¿Para una clientela ecléctica puede funcionar un menú escueto?

Por José Ignacio Hipólito y Mariana Treviño

Ilustración por Haydeé Villarreal 

A unos pasos del Registro Civil, en la calle José María Coss, los Tacos Lacho son el mejor regalo de bodas que puede recibir un recién casado antojadizo. Al pararse a unos metros del comal y ver la destreza con la que se prepara cada plato, y además percibir el olor que emana de las ollitas con los guisados, uno hasta le podría pedir matrimonio al taquero en un día de hambre. Como bien dice el dicho: “a panza llena, corazón contento”.

Vienen altamente recomendados por la colonia Centro. Muchos de los empleados de los locales cercanos los reconocen como una delicatessen callejera. Desde los burócratas del Palacio de Gobierno que vienen a la hora del descanso a comerse un antojito con nuestros impuestos, hasta los que ayudan a acomodar los autos en los alrededores con su inconfundible “viene viene”; o los viejitos de la billetera Valencia a sólo unos pasos, que recuerdan y conocen a Lacho, e incluso los periodistas de El Norte que vienen por inspiración culinaria. Del mismo estilo son los emisarios de la cultura de CONARTE y los carteros de la oficina de correos, sin olvidar al abandonado encargado de los telégrafos en la planta baja del antiguo palacio federal.

Sus clientes son tan eclécticos como el menú es corto; el contraste perfecto para la hora pico: la hora de la comida. Se sirven de asado de puerco, chicharrón, machacado, deshebrada o picadillo, y todos llevan frijoles refritos de base. Hay de dos tortillas: de maíz, que son para los de estómago chiquito, o de harina, para los de buen diente. Los taquitos de maíz son para los que sólo traen antojo; pequeños pero sabrosos, hechos con la llamada tortilla “taquera”, que tiene un diámetro de unos 20 centímetros, perfectos para saciar el capricho mexicano del taco. Los de harina están hechos con una tortilla especial; maíz exclusivo para los Lacho, de proveedor único y tamaño industrial que hacen que los tacos parezcan más burritos que taquitos mañaneros. Lo único que les falta es el doblez especial porque la cantidad de guisado y frijoles es proporcional a la hora pico.

A partir de las 12 de la mañana, los clientes, como si fueran pájaros emigrando del invierno, llegan en masa. “Deme uno de harina y tres de maíz”; “deme dos más de puro frijol”; “me va preparando tres deshebrada”; “Joya de ponche, por favor”; “¿cuánto le debo?”. Una horda de hambrientos a los que no les dio tiempo de desayunar van ocupando los bancos rojos bajo el tejaban de madera que resguarda a los tres comales en los que dos taqueras y el taquero maestro intentan servir tan rápido que sus habilidades les permiten.

Son probablemente los tacos mejor ubicados en todo el centro, y por lo mismo se dan el lujo de cerrar temprano: de 8:00AM a 3:00PM, de lunes a viernes, y los fines de semana de 8:00AM a 1:00PM.

En la calle Coss, entre Aramberri y Ruperto Martínez, los Tacos Lacho se extienden por casi toda la intersección. Un local completamente hecho de madera de color blanco y rojo, oficialmente patrocinado por la bebida más popular de México, la que es embotellada por una de las empresas más importantes en Nuevo León. Pese a este detalle, si hay tacos representativos de Monterrey son los Lacho.

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