Por Claudio Tapia

Ilustración de la serie: ‘Desde Casa’ Por José Eduardo Matías 


La frase de Eduardo Galeano lo resume todo. La alarma ambiental global no ha bastado para cobrar conciencia de que urge un cambio de modelo económico y una novedosa manera de compartir el planeta. No sólo no entendemos que tenemos que evolucionar sino que seguimos en la misma ruta abismal del “desarrollo”.

El fundamentalismo económico que ha conducido a la privatización del sector público, a la desregulación del sector privado y la reducción de la carga fiscal a las empresas – con su consecuente inestabilidad financiera, crecimiento económico estancado, excesiva acumulación en unos cuantos, crecimiento de la pobreza, desigualdad extrema, deterioro de los servicios públicos, y el ominoso cambio climático – priva en la mente de gobernantes incapaces de orientar sus políticas públicas a la producción de una respuesta colectiva que conduzca al cambio de sistema económico y social.

Cuesta trabajo entender que si hemos sido capaces de sacrificar el bien estar colectivo y la precarización de la vida cotidiana en aras de la estabilización de un sistema económico que ha mostrado su inoperancia con sus permanentes crisis – hemos perdido décadas en la espera inútil de que el mercado resuelva por si mismo los problemas que genera – no seamos capaces de realizar importantes cambios en nuestro estilo de vida con el propósito de estabilizar los sistemas naturales de los que depende la vida misma.

La explicación está en que lo que tendríamos que hacer entraría en conflicto con la ideología neoliberal. “Estamos atascados porque las acciones que nos ofrecerían las mejores posibilidades de eludir la catástrofe – y que beneficiarían a la inmensa mayoría de la población humana – son sumamente amenazadoras para una élite minoritaria que mantiene un particular dominio sobre nuestra economía, nuestro proceso político y la mayoría de nuestros principales medios de comunicación”, nos dice Naomi Klein.

Nos hemos ido en la finta que nos venden los grandes contaminadores del medioambiente coludidos con grandes organizaciones ecologistas que suponen que es posible cuadrar el círculo. Su discurso niega la realidad: capitalismo y medio ambiente son antagónicos.

Nuestra economía está en guerra con múltiples formas de vida sobre la Tierra, incluida la humana”, afirma la también autora de No Logo, y La Doctrina del Shock.

Los grandes depredadores intentan convencernos de que el crecimiento económico sostenido y las leyes del mercado pueden evitar la catástrofe natural sin que sea necesario reducir drásticamente el consumo de recursos.

Pero la expansión sin corta pisas y el desarrollo sin límite no puede ir contra las leyes de la naturaleza sin atenerse a las consecuencias. La vida en el planeta está perdiendo la guerra frente al capital.

No podemos esperar que nuestros gobernantes actúen decididamente orientados a la solución de los alarmantes problemas ambientales. Las decisiones las toman grupos de interés afines a las grandes empresas que han enriquecido explotando sin límite los recursos.

Se pone al lobo a cuidar a las ovejas, como ocurre con el nombramiento del actual responsable de cuidar el medio ambiente en Nuevo León.

Pero en cambio – siguiendo la propuesta de Noami Klein – podemos suponer que si un número suficiente de ciudadanos dejamos de mirar para otro lado y decidimos que el cambio climático sea una crisis merecedora de niveles de respuestas gubernamentales adecuados para detenerlo, entonces la clase política tendrá que responder con acciones drásticas reinterpretando las reglas del libre mercado que tan flexiblemente aplica cuando son los intereses de las élites las que están en peligro.

Si presionamos lo necesario en todo el mundo, las élites que controlan y concentran el poder, tendrán que salir al rescate de la naturaleza como si se tratara de un banco.

Argumentos como este y muchos más, se encuentran en el reciente libro de Noami Klein, titulado Esto Lo Cambia Todo, el capitalismo contra el clima, editado por Paidós. Lo recomiendo ampliamente a mis compañeros ambientalistas y especialmente al ingeniero Roberto Russildi cuestionado Secretario de Desarrollo Sustentable de Nuevo León.

¿Estará dispuesto a leerlo y a opinar? Empecemos por pedirle que se pronuncie al respecto.

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