Por Ana Villarreal 

Cuando regresé a Monterrey en enero del 2012 después de haber vivido varios años fuera del país, me dediqué a estudiar las expresiones urbanas y sociales de nuestros miedos: los espacios que perdimos, los hábitos que cambiamos, lo que dejamos de hacer. En mis entrevistas me decían a menudo: “todo cambió”, y me justificaban la frase con más ejemplos de los que podía apuntar. Pronto les presentaré un libro con el análisis de esas experiencias. En resumen, encontré que el miedo nos unió en un discurso de los “buenos” contra los “malitos”, pero las prácticas que desarrollamos para confrontar estos miedos nos dividieron aún más: el “blindaje” de municipios y colonias aceleró procesos de segregación urbana; la multiplicación de fraccionamientos y condominios cerrados reorientaron la vida social a espacios cada vez más enclaustrados. Es decir, creamos una gran cantidad de armaduras urbanas que hoy damos por hecho pero no queda claro que éstas estén mejorando nuestra seguridad en realidad.

Con el tiempo, las conversaciones que documenté entre regiomontanos fueron cambiando. Ya no se hablaba simplemente de lo perdido, sino de la búsqueda de medios para lograr un cambio fundamental en la organización de esta ciudad. Coincido con la observación que nos hizo Ximena Peredo hace dos semanas aquí en el Barrio Antiguo:Todos de una forma u otra nos estamos preguntando lo mismo: qué hacer en Monterrey, cómo re-tejer el desgarro, cómo sentirnos útiles.” En Monterrey se respiran las ganas de hacer algo, aunque no se sepa bien qué hacer.

Dadas las armaduras que nos hemos puesto, propongo que identifiquemos y promovamos tácticas para desarmar. En mi primera columna hace un mes les presenté la táctica más bella que he visto hasta ahora, la más fundamental, la que pone el dedo en la llaga para sanarla: el bordado por la paz. En la segunda columna les presenté otra práctica que está proliferando en Monterrey como estrategia de regeneración urbana: el mercado. En la siguiente columna les hablaré de un proyecto de promoción de lectura y convivencia de barrio: libros libres. Así les iré presentando poco a poco iniciativas que buscan sanar sin olvidar, generar comunidad, construir confianza y replantear las formas en las que hacemos ciudad en Monterrey.

Si todos nos estamos preguntando lo mismo, entonces me parece que necesitamos generar más diálogos. En ese sentido agradezco el esfuerzo del Colegio de la Frontera Norte que organiza este jueves 5 de diciembre el evento “Seguridad pública: los límites y alcances de la participación en la Frontera Norte”. Estarán presentes líderes de la sociedad civil y académicos que hablarán de la fortaleza y resistencia de la sociedad civil en Baja California, Ciudad Juárez, Acuña, Piedras Negras, Matamoros y Monterrey. Están todos cordialmente invitados. El evento tendrá lugar a las 9 am en la Unidad Cultural Abasolo de la Facultad de Arquitectura de la UANL ubicada en Abasolo y Diego de Montemayor en el Barrio Antiguo. Qué simbólico reunirnos en el Barrio Antiguo. Queda claro que ya no es lo que era, pero podemos proponer que sea algo mejor de lo que fue.

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