Soy Chencha, hermana de La More, la que está casada con Ramón…. Bueno para no hacerla larga soy la única Chencha del pueblo.

Vivo en un pueblillo que ni aparece en los mapas, con decirles que a duras penas llega el camión de la Coca Cola, una lástima con lo bien que se vende, hay días en que la única tienda del pueblo no tiene coca colas, y eso, es algo así como el apocalipsis, o sea que la cosa se pone densa, los que tienen una coca cola en su casa, la venden a precio de oro.

Mi hermana me dice que vio en la tele que cuando traes muchas ideas en la cabeza lo mejor es escribir, me pareció padre la idea, y por eso ahora escribo esto.

Pasan muchas cosas en el pueblo, buenas y malas; como en todo. Voy a empezar por las buenas. Ayer fue la boda de La Lupita, se veía bien chistosa con el vestido, es que siempre anda bien fodonga. Todos los chiquillos le hacían la broma, le gritaban ¡Hasta que te bañaste, Lupita!, pinches escuincles, La Lupe les mentaba la madre. Al marido pocos lo conocen, es de otro pueblo; se ve buena persona y trabajadora.

Ya saben cómo son las bodas de pueblo, una comilona impresionante, se matan un montón de puercos, como era una ocasión especial hasta le dieron matarile al “Sagrado”, un puerco legendario. Nunca me gustó mucho porque siempre se tragaba todo y cuando digo todo, es todo. Cuando era niña, todos los niños lo molestaban, le aventaban piedras, le jalaban la cola…., echaba unos gritos horribles, pero a los niños les gustaba escucharlo, las niñas salíamos corriendo.

Con los puercos hicieron un montón de carnitas, estaban rebuenas. Ya saben, siempre están los manchados que se forman dos veces para recibir la comida y se hacen los que no, pero yo los tenía bien checaditos. Hubo cervezas y botellas Don Pedro. Todos se pusieron hasta las chanclas, pero en estas cosas ya se sabe a quién se le da la bebida, así que todo mundo se tiene que aguantar.

Después del baile, trajeron una banda que era una combinación entre la banda El recodo y banda El Limón. El grupo se llamaba “Los Pampers”, me dio un montón de risa cuando escuché el nombre, como pues, que es un nombre de pañales, lo bueno es que tocaban bien.

Ahí la cosa empezó a ir mal, porque resulta que Don Federico, -el papá de la Lupita- no traga al novio, de eso me enteré porque le echaba unas miraditas matadoras. El muchacho, no sabía qué hacer, no le podía decir nada, así que se hacía como el que no veía, después Don Federico se dio cuenta de que yo lo veía y me echaba otras miraditas matadoras , así que tuve que mirar para el otro lado.

La lupita estaba baile y baile, ni se enteraba. Yo no quise decir nada para no agüitarle la fiesta. Después hizo acto de presencia La Marta. Su casa se está cayendo a pedazos, pero por lo que se puede ver por las mañanas a través de las ventanas, tiene unos buenos sillones y una pantallota de televisión. Los del pueblo no entendemos cómo se puede acumular tanto dinero y vestir como pordiosera, ustedes dirán que es envidia, pero la verdad es que da pena ajena. Los que no viven en el pueblo pensarán que somos unos pobres desgraciados. La Marta ni porque se celebraba la boda cambio de indumentaria, traía una cara como si no hubiera dormido en quince días, un zombi pues….los niños que están siempre atentos a lo que pasa, nada más se le quedaban viendo, La Marta tenía que gritarles para que la dejaran de mirar, los chiquillos se iban un rato pero después regresaban.

Yo estaba mirando la escena, cuando de repente La Marta se sienta a lado mío, yo no lo podía creer, si nunca hablamos. Yo hice como que no la veía y en eso que empieza a hablar; me sentía como un cura escuchando los pecados de otros. Yo no sabía si mirarla o decirle algo, no dejaba de hablar, ya me iba a ir y en eso, me agarra bien fuerte el brazo y me dice, quédate, te voy a contar la verdad. Yo me quedé de piedra y no tuve más remedio que volver a sentarme.

Federico es mi amante. Cada día sale de su casa a la una de la mañana y se está en mi casa hasta las cinco. Llevamos cinco años así, por qué crees que tengo ésta cara de susto. Mi alma está mortificada. Creo que Federico sólo me quiere por mi herencia. Lo primero que hace cuando llega es cenar, yo le digo que ésas no son horas, él me dice que no importa, que tiene hambre, así que tengo que hacerle la cena; es muy exigente, el otro día me pidió pescado, tenía unas mojarras pero él quería salmón de Alaska. Cena, después espera la digestión y entonces empiezan los arrumacos, cada vez duran menos y son más salvajes.Al escuchar “arrumacos”, yo me quería ir, pero ella no me dejaba. Al principio me sorprendió, pero después me dio pena ajena, nada más de imaginarme a Don Federico en calzones me dio algo en el estómago. Pese a mi cara, La Marta seguía ahí, yo buscaba un pretexto en mi cabeza, pero ninguno parecía convincente, no quería ser grosera pues.

