrey)

Como todos podremos notar, los medios de comunicación han transpasado con la imagen lo que la palabra escrita intenta en páginas de libros: transmitir un mensaje capaz de modificar el pensamiento. Como el trabajo de un artista que al contacto con su obra impregna su inconciente sobre cómo se adhiere el conocimiento, la imagen actúa sin esfuerzo en el hombre sin palabra. La imagen crea realidades que han salido del imaginario y que constantemente toman presencia con determinación en la vida personal del individuo colectivo: es el recado que nunca se puede cumplir, es la televisión recortada, es el masoquismo más sutil escuchado sin ecos audibles. La imagen no vale mil palabras: puede ser la vomitada, proveniente de alguien que no entendía.

En su ensayo “Ante el dolor de los demás”, Sontag relata, entre otras cosas, las consecuencias generadas debido a una imagen construida en comunidades y países en época de guerra, correspondida y transmitida por medios y periodistas. Posteriormente esas imágenes se convirtieron en motor de manipulaciones importantes: María Sabinas, nuestra curandera Zapoteca, recibía de regalo retratos de los cuales se beneficiaban externos y jamás recibió atención de sus necesidades del medio que se alardeaba de ella. Murió en extrema pobreza mientras que los extranjeros saqueaban y jugaban con los niños santos, como ella les decía.

El apreciado señor dirigente Obrador comenta en uno de sus libros cómo en sus conferencias matinales que atendía cada mañana a las 6:30 en su gobierno en el D.F. lograban darle un significado e intención distinta a declaraciones e iniciativas con tan sólo el perfil de una imagen y una palabra diferente, lo que tomaban los contrarios y difundían masivamente. Hoy en día se tiene más la impresión de su “locura” que de todos los movimientos que encabezó, la atención que brindó a muchos estratos olvidados por el resto, y la forma diferente de gobernar, un cuadro desconocido casi por la mayoría de quien cree saber de él.

En medio de la asamblea que organizamos integrantes del grupo civil NO TENEMOS FERIA el domingo 9 de febrero de 2014, integrantes de la policía de FUERZA CIVIL estuvieron tomando fotos a escondidas y con toda la intención de tomarnos presos en esas imágenes que cobardemente delinean la postura del aparato estatal: una estrategia más cercana a la represión que a la conciliación con el pueblo. Digo aparato porque sigue siendo una máquina traga monedas, vieja, sucia, y por ensuciar. La mayor consecuencia a mi parecer, es que nuestro mensaje llegue equivocado a la mayoría de las conciencias y se impregne en ellos con tantas cosas pañan la vista. Nuestra organización lucha por la defensa de los derechos laborales, reivindica al trabajador y fortalece a un pueblo que desorganizado atiende más los intereses del poder por causas que lo sofocan. Nosotros la construimos, la incertidumbre, el rol perdido del pueblo. Ellos se esfuerzan por hacer llegar la imagen equivocada.

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