Difícil imaginar la impresión de quien esa tarde-noche primero los vio cerca del Periférico, por la calle Oro Grande, entre Simón Sánchez y Abel Salazar, donde algunos de ellos deambulaban semidesnudos y todos temblorosos, como zombies de a de veras, con las manos amputadas y los sangrados muñones cubiertos con bolsas de plástico, llevando escrito en la frente y/o en el cuerpo letreros con los que quisieron identificarlos como “ratas” ante todo el mundo.

De haberlos visto así, en corto, más de alguno hubiera sufrido un infarto. No sería para menos. ¿Qué no sentirían aquellos que de pronto los tuvieron enfrente de sí? Porque a no pocos se les frunció todavía más el asterisco, nomás con ver las espeluznantes fotografías que de esos cinco sujetos, y una sujeta, pa’ pronto empezaron a circular en redes sociales. Y los comentarios no se hicieron esperar.

¡No mames, ya viste! ¡Ay, goooey! ¡Híjole, qué gruexo! ¡¿Neta son de verdad?! ¡Ah, cabrón! ¿Dónde chingados pasó eso? ¿Que les cortaron quééé? ¡Y también dejaron otro bato que colgó los tenis, mira!

Y no, aquello no era una broma macabra, ni la filmación de un spot o una serie televisiva. Era tan sólo parte de la realidad ocurrida en la Zona Metropolitana de Guadalajara el 18 de octubre del 2016.

Pasada la primera sorpresa, en distintos medios la información comenzó a fluir de manera fragmentada, opacando otras noticias de nota roja con similar importancia, como el asesinato a mano armada perpetrado apenas horas antes en contra de la escolta de un importante político jalisciense, al que no pocos consideran un seguro candidato para la próxima gubernatura.

Empezaron después a surgir los detalles noticiosos:

“A los amputados los encontraron en la colonia Solidaridad del municipio de Tlaquepaque”. “Muy cerquitas de Tonalá”. “Pero primero les dieron levantón en Guadalajara y Zapopan”. “Mostraban huellas visibles de violencia y signos de tortura”. “Cuando los encontraron estaban en estado de shock”. “Las manos amputadas las dejaron tiradas ahí, metidas en dos bolsas de plástico”. “Junto al cadáver abandonado dejaron una cartulina verde en la que escribieron un mensaje que decía: ‘esto nos pasó por rateros por no respetar mujeres menores si con esto no entienden putos roba carros roba motos, cadenas, celulares, conejeros, casa habitación y rateros en general doble putos lacras mata menores Att. Grupo Elite Antiratas’”.

Mensaje que por cierto no contenía ninguna falta de ortografía y al que como detalle especial le dibujaron una sonriente carita feliz.

No tardaron las autoridades correspondientes en emitir las primeras declaraciones.

“El masculino fallecido era pareja sentimental de la fémina amputada. Ellos dos, al igual que los otros cinco mutilados, formaban una célula delincuencial vinculada con peligroso grupo delictivo”. Etc., etc., etc.

Declaraciones iniciales que cumplieron con su cometido de detener el posible pánico en la población, pudiendo entonces esa noche todos los habitantes de la Zona Metropolitana de la “noble y leal” ciudad, respirar tranquilos e irse a dormir, o de antro, con la plena seguridad de que toda la gente de bien estaba completamente a salvo.

Conforme avanzaron las investigaciones subsecuentes, al día siguiente se realizó la rueda de prensa de rigor. Ya para entonces los run-runes estaban a la orden del día. Sobre todo el que mencionaba la posible existencia de un comando justiciero.

Las autoridades por supuesto dijeron que nones. Que nada de justicieros o vengadores o algo semejante. Tooodooo se trató de una simple “disputa” entre delincuentes, un mero “ajuste” entre ellos. Algo así como una escarmentadita para esos pasados de lanza, que quieren hacerse los occisos con el pago de la merca que reciben para vender en su narco tiendita y por su cuenta.

Y dado que a los cinco sujetos —identificados con los nombres de Ismael, José Luis, Rigoberto, Cristhofer (sic) Salvador y Jesús Osvaldo, así como la sujeta que dijo responder al nombre de Emilia Aracely— les cortaron las manos, pero no la lengua; habían empezado a soltar toda la sopa.

Por lo que ya se estaba a punto de saber quién, cómo, cuándo, dónde, para qué y por qué les pasó lo que les pasó.

En lo que no había ninguna duda era en que ellos no eran gente decente o de bien, sino todas unas fichitas. Una bandita de delincuentes en la que el fallecido, identificado como Rafael, era el mero-mero petatero y cabecilla de esas lacras. Por si al respecto existía alguna duda, bastaba saber que se habían encontrado los correspondientes antecedentes penales de los amputados, y toditos tenían su propio historial delictivo; el que menos, tenía denuncias como vulgar ratero y narcomenudista.

Protocolariamente, todos habían sido remitidos a distintas instituciones de salud en donde estaban siendo atendidos de sus heridas y sus males; por parte de las autoridades, se proseguía con las debidas investigaciones, dando así seguimiento al caso. Hasta llegar al completo esclarecimiento.

A estas alturas, no pocos habitantes de la “noble y leal” ciudad ya habían manifestado abiertamente desde sus roncos pechos sus propios piensos:

¡Qué bueno, pa’ que aprendan! ¡Ay, gracias a Dios les hicieron eso! ¡Se lo merecían! ¡La verdad a mí sí me dio gusto lo que les pasó! ¡Eso fue un castigo divino bien merecido! ¡De una vez, que mejor les hubieran mochado la cabeza! ¡A ver si deveras les sirve de escarmiento a esa bola de lacras que por todos lados andan sueltos! ¡Hasta qué alguien anda haciendo justicia! ¡Qué maten en bola a todos los malandros! ¡Ya era justo y necesario!

Por su parte, las autoridades, durante los días siguientes y en una clara demostración de eficiencia, informaron de los avances en la correspondiente localización y posterior cateo a la casa donde se supone habían retenido y torturado a los seis mutilados, sitio donde al parecer también fue asesinado al que identificaran como cabecilla de la banda; mencionando además la captura de dos presuntos culpables.

En relación a los amputados, trascendía para entonces que dos de ellos ya habían sido dados de alta, y los cuatro restantes, aunque seguían hospitalizados, en unos cuantos días podrían también estar en similar situación que los dos primeros, o sea: libres, vivitos y coleando, aunque sin sus dos desconchavaditas manitas.

Mientras todo eso pasaba en esta “noble y leal”, algunos pocos todavía seguimos con cara de what?. Sin poder entender nada de lo que sucede. Preguntándonos si en este país todavía existe el Estado de Derecho. O ya de plano la justicia se va a aplicar de propia mano, a piedras y garrotazos, todos contra todos, tirándole a cualquiera que se mueva, hasta que no quede nadie.

Porque de lo que no hay duda es que en algún momento de nuestra Historia reciente comenzamos a involucionar hacia un estadio de barbarie, retroceso que va ser difícil detener y revertir. Ojalá que los que pensamos así estemos completamente equivocados. A menos que algo o alguien detenga eso antes de quedar convertidos en un país de zombies vivientes. O de puros muertos.

Por Carmen Libertad Vera

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