De cuando se invita la comida sin saber a quién

Por Consuelo Jiménez

I

El Faraón ya no regala tacos al pastor. Luego de que las mismas personas reclamaran el taco pendiente, él ordenó que ya no se dieran más. Esa no es la intención, dijo Alejandro Fortis.

Hay personas en los hospitales —familiares de los enfermos y médicos residentes— que también necesitan una comida porque ya no tienen para pagarla, dirá el dueño de El Faraón Taquerías. También sabe del valor de la ayuda y el desinterés con que se reparte.

Recordará aquella vez en la que su suegra y la mamá de Moisés Velazco estuvieron internadas en el Hospital Central y vieron cómo los familiares de los enfermos pasaban el día entero en la clínica o los mismos médicos sacaban de sus bolsas las monedas y pensaban si salían a comprar comida.

Los oftalmólogos aconsejan ver a lo lejos. Dirigir la mirada hasta donde alcance y hacia donde la vista no choque con algún objeto suele ser un buen consejo para relajar los ojos. Sin embargo, edificios, cafeterías y hospitales son la característica de esta capital mexicana. Tal vez la indirecta sea voltear hacia arriba, levantar la vista y recordar el infinito.

Como el No. 92 de la calle Oaxaca está en una zona de oficinistas, la mayoría de la gente que lo frecuenta durante el día lleva corbata o bolsas grandes que hacen juego con zapatillas y tacones altos. Comen, platican, se van. Diferente es el segundo turno que dura hasta las 5:00AM, cuando aparece su mayor clientela: los chicos que salen de bares y antros.

Según la psicología del color, todo El Faraón incita al apetito. Desde caminar el pasillo de entrada y escuchar la bienvenida en tono de voz grave de Toño, el pastor del trompo; ver a Estela atender las ordenes de salsas, bebidas y cafés; oír el freír de la parrilla que atiende Miguel; hasta pasar por el refrigerador de postres. Rojo, amarillo y naranja son los colores que la pupila distinguirá entre sillas y sillones para escoger dónde sentarse.

Al año se regalaban 400 zapatos. Cada uno tenía de tres a cuatro pares. La Zapatería 3 Hermanos nos organizaban comidas, también posadas en diciembre, contará Fortis, como le dice su hijo. Y agregará que desde los ocho años y hasta concluir segundo de secundaría, vivió en una Comunidad Educativo Pastoral en León, Guanajuato.

Luego se entusiasmará al confiar que ya tiene un plan: hablará con el amigo de su hija, Moisés Velazco, que también estudio comunicación visual y quien comenzó la idea de taco pendiente. Le dirá que quiere que se reanude, pero todo más planeado. Que luego de la suspensión de los últimos cuatro meses, ya lo tiene todo pensado. Le dirá que los comensales paguen el taco pendiente y se lleven uno de los vales que luego canjearán por un par de tacos y un vaso con agua.

Fortis tiene 58 años, diabetes, la ausencia de vesícula. Come lunetas que Juanita llevó a vender mientras su mamá la espera afuera o frente a la taquería y sentencia que así como le dijo al señor que no quiso trabajar y le exigió unos tacos, que lo podía golpear si no se retiraba, cree que tal vez un médico decida trabajar una hora más o regalar una consulta al final del día a manera de pendiente.

II

En cualquier restaurante o cafetería siempre hay agua, un pan o algo que regalar si alguien lo pide. Pero esto se trata de incluir al cliente, platicará Tania González mientras llega a su memoria una anécdota significativa.

Unas niñas me ofrecían flores, recordará. Les daba la baguette y ellas me decían que sólo vendían flores y no sabían cómo pagarme. Les explicaba que la comida era gratis y era mejor se llevarán las flores para venderlas y obtener el dinero que necesitaran, pero ellas insistían. El restaurante olio bien rico a flores durante dos días. “Eran unas gardenias”, terminará contando con una sonrisa en el rostro.

Al inicio, todo se coordinaba con un chico que administraba una cuenta de Twitter donde reunía los locales y comercios de la colonia Roma y Condesa. Por medio de las publicaciones, los clientes se fueron enterando de la dinámica de cómo intercambiar la satisfacción del anonimato al regalar algo sin saber a quién, pero faltaba alguien: personas en situación de calle que entraran al local y comieran los baguettes, manzanas o tomaran la taza de café.

Poco más de dos años es lo que tiene la cafetería y restaurante BBKFE intercambiando cafés pendientes. Tiene clientes que dejan una cuota de cinco pendientes por semana, un cuadro de contorno color miel con la nota que publicó el diario Reforma sobre su dinámica recepción y también un pintarrón a fuera con las rayitas que indican los disponibles y entregados.

La mayoría se los reparten a niños y personas que ambientan el lugar mientras tocan un instrumento u ofertan algún dulce, pero Tania ha tendido el inconveniente de recordarle a una persona con uniforme y gafete empresarial que la comida es para personas en situación de calle. Ha tenido que recordárselo también a gente que un día viene caminando, luego en una bicicleta y después llamando por celular.

Imagina que le das cinco pesos a un señor. Si junta otros cinco, “se compra un Gansito o una cochinada”. Tania asegura que si dejas un Café Pendiente, con valor de 25 pesos, le dará un café o chocolate, panque y una manzana o un baguette, agua y una manzana. Así es el trueque.

III

Un comensal paga su consumo y, a la par, un café. Jugo. Baguette. Sopa. Fruta. Se entrega a una persona en situación de calle.

La idea viene de Café Sospenso en Nápoles, Italia, donde luego del antecedente se reanuda en 2004 con mejor respuesta. En Guadalajara, una diputada le confió a Fabiola Kun proponer una iniciativa de ley para que todas las cafeterías se sumen a Café Pendiente, aumente la participación de la gente y se encause la ayuda. Fabiola la rechazó.

Sin titubear, ella dice no tener su propio negocio de cafetería porque su ayuda es más útil desde la administración. Ella vive en Cuernavaca, Morelos, es licenciada en administración de empresas, coordinadora de los representantes voluntarios de cada estado, algunas ciudades de la República Mexicana y, físicamente, sólo conoce a una de estas voluntarias. Todo es por internet. Grupos en Facebook, video llamadas y chats, son el resultado del desarrollo aún no concluido de una nueva destreza en el manejo de herramientas electrónicas y de plataformas web.

Un promedio de 300 registros que responden al giro de alimentos representan la participación de México en una iniciativa que comenzó a la par en España y Argentina, pero en la que, según los últimos informes, sólo México se ubica en la vanguardia.

Quizá una razón común no sólo sea la de ayudar por desinterés. ¿Qué tal si fuera por pendiente? Al final, existe una cuarta razón para querer ayudar o sumarse a este voluntariado que no hace más que organizarse: la inclusión.

Son 4 mil 14 personas que en la Ciudad de México viven en situación de calle, según Asistencia e Integración Social (IASIS), calculadas entre los años 2011 y 2012. Tal vez no tengan Twitter para enterarse de que un jugo, taco o café espera para ellos, pero tal vez sí sepan que para alguien no son ajenos, que son compañía y plática. Motivo de solidaridad y valor. De responder una sonrisa.

* Este texto es resultado del Mashup de Periodismo Balas y Baladas 2014 organizado por Agencia Bengala y Arca.

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