Se tapó la cara con las manos y sin titubear me dijo ¿Conoces al esposo de Lupita? Yo le contesté que no, un no de súplica para que me dejara en paz, ella me respondió -con tono de María Teresa de Calcuta- Es mi hijo. En ese momento no pude más y tuve que torcer el pescuezo para que no me viera la cara de asombro. Lo tuve a los 15 años, me tuve que ir de la casa, yo vivía en otro pueblo pero por miedo a los chismes, huí. Mis papás me buscaron por todos lados, me tuve que cortar el pelo y fingir que era un hombre y esconder la panza. Trabajé un tiempo en el campo y cuando ya no pude esconder más el bulto me fui a la capital y ahí lo tuve. Lo vendí. Te imaginas, vender a tu hijo. Me dieron poco dinero pero en ese tiempo me pareció una fortuna, estaba arrepentida pero no lo suficiente para devolver el dinero, viví con ese dinero un tiempo, después conocí a Carlos, con él fui muy feliz, antes de hacernos novios, le dije que no quería tener hijos y él aceptó mis condiciones. Todo parecía un cuento de hadas hasta que empezaron a nacer los chiquillos: los de su hermano, los del vecino, los de nuestros amigos, los del taquero….. Era horrible, los niños me perseguían, no podía con los remordimientos. Un día a las tres de la madrugada, desperté a Carlos y le dije la verdad, él no me entendió y me corrió de la casa, yo no dije nada, simplemente me fui y me vine a este pueblo maldito, me vine porque aquí estaban mis tíos, ellos aunque no se los había dicho, sabían la verdad, eran más inteligentes que el resto, ellos me querían pero estaban muy viejitos. La felicidad sólo duro dos años, todo lo que tenían me lo dejaron, yo no sabía qué hacer y me recluí en ésta casa gigantesca con esos muebles de película y con esos cuadros de gente que ni siquiera conozco.

No tuve más remedio que intervenir y sin pensarlo le pregunté ¿El novio de La Lupita sabe que eres su mamá? Claro que no, no seas tonta. Yo me sonrojé y pensé a ésta que la aguante otra, todavía que la estoy escuchando, estaba bien enojada, pero en eso me agarró la mano. Todo era súper incómodo, conociendo a los del pueblo después van andar diciendo que somos novias o algo por el estilo, así que rápidamente le quité la mano.

Por estarla escuchando me estaba perdiendo la fiesta, lo que me estaba contando era un chisme monumental, pero, y a mí qué, yo quería bailar, estaba pensando en eso cuando de repente alguien anunció un brindis, así que todo mundo se calló, incluso La Marta, para mí fue una bendición, un respiro, pero me duró poco porque La Marta alzó el brazo y se puso de pie.

Yo también quiero proponer un brindis.

Todos se quedaron de piedra, yo obvio que busqué con la mirada a Don Federico y ahí estaba con cara de asustado, de niño que no ha roto nada. Él me miró, y por su mirada pude ver que él sabía que yo sabía su secreto, yo le respondí con la mirada que yo no iba a decir nada y él me agradeció con otra mirada.

La Marta se talló los ojos. Todos estaban quietos y derechos como cuando estás en el acto a la bandera, hasta los chiquillos se quedaron callados, lo cual era un verdadero milagro.

Yo sé que no pertenezco a este pueblo, que nadie me quiere, que para ustedes soy la ricachona tacaña que es incapaz de dar un céntimo. Sí, soy eso, pero no me siento avergonzada.

A La Lupita, se le veía un poco enojada, alguien más era la protagonista de su fiesta y eso una novia no lo puede tolerar, pero no decía nada.

La Marta alzó el brazo y sin titubeos empezó a declamar. He comprado el pueblo. Quiero que sea un lugar turístico lleno de gringos con lana, y para eso, se van a tener que ir, nadie quiere ver una bola de indios. Tienen tres días para irse por las buenas. He hablado con el Gobernador y me ha dicho que estoy en todo mi derecho, por algo soy la dueña y he gastado mucho para transformar este lugar, no se lo tomen a mal, los que se vayan por las buenas se las pagará una cuantiosa suma. Además necesito reclutar personal, así que empezaré a hacer entrevistas, pero sólo los que sepan inglés se podrán quedar.

A la mañana siguiente medio pueblo estaba haciendo sus valijas.

En una oficina de la presidencia municipal, un güero estaba haciendo entrevistas en inglés, La Lupita lloraba desconsoladamente porque un chiquillo le dijo que Don Federico era amante de La Marta. Corrían por las casas, botes de tinte rubio porque los agraciados con el inglés tenían que pintarse el pelo para parecerse a los admirados gringos.

Bastó un mes para transformar el pueblo, no hay rastro de lo que fue en el pasado. Todas las casas están pintadas de amarillo, la gente viste uniformes fosforitos, sólo se admite hablar en inglés y lo más importante, Don Federico fue desterrado y llevado a trabajar al campo.

Yo, me quedé Heredé el inglés de un tío que se fue de mojado a los Estados Unidos, pero sé que me aceptó La Marta porque la escuché y no he revelado su secreto.

Por Malinalli García

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