Con marcador final de 2-1 a favor de las #Chivas #Chivas #SúperChivas del Guadalajara, el equipo de fútbol más mexicano de todos los tiempos obtuvo el título de Campeón de Campeones, venciendo así al Zacatepec en el estadio Olímpico Universitario de la ciudad de México D. F.

El primer gol de los rojiblancos fue anotado por Crescencio “Melloné” Gutiérrez a los 19 minutos del primer tiempo, en tanto que el segundo lo realizó Salvador “Chava” Reyes al minuto 28 de la parte complementaria. El gol del honor de los cañeros fue logrado por Cabañas, justo un minuto previo a que el árbitro pitara el final del partido.

En esa memorable ocasión, los festejos para celebrar tan importante triunfo del chiverío no se realizaron en torno a La Minerva. Lo anterior, debido a una sencilla y comprensible razón: apenas al día siguiente de ese inolvidable triunfo, 6 de mayo de 1957, proveniente de la ciudad de San Luis Potosí arribaría a la “noble y leal” esa escultura; la que por encargo del gobernador del estado, Agustín Yáñez, realizara el escultor Joaquín Arias.

Originalmente, la develación de La Minerva estaba programada para el siguiente 10 de mayo, como parte de los festejos correspondientes al Día de las Madres. Complicaciones de última hora en torno a su dificultosa instalación, retrasaron para fecha posterior la ceremonia inaugural.

Pero, ya instalada, la recepción que en tierras neogallegas recibió la dichosa estatua no fue favorable. El exacerbado racismo criollo de no pocos tapatíos, se volcó iracundo en contra del nuevo monumento escultórico.

Con toda seguridad, las expectativas en relación a la replicada imagen de la diosa griega de la sabiduría, las artes y la guerra tuvieron como modelo a las obras clásicas creadas por Fidias o, cuando menos, a la Ángela de la Independencia (sí, es ángela, no ángel, y si lo dudan véanle las chichis); o la Diana Cazadora.

Por lo que, ¡oh, sorpresa!, los marcados rasgos indígenas de nuestra Minerva provocaron de inmediato un tremendo rechazo en la casi totalidad de la población.

No faltaron entonces los profusos y mal intencionados rumores populares afirmando que la modelo de la escultura había sido, ni más, ni menos, que la propia esposa del entonces gobernador.

Los sarcásticos apodos que entonces dedicaron a La Minerva, no se hicieron esperar. Y se le dijo de todo. Que si “Minerva-Cihualpilli”, que si “Malinche robusta”, que si “Hermana del Rey Colimán” o, los más recurridos y celebrados, “Monota” y “Bombera”.

Por lo tanto, la vox populi exigía que “semejante esperpento” se retirara de inmediato del sitio donde había sido colocado, en el cual todavía permanece: la fuente central de la glorieta proyectada por el arquitecto Julio de la Peña, justo a tiro de piedra de Los Arcos. O, ya de perdis, que se le hiciera una cirugía reconstructiva para afinar helenísticamente sus indígenas rasgos.

Pasado el primer impacto, tampoco faltó el editorialista que a las pocas semanas y un tanto resignado, opinara lo siguiente: “Quizás algún día, con arraigo y cariño en la población, [La Minerva] adquiera la belleza de la [desproporcionada] estatua de ‘San Cristobalote’ […] y hasta devotos”.

Esa profecía hoy es una realidad. La Minerva se convirtió en uno de los símbolos referenciales más conocidos y reconocidos de Guadalajara.

Nadie, en 1957, hubiera apostado por su permanencia, mucho menos por el poder de convocatoria que lograría entre los seguidores del equipo rojiblanco y los de la Selección Nacional.

Con los años, los tapatíos le agarramos harto cariño a La Minerva. Y de ser la patita fea, se convirtió sino en bonita, sí en una belleza exótica, por cierto recién restaurada de todo a todo. Porque la millonaria manita de gato que le dieron este 2017, incluyó hasta la remoción de las telarañas que se alojaban en sus partes más íntimas. Según fuentes oficiales dieron a conocer.

Tenemos Minerva para rato. Y todas las avenidas que en ella confluyen, seguirán convertidas en rojiblancos ríos de festejadores hinchas cuando, como este domingo 28 de mayo del 2017, el Guadalajara gane partidos, obtenga campeonatos y demuestre con ello que, a pesar de Vergara, sigue siendo el mejor equipo de México.

Por Carmen Libertad Vera

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