¿Puede volverse tradicional un sitio al que vas a marcarte la piel?

Por Mariana Treviño y José Ignacio Hipólito

Ilustración por Haydée Villarreal  

En la angosta y concurrida calle Ruperto Martínez del Centro de Monterrey, casi esquina con la avenida Cuauhtémoc, se ubica Ritual, estudio de tatuajes y perforaciones. Entre dos consultorios dentales sobresale un local pequeño pintado de blanco con una puerta negra que indica la entrada. Ya van un par de décadas desde que “César Ritual” mantiene el negocio gracias al boom del tatuaje y su aceptación en la sociedad regiomontana de los últimos años.

Esta popularidad ha favorecido al arte y negocio de hacer tatuajes, obligando a César a abrir otras dos sucursales de Ritual: una en la colonia Cumbres y otra en el municipio de San Nicolás. La explosión a su vez ha promocionado la Expo Tatuaje Monterrey en Cintermex, que en 2014 presentará a grupos como Inspector, Los Benders, Brujería y Genitallica “y a los mejores tatuadores nacionales e internacionales, perforadores, freak shows, conciertos, accesorios y mucho más…”.

La primera sucursal de Ritual, la del Centro, consta de una especie de recepción que parece independiente del cuarto donde se trabaja. Ahí, el piso con mosaicos blancos y negros ajedrezados evoca a las grandes bandas inglesas de ska y rocksteady. Los muros están adornados con cientos de diseños y trabajos enmarcados (listos para que el cliente elija), a excepción de una pared reservada para fotografías de César junto a sus famosos clientes.

Y es que por las tintas de Ritual han pasado celebridades importantes: Roco, de la Maldita Vecindad; Kat Von D, Carlos Trejo, Pato Machete; el acordeonista y vocalista de Intocable, Ricardo Javier Muñoz; el Pato Zambrano, Jesús “El Cabrito” Arellano, Alicia Villarreal, Kalimba y Silvia “La Chiva” Irabien, ganadora de la segunda emisión de Big Brother México.

La recepción es atendida por Porro, quien, con la cabeza tatuada y un mohawk color verde, muy amablemente se encarga del mostrador, de agendar las citas por teléfono y de resolver las dudas más comunes sobre los cuidados de la piel recién tatuada. Desde esa sala de espera se percibe un olor a hospital, propio del material esterilizado, y se escuchan los zumbidos de las máquinas tatuando desde el otro cuarto, junto al eco de canciones y melodías como “Insane in the membrane” de Cypress Hill.

El otro cuarto funciona como área de trabajo para los tatuadores y tiene un ambiente distinto al de la recepción. Desde ahí, Flakone, Gabriel, Mito, Adolfo y el mismo César plasman cada día su trabajo en aquellos que han decidido marcar su piel para siempre en este lugar que es ya tan tradicional como la panadería más antigua del Centro de Monterrey.

Comments

comments