Por Liliana Flores Benavides

Foto por Victor Hugo Valdivia

Me platica Don José que cuando entró al consultorio del neurocirujano, lo primero que le preguntó la secretaria fue: ¿tiene usted seguro de gastos médicos?

Cuenta haberse asustado tanto que prefirió decir que no a pesar de tener con seguro.

Lo que Don José vivió es una manifestación clara de la mercantilización de la medicina. Si cuentas con seguro de gastos médicos, te opero aunque no sea necesario porque tienes con qué pagarme; es la medicina como negocio, la que ignora el juramento hipocrático, que versa así:

Juro por Apolo médico, por Esculapio, Higía y Panacea, por todos los dioses y todas las diosas, tomándolos como testigos, cumplir fielmente, según mi leal saber y entender, este juramento y compromiso:

Venerar como a mi padre a quien me enseñó este arte, compartir con él mis bienes y asistirles en sus necesidades; considerar a sus hijos como hermanos míos, enseñarles este arte gratuitamente si quieren aprenderlo; comunicar los preceptos vulgares y las enseñanzas secretas y todo lo demás de la doctrina a mis hijos y a los hijos de mis maestros y a todos los alumnos comprometidos y que han prestado juramento, según costumbre, pero a nadie más.

En cuanto pueda y sepa, usaré las reglas dietéticas en provecho de los enfermos y apartaré de ellos todo daño e injusticia.

Jamás daré a nadie medicamento mortal, por mucho que me soliciten, ni tomaré iniciativa alguna de este tipo; tampoco administraré abortivo a mujer alguna. Por el contrario, viviré y practicaré mi arte de forma santa y pura.

No tallaré cálculos sino que dejaré esto a los cirujanos especialistas.

En cualquier casa que entre, lo haré para bien de los enfermos, apartándome de toda injusticia voluntaria y de toda corrupción, principalmente de toda relación vergonzosa con mujeres y muchachos, ya sean libres o esclavos.

Todo lo que vea y oiga en el ejercicio de mi profesión y todo lo que supiere acerca de la vida de alguien, si es cosa que no debe ser divulgada, lo callaré y lo guardaré con secreto inviolable.

Si el juramento cumpliere íntegro, viva yo feliz y recoja los frutos de mi arte y sea honrado por todos los hombres y por la más remota posterioridad. Pero si soy transgresor y perjuro, avéngame lo contrario.

Hoy mueren muchos mexicanos por falta de dinero, y no es sólo una suposición. Las redes nos han proporcionado el testimonio de la muerte de un jornalero agrícola afuera de un hospital en Guaymas, Sonora. No lo atendieron porque no traía dinero. Hay mujeres que paren sus bebés en los patios de hospitales, en zonas miserables.

¿Y cuántos casos más habrá sin testimoniar por los reporteros descalzos, los ciudadanos?

Por ello, porque estoy en contra del mercantilismo en la medicina, es que practico, vivo y enseño los conocimientos ancestrales que nos ha legado la medicina tradicional, complementaria y alternativa.

Esta medicina alternativa ha sido despiadadamente atacada por las farmacéuticas trasnacionales que la ven como una amenaza a sus intereses.

La medicina alopática, practicada en todos los hospitales de México y con la cual se forma a los médicos del país, trabaja bajo el siguiente esquema: si traes un dolor de cabeza, te dan una aspirina y se te quita el malestar pero no la causa que lo generó. Esta medicina trabaja síntomas, no causas, así mantiene a una masa de enfermos bajo su control económico. La medicina tradicional, alternativa y complementaria, por el contrario, busca curar las causas de la enfermedad.

Remedios sin costo y cambios en el estilo de vida a veces son suficientes para resolver enfermedades complejas.

Nadie se opone al avance de la medicina, la lucha es contra la deshumanización de ésta y contra los médicos sin escrúpulos que han hecho del juramento hipocrático letra muerta.

Exploremos la medicina tradicional mexicana y honremos la sabiduría de nuestros ancestros.

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