Los disparos fueron certeros y fulminantes. Calibre .38 súper. Seis de ellos alojados en el interior del acribillado cuerpo, el cual quedó abatido sobre los blancos mosaicos de la entrada a una tienda de abarrotes. Tal crimen acaeció alrededor de las 21 horas, en la colonia San José Río Verde. Justo a la vuelta del que fuera domicilio del difunto. Aquella casa ubicada en Francisco Paz 3214 donde él, en el 2011, obtendría sus fugaces quince minutos de fama mundial.

La noticia de tal asesinato mereció una mediana cobertura en distintos medios noticiosos. A diferencia de infinidad de delitos semejantes, todos relacionados con la violencia y ocurridos en los alrededores de esa misma zona al nororiente de Guadalajara.

Al parecer, el nombre de la víctima, José de la Luz Maldonado Liera, por sí sólo no fue suficiente para capturar la atención de las distintas audiencias mediáticas. Por lo que en todas las notas de nota roja se resaltó el hecho de que el victimado era el mismo sujeto que, aquel 2011, aglutinara a su derredor miles de crédulos e incrédulos, todos ansiosos por atestiguar la existencia de una supuesta y extraña creatura fantástica, conocida luego popularmente como “El Hada del Guayabo”; misma de la que José afirmó reiteradas veces haber encontrado y a la que rompió un pie al momento de atraparla, ocasionando así su deceso.

El supuesto cadáver del Hada del Guayabo, colocado dentro de un vaso transparente adicionado con formol, permitió que José y sus allegados hicieran su agosto; justo aquel agosto cuando medios electrónicos, especialmente canales televisivos, en forma instantánea viralizaron la supuesta existencia del increíble ser.

Continentalmente, la efímera fama de José llegó hasta Alaska, pero también a la punta de la Patagonia y, además, cruzando el gran charco oceánico, en algunos lugares del viejo mundo supieron de la inverosímil historia.

Por tal razón, su anterior y “afamada” identidad se convirtió en el énfasis generalizado en la casi totalidad de los titulares informativo-policiacos. “Quiebran a El Hada”. “Ejecutan en su domicilio en Guadalajara a PepeHadas”. “Matan a sujeto que aseguraba en 2011 que capturó una hada”. “Asesinan a descubridor de famosa hada”.

De inmediato, la memoria colectiva de los tapatíos evocó la imagen que José de la Luz tuvo en vida. Su indiscutible apariencia chola. La alucinada seguridad de su mirada acompañando las declaraciones que reiteradamente afirmó frente a las cámaras y micrófonos de quienes fueron a entrevistarlo. Las interminables filas de peregrinos ávidos y dispuestos a por salir en la tele, y por pagar las tarifas monetarias que sobre cartulinas estipularon para tener derecho a observar de cerca, tomar fotos o video, a la difundida imagen del Hada del Guayabo.

La conmoción colectiva duró varios días hasta que finalmente estalló como globo en el aire. En redes sociales no tardaron en aparecer, de manera anónima, imágenes de un juguete comprado en algún tianguis, conteniendo en forma completa la misma figura del Hada del Guayabo en el interior de una esfera plástica. El fraude había sido descubierto. Y aunque en un principio a aquella figura la gran mayoría le había encontrado cierto parecido con la famosa Campanita del cuento de Peter Pan, finalmente algunos otros más expertos en el tema la identificaron como Megan Gwynn, personaje de los X-Men.

De las últimas notas que sobre El Hada del Guayabo aparecieron publicadas, hubo una que estableció para ese caso un cierre por demás genial. En esa nota se afirmaba que la famosa figura no podría ser vista nunca más, porque José de la Luz había llevado el cadáver del “hada” al Servicio Médico Forense, Semefo, para que allí fuera analizado y establecieran las causas de su deceso.

Por supuesto que El Hada del Guayabo nunca llegó al Semefo. Por desgracia, la noche del anterior viernes el cadáver de su afamado dueño sí llegó allí. Convertido en el dramático epílogo de un fallido cuento de hadas. Descanse en paz.

Por Carmen Libertad Vera

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