Supongo que existen ciudadanas que han sido bien atendidas por Jaime Rodríguez Calderón y su gabinete. Pero mi petición de ser considerada para la presidencia ejecutiva del Instituto Estatal de las Mujeres de Nuevo León, que llevé a medios, que obtuvo apoyo de varios colectivos ciudadanos que avalan mi trabajo, fue olímpicamente ignorada.

Manuel González me aseguró, cuando lo abordé en el Palacio de Gobierno en las comparecencias de los candidatos y candidatas a la CEDH, que haría un proceso abierto de presentación de candidaturas para el Instituto. En aquel entonces dijo que sucedería en cuestión de unas semanas. Esto fue en Noviembre de 2015.

Mi indignación y desilusión tras esta experiencia de fallida interlocución es cosa menor. El nombramiento de Yamilett Orduña como presidenta ejecutiva del Instituto es ahora lo importante.

No queríamos ver una figura sin trayectoria en la defensa de los derechos de las mujeres designada como presidenta ejecutiva del Instituto Estatal de las Mujeres de Nuevo León. Lo que sí deseábamos, y con justa razón, es una muestra clara de seriedad frente a los retos de la defensa y garantía de los derechos de las mujeres.

Lo que sabemos de Yamilett Orduña, por sus posts de Facebook y su CV de Linkedin, es que su desempeño profesional ha sido desde el ámbito de la comunicación. Específicamente con la facilitación de servicios de desarrollo humano como el coaching ejecutivo de inspiración cristiana. Sabemos que viene de una candidatura a la alcaldía de Monterrey por parte del Partido Encuentro Social, una institución con postulados y acciones contrarias al espíritu de la lucha feminista que creó al Instituto.

El comunicado de Orduña sobre el nombramiento tiene errores de ortografía y conceptualización. Esto denota inexperiencia. La presidencia del IEM no es un puesto al que se llega a aprender. No, al menos, las bases del feminismo ni de los derechos humanos. Se asumen funciones con un proyecto.

Los principios rectores del Instituto lo hacen un órgano de vital participación ciudadana. Es clave que la presidenta ejecutiva tenga un importante aval social. Se espera que haya trabajado notablemente a favor de los derechos de las mujeres. De la tarde del 10 al medio día del 11 de mayo sé que al menos Ana Delia García, a quien podemos ubicar como feminista, manifiesta apoyarla en su página de Facebook. Pero sólo apela a su juventud y energía.

Puedo estar equivocada en dudar tanto de la nueva presidenta del Instituto. Teniendo en cuenta los cuadros de feministas jóvenes tan talentosas y competentes, no veo que ella fuera la mejor opción. Igualmente la Dra. Marta Sañudo, a quien conozco y admiro, me parecía una excelente candidata. Lo mismo la sexóloga Norma González. Inclusive, al conocer más sobre la misma Ana Delia García, pensé que también era una opción profesional.

Me voy a dedicar a conocer más el trabajo de Orduña frente al Seguro Popular en Nuevo León, más allá de las fotos y selfies típicas de las y los políticos. Aún con un buen desempeño en esta dependencia, esto no garantiza encajar en el perfil para presidenta ejecutiva del Instituto Estatal de las Mujeres. Ante el tremendo reto de contener y abatir la violencia de género, que apremia la reciente ola de feminicidios, se requiere a una persona súper calificada. 

Desde lo que se puede concluir de las redes sociales y videos de plataformas como Youtube, Orduña no cumple con el perfil. Pero permanezco –como otras- a la espera de la justificación de su nombramiento y una descripción de logros y aptitudes relevantes para el puesto.

Me preocupa que Orduña opere el deseo latente del ala conservadora de transformar el Instituto Estatal de las Mujeres de Nuevo León en una Secretaría de la Familia (ya sea por ley o de facto). En primera instancia ya existe el sistema DIF (Desarrollo Integral de la Familia). Éste cuenta con infraestructura -que puede mejorarse y crecer- para promover la unidad y salud de los miembros las familias del Estado. (Mi madre trabajó ahí durante 9 años.)

Protestamos contra la posibilidad de que nombraran a Carolina Garza, pero se nos olvida que perfil de Orduña es casi el mismo. 

Y sí sería genial que desapareciera el Instituto, cuando nuestros derechos estén garantizados. Pero faltan lustros para que su presencia deje de ser relevante. Hoy debe funcionar a todo vapor.

Quiero saber cuál es el plan de trabajo de Orduña y su vínculo con el andamiaje ideológico y práctico de las luchas feministas. Obviamente necesitamos que nos diga cuál va a ser su estrategia para operar a favor de todas las mujeres, y no sólo con las que ella se identifica o se siente cercana.

Quedo, como otras y otros, a la espera de respuestas válidas. Necesitamos un Instituto Estatal de las Mujeres funcional, profesional y fuente de acciones de impacto que mejoren la vida de todas las mujeres de Nuevo León.

Por Cordelia Rizzo

 

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